Papa León firmando su primera encíclica Foto: Screenshot

“Magnifica Humanitas” y el pensamiento de Xi Jinping sobre la IA: el mismo problema, diferentes soluciones

Tanto un ensayo del Partido Comunista Chino como una encíclica papal advierten sobre las promesas y los peligros de la IA, pero sus universos morales no podrían ser más diferentes.

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Massimo Introvigne

(ZENIT Noticias – Bitter Winter / Roma, 29.05.2026).- La aparición de un extenso ensayo teórico en «Study Times», el periódico insignia de la Escuela Central del Partido Comunista Chino, siempre es una señal. Significa que el Partido está definiendo una línea ideológica que guiará a cuadros, académicos y responsables políticos. Cuando «Study Times» dedica miles de caracteres a la inteligencia artificial y al Pensamiento de Xi Jinping sobre la IA (hay un Pensamiento de Xi Jinping para todo), como hizo en su reflexión del 25 de mayo sobre «la construcción del sistema de conocimiento autónomo de China», firmada por Zhang Donggang, secretario del Partido de la Universidad Renmin de China, nos está diciendo que la IA es más que una frontera tecnológica. Es un campo de batalla de epistemología, ideología e influencia global.

Probablemente sea una coincidencia —pero reveladora— que el Partido Comunista Chino (PCCh) y el Papa León XIV hayan abordado el mismo tema casi simultáneamente. Tanto la encíclica papal «Magnifica Humanitas» como el ensayo del PCCh en «Study Times» reconocen el extraordinario potencial de la IA y los peligros igualmente extraordinarios que plantea. Pero a partir de ahí, ambos textos divergen como líneas paralelas trazadas en planetas distintos.

La encíclica aborda la IA desde la perspectiva del humanismo cristiano, insistiendo en que la tecnología debe permanecer subordinada a la dignidad de la persona humana. Advierte, entre los diversos riesgos de la IA, sobre las «comunidades expuestas a la vigilancia invasiva», el «poder de perfilar, predecir e influir en el comportamiento» y los sistemas de control ejercidos «a través de la arquitectura de la visibilidad». Estas son las experiencias vividas por millones de personas en el siglo XXI, y el Papa las nombra con claridad pastoral.

El ensayo de «Study Times», en cambio, es una obra maestra de la escolástica marxista-leninista. Habla de la IA como una nueva forma de «intelecto general», una fuerza que remodela la superestructura, un catalizador para la «sistematización, teorización y significación» del sistema de conocimiento autónomo de China. Es serio, elaborado e inconfundiblemente ortodoxo. Donde el Papa invoca a la persona humana, el PCCh invoca a las fuerzas productivas. Donde la encíclica habla de conciencia, el Partido habla de soberanía epistémica. Donde el Vaticano advierte sobre los riesgos morales de la vigilancia, el texto del PCCh guarda un silencio espectacular sobre uno de los peligros que más preocupan al Papa.

Y el silencio no es casual. En ningún otro lugar del mundo la IA está tan profundamente integrada en los sistemas de vigilancia estatal como en China. El reconocimiento facial, la vigilancia predictiva, la elaboración de perfiles algorítmicos y el monitoreo del comportamiento digital son realidades cotidianas. Las advertencias de la encíclica describen, con inquietante precisión, las herramientas que sustentan el modelo de gobernanza chino. Que el «Study Times» reconociera esto equivaldría a cuestionar la legitimidad de prácticas que el Partido considera indispensables.

En cambio, el ensayo presenta la IA como un socio dialéctico de la filosofía marxista. Esta fuerza puede ayudar a China a construir un sistema de conocimiento arraigado en las «características chinas» y el pensamiento de Xi Jinping , mientras que el marxismo, a su vez, garantiza que la IA se desarrolle según la «orientación de valores correcta». Se trata de una visión en la que la tecnología y la ideología coevolucionan, reforzándose mutuamente, y en la que el Partido sigue siendo el árbitro supremo de la verdad, la ética y la epistemología.

Sin embargo, la yuxtaposición con «Magnifica Humanitas» resulta esclarecedora. Ambos textos reconocen que la IA no es solo una herramienta, sino un factor determinante en el desarrollo de la civilización. Ambos comprenden que puede enaltecer o degradar a la humanidad. Pero uno insiste en que la medida de la tecnología reside en la persona humana, mientras que el otro sostiene que dicha medida reside en el proyecto ideológico del Partido Comunista. Uno utiliza el lenguaje de la antropología moral; el otro, el del materialismo histórico.

La IA se está convirtiendo rápidamente en el sistema nervioso de nuestra sociedad, y estas diferencias son importantes. Determinan cómo las naciones implementan la tecnología, cómo la regulan y cómo justifican su uso. Deciden si la IA se convierte en un instrumento al servicio de la dignidad humana o en un instrumento de control social.

Que el «Study Times» y el Vaticano estén reflexionando sobre el mismo problema al mismo tiempo no es sorprendente. Tampoco lo es que lleguen a conclusiones tan diferentes. Pero leerlos en paralelo nos recuerda que el futuro de la IA no lo determinarán únicamente los ingenieros. Lo determinarán las visiones morales y políticas que guíen a quienes la utilizan, y la valentía de quienes estén dispuestos a señalar los peligros que otros prefieren ignorar.

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Redacción Zenit

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