Juan Pablo II regala una iglesia de Roma al patriarcado de Constantinopla

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«Estoy decidido a continuar el diálogo», afirma en un mensaje a Bartolomé I

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 nov (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha escrito una carta al patriarca de Constantinopla, Bartolomé I para formular un compromiso solemne: «Estoy decidido a continuar el diálogo de la verdad y de la caridad». Y para dar peso a sus palabras anuncia que ha decidido regalar una Iglesia de Roma a los ortodoxos.

El pontífice confirma su apuesta por el diálogo entre los cristianos de las diferentes confesiones y particularmente con los ortodoxos, los más cercanos a la Iglesia católica, al enviar un mensaje al patriarca ecuménico con motivo de la fiesta de San Andrés, que hoy ha sido celebrada en Constantinopla.

Con este motivo, el patriarca de Occidente (así se le llama en ocasiones al obispo de Roma en esas tierras) ha enviado una delegación a Estambul guiada por el cardenal Edward Idris Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los cristianos. Se trata de una tradición que dura ya desde algunos años. Un gesto que el Bartolomé I corresponde enviando su propia delegación a Roma el 29 de junio, día de los Santos Pedro y Pablo, patronos de la Ciudad Eterna.

El apóstol Andrés, a quien está dedicada la sede arzobispal de Constantinopla, era hermano de Pedro, primer obispo de Roma.

En su mensaje, Juan Pablo II considera que el origen común de la Iglesia católica y la ortodoxa, impone restablecer cuanto antes la «plena unidad de fe y de vida», dado que la división entre los cristianos atenta contra el espíritu del mensaje evangélico y contra su testimonio en el mundo.

La separación entre católicos y ortodoxos tuvo lugar en 1054, a causa de diferencias doctrinales y de culto, aunque, el motivo principal se debió, según muchos historiadores, a la disputa entre Oriente y Occidente por el primado del obispo de Roma.

«Con corazón puro y limpio, para obedecer a la voluntad del único Señor –explica el Papa– en su mensaje debemos continuar por tanto nuestra búsqueda sincera, fraternal y amante de la plena comunión».

En este espíritu, el Papa revela que ha regalado al patriarcado ecuménico de Constantinopla la antigua iglesia de San Teodoro en el monte Palatino de Roma, «para que sea destinada al culto y a las actividades pastorales de la comunidad greco-ortodoxa de la ciudad, que gozará así de la asistencia espiritual necesaria para su crecimiento y para el diálogo junto con los cristianos que viven en Roma».

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ZENIT Staff

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