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Audiencia jóvenes centro turístico © Vatican Media

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Audiencia a los dirigentes y miembros del Centro de Turismo para Jóvenes

Audiencia del Papa

(ZENIT – 22 marzo 2019).- Esta mañana, a las 11.50, en el Aula Pablo VI, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los dirigentes y miembros del Centro de Turismo para Jóvenes con motivo del setenta aniversario de su fundación.
Este es el discurso del Papa a los presentes en la audiencia.

Discurso del Santo Padre

Queridos jóvenes,
¡Bienvenidos! Os saludo a todos con afecto y agradezco al Presidente las palabras que me ha dirigido. Me gustaría transmitiros algunas sugerencias acerca de vuestro compromiso  y  vuestro camino asociativo, pero vosotros me dais también el entusiasmo de la juventud, que surge de vuestros rostros y de la imaginación que demostráis al proponer tantas iniciativas, un reflejo de la fantasía infinita del Espíritu de Dios.

Vuestra asociación cumple 70 años. Es un buena meta, pero es solo la etapa de un viaje. De hecho, atesorando el precioso camino realizado hasta ahora, estáis llamados a crecer todavía más, a desarrollar vuestras actividades y a difundir tantos  buenos frutos. Precisamente hace setenta años, algunos jóvenes de la Juventud de Acción Católica, viajando con Don Carlo Carretto en el tren que los llevaba a Ginebra, tuvieron la idea de fundar el Centro de Turismo para Jóvenes. Lo sintieron realmente como una inspiración, tanto que,  menos de dos meses después, dieron vida a la Asociación, bajo el liderazgo de Don Carlo, proponiéndose hacerse portadores, a través de múltiples actividades recreativas y culturales, de lazos sociales inspirados en la participación y en una visión integral de la persona humana, cultivando el sueño de animar y transformar el entorno social.

Hablando de “visión integral de la persona” ciertamente no nos referimos a una teoría, sino a una forma de vivir y actuar. En primer lugar esta visión no se encuentra en un manual, sino en las personas que viven con este estilo: con los ojos abiertos al mundo, con las manos entrelazadas con  otras manos, con el corazón sensible a las debilidades de sus hermanos. También podríamos decir que la “integridad” a la que os referís no alude a la perfección, sino a la imperfección; no llama a la  completitud del individuo, sino a su estado incompleto y a la necesidad de mirar a su alrededor para entenderse más profundamente; no conduce a una orgullosa auto-inmovilización, sino a la humilde búsqueda de nuevos conocimientos, de contacto con las personas, las culturas, los problemas de nuestro tiempo.
Con estos objetivos vuestra asociación promueve el turismo; un turismo que no está inspirado en los cánones del consumismo o deseoso  solamente de  acumular experiencias, sino capaz de favorecer el encuentro entre las personas y el territorio y de favorecer el crecimiento en el conocimiento y el respeto mutuos. Si visito una ciudad, no solo es  importante que conozca los monumentos, sino también que me dé cuenta de la historia que tiene detrás, de cómo viven sus ciudadanos, de los desafíos que tratan de enfrentar. Si subo una montaña, además de mantenerme dentro de los límites que la naturaleza me impone, tendré que respetarla admirando su belleza y protegiendo su entorno, creando así un vínculo con los elementos naturales hecho de conocimiento, reconocimiento y aprecio.

Vosotros habéis definido sabiamente esta forma de viajar “Turismo lento”, contraponiéndolo al de masas, porque promueve la calidad y la experiencia, la solidaridad y la sostenibilidad. Como mascota de este turismo cuidadoso y constructivo, habéis elegido una tortuga, representada en el carnet de este año, que con su calma decidida  nos enseña que la lentitud,  – si no es  el fruto de la pereza-  genera atención a los lugares y a las personas, fidelidad a  la tierra y dedicación a ella.

Ahora bien,  precisamente la práctica del “Turismo lento”, basada en la animación y la educación cultural y ambiental, os ayuda a vivir cada momento de la vida cotidiana, incluidos los del trabajo y del mayor esfuerzo, de una manera diferente y más consciente. Por lo tanto, os deseo que mantengáis la amplitud de vuestros horizontes, que viváis los espacios con la vigilante lentitud de la tortuga y animéis el tiempo libre de una manera alegre y gratuita.

Saludándoos, me referí al entusiasmo típico de  vuestra edad; sin embargo, hay que reconocer que muchos jóvenes, en vez  de deseosos de construir el futuro, lamentablemente se sienten desilusionados y desmotivados. Tal vez debido al pesimismo que les rodea, no se atreven a volar alto, sino que se contentan con sobrevivir o ir tirando. ¡Qué feo es, cuando un joven va tirando, en lugar de vivir; ya está “jubilado”, y es feo que un joven esté ya jubilado.  Precisamente a la luz de  vuestra espiritualidad, dentro del Centro de Turismo para Jóvenes podéis haceros compañeros de viaje de tantos de vuestros compañeros; podéis ayudarles a recuperar el entusiasmo si ya no lo perciben porque está enterrado entre los escombros del desencanto o en el polvo  de los malos ejemplos. Compartir el tiempo libre como tiempo de calidad puede convertirse en una buena llave para abrir la puerta del corazón de tantos  jóvenes, generando lazos de amistad capaces de transmitir valores auténticos y la fe misma.

¡Qué el reconocimiento, obtenido del Centro de Turismo Juvenil por parte de los más altos órganos del Estado, de vuestros fines asistenciales y, sobre todo, de la promoción social, os confirme en vuestras intenciones y os  impulse a un compromiso cada vez más generoso! Por su parte, la Iglesia os mira con gratitud y esperanza, y  os invita a que profeséis siempre vuestra catolicidad con orgullo: ser católico no significa estar encerrado en una cerca, sino abrirse al mundo, deseosos  de encontrar , porque tenéis la intención de vivir “según el todo” y por el bien de todos.

A la luz de estas consideraciones, entendemos claramente cómo la memoria del aniversario de la Asociación signifique celebrar una llamada y, por lo tanto, reconocer una misión dentro de la Iglesia y de la familia humana. Don Carlo Carretto nos recomendaría a cada uno de nosotros recordar que: “Si bebes ese vino que Dios mismo te ofrece, estás en alegría” (Meditaciones diarias). Conservad la herencia de la espiritualidad y el ejemplo de vuestro fundador. Vivid todo en la oración, y por lo tanto, en el asombro y la acción de gracias. Hoy rezo con y por vosotros, para que el Señor siga bendiciendo vuestro trabajo y os acompañe con su consuelo. Y por favor, una oración también por mí. ¡Gracias!

 

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