(ZENIT Noticias / Montevideo, 22.05.2026).- Casi cuatro décadas después de la última visita papal a Uruguay, un país a menudo descrito como una de las sociedades más seculares de Latinoamérica podría presenciar pronto un acontecimiento de gran trascendencia, que trasciende la vida eclesiástica. Lo que durante semanas circuló como una persistente especulación se ha convertido cada vez más en una casi certeza: se espera que el Papa León XIV viaje a Uruguay en noviembre de 2026 como parte de una gira más amplia por Sudamérica que probablemente también incluirá Perú y Argentina.
Fuentes diplomáticas y eclesiásticas han coincidido gradualmente en esta información. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay ha confirmado que los preparativos están en marcha, mientras que los obispos del país han declarado que el progreso hacia la visita avanza «con esperanza» y que existe una alta probabilidad de que el Papa llegue.
El viaje tendría un peso simbólico particular, ya que León XIV no es un pontífice cuya biografía se haya forjado principalmente dentro de las estructuras eclesiásticas europeas. El Papa, nacido en Estados Unidos y naturalizado peruano, pasó décadas como misionero en Perú y posteriormente fue obispo de la Diócesis de Chiclayo antes de convertirse en una figura religiosa de alcance mundial. Su reiterado énfasis en escuchar a las comunidades locales y su atención a lo que en la terminología católica se suele denominar las «periferias» han llevado a muchos observadores a considerar Latinoamérica como un destino natural al inicio de su pontificado.
Las conversaciones actuales indican que el Papa visitaría casi con seguridad Montevideo y Florida, mientras que un tercer destino en el norte de Uruguay sigue en consideración. Ciudades como Rivera y Paysandú continúan mencionándose como posibles candidatas, aunque factores logísticos y de seguridad podrían determinar la elección final.
Florida ocupa un lugar especial en estas conversaciones porque alberga el Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay. Los líderes de la Iglesia creen que una visita papal allí encajaría naturalmente dentro del simbolismo religioso de la gira sudamericana. En la vecina Argentina, una parada en Luján tendría una importancia similar, al igual que Brasil considera tradicionalmente a Aparecida como uno de sus grandes centros marianos.
Para los lectores que no estén familiarizados con la historia uruguaya, el país representa un caso singular dentro de Latinoamérica. Si bien gran parte de la región se desarrolló históricamente bajo una fuerte influencia católica pública, Uruguay siguió un camino distintivo hacia la secularización. La separación formal entre Iglesia y Estado, establecida mediante la reforma constitucional de 1918, puso fin a la injerencia del Estado en los asuntos eclesiásticos y desmanteló el antiguo sistema de clientelismo mediante el cual los gobiernos influían en los nombramientos clericales.
Irónicamente, algunos historiadores sostienen que esta separación, en última instancia, fortaleció a la Iglesia en lugar de debilitarla, otorgándole mayor independencia.
Sin embargo, hoy en día, la práctica católica activa sigue siendo relativamente limitada. Se estima que los católicos practicantes habituales representan solo entre el 6 y el 8 por ciento de la población. No obstante, las visitas papales históricamente han generado una participación que trasciende el círculo de los fieles habituales, convirtiéndose en momentos de gran importancia cultural y nacional.
León XIV sería el segundo Papa reinante en visitar Uruguay. Juan Pablo II visitó el país en dos ocasiones: primero en marzo de 1987 y nuevamente en mayo de 1988, celebrando multitudinarias liturgias públicas y viajando más allá de Montevideo a diversas regiones.
Los vínculos de Uruguay con futuros papas se remontan aún más atrás. Mucho antes de convertirse en Papa, Giovanni Maria Mastai-Ferretti —más tarde Pío IX— visitó Montevideo como joven sacerdote en 1824. Más de un siglo después, Eugenio Pacelli, quien se convertiría en Pío XII, también viajó allí y contribuyó a la restauración de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Uruguay.
El camino hacia la visita de León XIV parece haberse acelerado tras una reunión en el Vaticano entre el presidente uruguayo Yamandú Orsi y el Papa a finales de 2025. Durante ese encuentro, según se informa, las conversaciones se centraron en iniciativas de paz, reducción de la pobreza y cooperación educativa, temas que se han convertido en elementos recurrentes de la visión social de León XIV.
También persiste una anécdota que ha adquirido un estatus casi legendario en los círculos católicos uruguayos. Tras reunirse con el cardenal Daniel Sturla a principios de este año, el Papa, según se cuenta, sonrió y dijo: «Nos vemos en Uruguay».
Si el viaje transcurre según lo previsto, noviembre de 2026 representará más que el regreso de un Papa después de 38 años. En un país donde la fe ocupa cada vez un lugar menos visible en la vida pública, la visita podría convertirse en un recordatorio de que la memoria religiosa a menudo perdura mucho después de que las propias instituciones parezcan desvanecerse.
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