(ZENIT Noticias / Honolulu, 04.05.2026).- El estado de Hawái ha decidido reconocer formalmente a uno de los protagonistas de su historia religiosa. El gobernador Josh Green firmó una ley que establece el “Día del Hermano Joseph Dutton” anual, que se conmemorará cada 27 de abril, lo que trae de vuelta la atención a un hombre cuya vida de servicio se desarrolló en gran medida a la sombra de figuras más conocidas.
El legado católico de Hawái suele asociarse con nombres eminentes como el misionero belga que atendió a los enfermos de lepra en Molokai o la monja franciscana que continuó esa labor. Sin embargo, Joseph Dutton —hoy reconocido por la Iglesia con el título de “Siervo de Dios”, primer paso en el proceso de canonización— desempeñó un papel indispensable en esa misma misión. Su contribución, aunque menos celebrada, no fue menos decisiva.
Nacido el 27 de abril de 1843 en Vermont, la juventud de Dutton siguió una trayectoria común en la América del siglo XIX. Su familia se mudó posteriormente a Wisconsin, y él sirvió en la Guerra Civil como parte del 13.º Regimiento de Infantería de Wisconsin. Pero el punto de inflexión en su vida llegó décadas después, a través de un profundo despertar espiritual. Tras haberse alejado de la práctica religiosa, encontró el catolicismo mediante relaciones personales y el estudio. El 27 de abril de 1883, el día de su cuadragésimo cumpleaños, fue recibido en la Iglesia Católica, lo que más tarde comprendería como un segundo nacimiento. Adoptó el nombre de José, inspirado por el padre adoptivo de Cristo, y decidió dedicar su vida al servicio.
Esta decisión lo llevó finalmente al otro lado del Pacífico. Atraído por los informes sobre la labor que se realizaba entre los enfermos de lepra en Hawái, Dutton se unió a la misión y se convirtió en un estrecho colaborador y asistente del sacerdote que ya se había convertido en un símbolo de caridad abnegada. Durante décadas, Dutton compartió las dificultades diarias de la vida entre los afligidos: cuidando a los enfermos, atendiendo sus necesidades prácticas y encarnando una compasión silenciosa y perseverante.
Permaneció en Hawái el resto de su vida, falleciendo el 26 de marzo de 1931, tras años de servicio marcados no por el reconocimiento público, sino por una fidelidad inquebrantable. Es significativo que el estado eligiera el 27 de abril, y no la fecha de su muerte, para conmemorarlo: un día que resume tanto su nacimiento como su renacimiento espiritual, siendo este último el punto de inflexión que dio a su vida un significado perdurable.
Al firmar la ley, el gobernador Green enfatizó que la vida de Dutton ofrece un modelo inspirador de humildad y generosidad. Esta decisión refleja más que un reconocimiento histórico; señala la constatación de que el tejido moral de una sociedad a menudo se forja por figuras que operan lejos del foco mediático.
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