Es imprescindible que disminuya el papel del Estado en la educación

Mesa redonda del Congreso «Católicos y vida pública»

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MADRID, 21 nov (ZENIT.org).- Apenas apagados los ecos del Congreso «Católicos y vida pública», es de rigor analizar uno de los objetivos que más importancia habían fijado los organizadores del simposio: analizar el papel de los católicos en la educación hoy.

Este objetivo fue afrontado de manera polifacética en la mesa redonda «Sociedad civil y educación», presidida por el ex ministro de UCD y ex presidente del Centro de Fundaciones, Ignacio Camuñas Solís. Los ponentes fueron Miguel Ángel Sancho Gargallo, presidente del grupo educativo Fomento; Carmen Herrero Garralda, presidenta nacional de Nuevo Futuro; y José Luis Pallarés González, director general de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, organizadora del congreso «Católicos y vida pública».

Durante su presentación del debate, Igancio Camuñas afirmó que «nos queda un largo camino para fortalecer la sociedad civil ».

Pese a admitir que, en los últimos años, la sociedad civil ha comenzado a cobrar protagonismo, con el surgimiento de las ONG o el desarrollo del movimiento fundacional, Camuñas subrayó que «el país sigue mirando a las administraciones públicas para que nos resuelvan los problemas».

«Es imprescindible que disminuya el papel del Estado en la educación y que aumente el de la sociedad», apuntó.

Respecto a la realidad católica en España, el ex ministro de UCD resaltó que «hoy somos ya una minoría, y como tal tenemos que afrontar los problemas de nuestro tiempo. Nosotros mismos decimos «Iglesia», y seguimos hablando de los obispos y de los curas. Nos falta reconocer que Iglesia somos todos».

«Es imprescindible –dijo– que los católicos (que tenemos que pedir perdón por muchas cosas, entre otras, por la alianza con la falta de libertad), nos articulemos y organicemos».

Finalmente, Ignacio Camuñas agradeció este tipo de encuentros, señalando la importancia «de que estemos juntos, nos escuchemos y sepamos que nos necesitamos para dar testimonio e intervenir en la vida pública».

Por su parte, Miguel Ángel Sancho Gargallo, presidente del grupo educativo Fomento, planteó cuatro ideas para la reflexión: en primer lugar, «sin educación no hay ciudadanía, y ésta es clave para el desarrollo de la sociedad civil». En este punto, desveló que «la familia es clave, porque es el primer ámbito de socialización para construir un ciudadano activo, con autonomía, responsabilidad y capacidad moral»; en segundo lugar, «la sociedad civil debe ser considerada como un despliegue de esa ciudadanía activa, y aportar al sistema educativo una diversidad de ofertas que enriquezcan y hagan posible la propia sociedad democrática y plural».

En su tercer punto, Sancho Gargallo reparó en que «la sociedad civil no puede aparecer en contraposición con el Estado, puesto que el ciudadano activo se despliega en todos los ámbitos, también en el Estado. Al fin y al cabo –reseñó–, el Estado es una parte de la sociedad civil».

Finalmente, la cuarta idea supone que «tanto el Estado como la sociedad civil favorezcan una mayor responsabilidad ciudadana». Para ello, el Estado «debe desarrollar una legislación más flexible, reforzar la mentalidad pedagógica, y plantear la existencia de centros que desarrollen los seres humanos».

En cuanto a sus apuestas de futuro, Sancho Gargallo postuló la creación de un sector educativo vigoroso, que incentive la tarea del docente –«la pieza clave de la educación»–; apostar por la dignidad humana «con una educación personalizada», que facilite la auténtica colaboración familia-escuela.

Finalmente, el presidente del grupo educativo Fomento subrayó la necesidad de «una reflexión de los otros ámbitos que concurren en la sociedad civil, y que son necesarios para contribuir al desarrollo de la educación».

Por su parte, José Luis Pallarés, director general de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, subrayó el reto de construir una educación «en una sociedad civil multiétnica».

«La persona –indicó– no puede realizarse como tal al margen de la sociedad. Necesita esa colaboración, y debe contribuir al bien de los otros miembros».

De cara al futuro, Pallarés insistió en la necesidad de «educar a nuestros hijos en la tolerancia, la convivencia y el respeto a los extraños».

«Es tarea ineludible –puntualizó– enseñar a nuestros escolares a amar a su cultura, y al mismo tiempo, respetar la de sus semejantes».

Finalmente, Carmen Herrero Garralda, presidenta nacional de Nuevo Futuro, expuso su experiencia al frente de la asociación Nuevo Futuro, fundada hace más de 33 años con el objetivo de «inventar un hogar para quien no lo tiene».

«Afortunadamente –afirmó– hoy no se escatiman medios para la educación de los niños».

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ZENIT Staff

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