(ZENIT Noticias / Oslo, 02.07.2026).- Tras años de incertidumbre entre algunos católicos escandinavos, los obispos católicos de los países nórdicos han emitido una de las reafirmaciones más claras de la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la masonería: no existen excepciones regionales y la pertenencia a una logia masónica sigue siendo incompatible con la fe católica.
En una carta pastoral fechada el 29 de junio, la Conferencia Episcopal Nórdica —que abarca Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— abordó lo que describió como décadas de especulación sobre si el carácter distintivo de la masonería escandinava justificaba un enfoque pastoral diferente. Los obispos concluyeron que no.
Esta aclaración surge tras las consultas con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe durante la asamblea plenaria de obispos celebrada en Roma en septiembre de 2025. Según la carta, la respuesta del Vaticano fue inequívoca: la disciplina universal de la Iglesia se aplica plenamente en todos los países nórdicos, sin excepción.
La declaración surgió a raíz de la creencia persistente, especialmente en Noruega, de que las ramas escandinavas de la masonería diferían tanto de las de otros países que los católicos podían pertenecer a ellas sin contradecir la doctrina de la Iglesia. Los obispos rechazaron explícitamente esta interpretación, subrayando que los principios teológicos y filosóficos que sustentan la masonería siguen siendo incompatibles con la profesión de la fe católica.
Para enfatizar este punto, los obispos también emitieron directrices pastorales prácticas. Se insta a los católicos que pertenecen a logias masónicas a renunciar a su membresía y a abstenerse de recibir los sacramentos hasta que lo hagan. Asimismo, quien desee ingresar a la Iglesia Católica debe primero desvincularse de cualquier afiliación masónica. La carta también instruye a las parroquias católicas, institutos religiosos y organizaciones eclesiales a no establecer cooperación formal con logias masónicas ni utilizar sus instalaciones.
Los obispos tuvieron cuidado de distinguir entre juzgar ideas y juzgar personas. Su carta afirma explícitamente que la Iglesia no cuestiona la buena voluntad personal ni las obras caritativas de los masones. Más bien, la incompatibilidad radica en la doctrina. En opinión de los obispos, la masonería propone un marco filosófico y espiritual incompatible con la comprensión cristiana de la revelación divina y el singular papel salvador de Jesucristo.
Esta aclaración también aborda un malentendido histórico que ha persistido durante más de cuatro décadas.
Cuando el Código de Derecho Canónico de 1983 reemplazó al de 1917, dejó de mencionar explícitamente a la masonería. Algunos interpretaron esta omisión como una señal de que la Iglesia había flexibilizado su postura. En realidad, la referencia se eliminó porque los legisladores querían que el canon abarcara a todas las organizaciones cuyos principios fueran incompatibles con la fe, en lugar de parecer que prohibía únicamente las asociaciones masónicas. El Vaticano actuó con rapidez para disipar cualquier ambigüedad. Poco antes de la entrada en vigor del nuevo Código, el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, emitió una declaración en la que afirmaba que los católicos que se inscribieran en asociaciones masónicas se encontraban en estado de pecado grave y no podían recibir la Sagrada Comunión. Este juicio doctrinal nunca se ha revocado y se ha reafirmado repetidamente, incluso por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en 2023.
Los obispos nórdicos también recordaron que la idea de una excepción escandinava ya había sido rechazada formalmente décadas atrás. En 1966, los obispos locales sugirieron que cada diócesis podría determinar qué logias serían toleradas. Esta interpretación fue corregida explícitamente en 1981 por el cardenal Franjo Šeper, quien calificó de falsa interpretación del derecho canónico la premisa de que la masonería variaba sustancialmente de un país a otro.
Para explicar por qué la Iglesia ha mantenido esta postura durante casi tres siglos, los obispos señalan los fundamentos filosóficos de la masonería misma.
La masonería moderna surgió en Londres en 1717, evolucionando a partir de los gremios medievales de canteros hasta convertirse en una fraternidad que combinaba ritual, filosofía moral e iniciación simbólica. El papa Clemente XII la condenó en 1738, principalmente porque promovía el indiferentismo religioso: la idea de que la adhesión a cualquier religión revelada en particular es, en última instancia, secundaria, siempre que se abrace un ideal ético común. Entre Clemente XII y la promulgación del primer Código de Derecho Canónico universal en 1917, ocho papas emitieron bulas o encíclicas que reafirmaban dicha condena.
Una de las críticas más exhaustivas de la Iglesia provino del Papa León XIII, quien argumentó que la masonería promovía una visión del mundo secular en la que la religión se convertía en una cuestión de preferencia personal en lugar de revelación divina. También criticó los conceptos masónicos de Estado, matrimonio y moralidad, advirtiendo que desplazaban al cristianismo con una visión alternativa de la plenitud humana.
Los obispos también destacaron la dimensión espiritual del ritual masónico. Si bien la masonería se presenta frecuentemente como una organización fraternal dedicada a la caridad y al perfeccionamiento moral, la Iglesia ha observado desde hace tiempo que sus ceremonias, simbolismo y ritos de iniciación poseen un marcado carácter religioso. Algunos rituales de grados superiores han incluido históricamente simbolismo explícitamente anticatólico, lo que refuerza la conclusión de la Iglesia de que la masonería es más que una mera asociación social.
Esta perspectiva es compartida por Pål Nes, redactor jefe de EWTN Noruega, quien perteneció a una logia masónica antes de ingresar a la Iglesia Católica. Nes reconoce que la clara guía de un sacerdote le ayudó a comprender que la conversión al catolicismo requería abandonar la masonería. Si bien recuerda haber apreciado el sentido de fraternidad, el ritual y el simbolismo de la fraternidad, finalmente concluyó que esos elementos apuntaban a una realidad más plena en el culto católico, en lugar de a un camino espiritual alternativo. En los últimos años, ha argumentado públicamente que el catolicismo y la masonería representan dos sistemas de creencias distintos y, en última instancia, irreconciliables.
Los obispos nórdicos concluyen su carta con un tono pastoral, más que polémico. Su propósito, insisten, no es condenar a personas, sino brindar claridad donde la confusión ha persistido durante generaciones.
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