El Papa pide un «serio examen de conciencia» a los laicos de todo el mundo

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Mensaje al Congreso mundial del laicado católico

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CIUDAD DEL VATICANO, 26 nov (ZENIT.org).- Un «serio examen de conciencia». Esta es la propuesta que presentó ayer Juan Pablo II a los participantes en el Congreso del laicado católico, inaugurado ayer en Roma, al plantear los desafíos que plantea este inicio de milenio a los católicos y católicas de todo el mundo.

El mensaje del pontífice fue leído ante la asamblea de 550 participantes, en representación de los cinco continentes, por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado.

El mismo Papa presentaba las preguntas que pueden servir para que los laicos de hoy hagan su propio balance personal: «¿Qué he hecho con mi Bautismo y mi confirmación? ¿Es Cristo realmente el centro de mi vida? La oración, ¿encuentra espacio en mis jornadas? ¿Vivo la vida como una vocación y una misión».

Escuchaban el mensaje del Santo Padre invitados al encuentro en representación de las Conferencias episcopales de todo el mundo (por primera vez han podido asistir laicos de Siberia, Lituania, Estonia, Rusia, Ucrania, Georgia), representantes de las organizaciones católicas internacionales y movimientos, así como líderes católicos de diferentes profesiones y actividades humanas.

Juan Pablo II considera que en las últimas décadas del siglo XX la Iglesia ha experimentado señales de una «primavera espiritual» que ha tenido precisamente a los laicos por protagonistas. «¿Cómo el posible, por ejemplo, no estar agradecidos con Dios por la conciencia cada vez más clara que los fieles laicos –hombres y mujeres– han alcanzado de la propia dignidad de bautizados convertidos en «criaturas nuevas», de su propia vocación cristiana».

Ahora bien, el obispo de Roma reconoce, al mismo tiempo, que «en un clima de secularización difundida, muchos creyentes sienten la tentación de alejarse de la Iglesia y, por desgracia, se dejan contagiar por la indiferencia o ceden a compromisos con la cultura dominante».

«Entre los fieles no faltan tampoco actitudes selectivas y críticas en relación con el magisterio eclesial», continúa constatando el mensaje pontificio».

Este es, por tanto, el motivo que justifica, en pleno Jubileo del año 2000, este «examen de conciencia» que el Papa plantea ahora a los laicos.

«La vocación y la misión de los fieles laicos se pueden entender sólo a la luz de una conciencia renovada de la Iglesia como sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano y del deber personal de adherir más íntimamente a ella», explica Juan Pablo II.

«Por este motivo –añade–, es más necesario que nunca que los cristianos, iluminados y guiados por la fe, conozcan la Iglesia tal como es, en toda su belleza y santidad, para experimentarla y amarla como a su propia madre».

De este modo, el Papa con su mensaje invita a los hombres y mujeres laicos de todo el mundo a convertirse en los protagonistas de la misión en este milenio, pues «la misión no es un añadido a la vocación cristiana», por el contrario, «la vocación es por su misma naturaleza vocación al apostolado».

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ZENIT Staff

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