El Papa pide a católicos griegos el heroísmo de la unidad con los ortodoxos

Un país en el que la Ortodoxia es reconocida como religión de Estado

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ATENAS, 4 mayo 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido a los obispos católicos de Grecia, país en el que los católicos son una exigua minoría, que luchen apasionadamente por el restablecimiento de la unidad con sus hermanos ortodoxos.

Al almorzar este viernes con los cinco prelados griegos, en la nunciatura apostólica, representación oficial de la Santa Sede en Atenas, el Santo Padre recordó que «en esta tierra viven hermanos y hermanas de la Iglesia ortodoxa, a los que nos une un fortísimo vínculo de fe en nuestro Señor común. ¡Cómo desearíamos que todos los corazones y los brazos se abriesen para recibir el saludo fraterno de la paz!».

Tras el saludo del arzobispo de Atenas y presidente de la Conferencia Episcopal de Grecia, monseñor Nikolaos Fóscolos, el Papa los consideró como «obispos de frontera» deben hacer todo lo posible para superar «cuanto antes» los obstáculos que impiden la plena unión, y que «tanto sufrimiento suscitan en vosotros y vuestros fieles».

El Papa sabía bien lo que pedía a estos obispos. En el país, la religión oficial es la Ortodoxia y su jerarquía se reconoce como la única religión griega. De este modo, hasta este viernes la jerarquía ortodoxa se había negado a entablar relaciones oficiales con los obispos católicos del país. Ningún obispo católico de rito oriental, griego o extranjero, ha podido acompañar al Papa en esta visita.

Por eso, el obispo de Roma afirmó que su peregrinación a Atenas quiere también confirmar y alentar en la fe a los católicos del país. Entre los 10.601.527 habitantes de Grecia, los católicos son unos doscientos mil, de los cuales tan sólo algo más de cincuenta mil son de origen griego.

«Lo que hoy deseo es poner de relieve que el Papa está aquí con vosotros, en esta tierra, para mostrar una solidaridad también física, una estima auténtica y afectuosa, una cercanía con el recuerdo y la oración», dijo.

El Papa terminó animando a los obispos católicos a no perder la esperanza. Al terminar, el pontífice visitó la catedral católica de San Dionisio de Atenas, que se encuentra en el centro histórico de la ciudad, a poca distancia del arzobispado católico. Fue inaugurada en 1865 y elevada por el papa Pío IX a basílica en 1877. Está dedicada al discípulo de Pablo y primer obispo de Atenas, Dionisio Areopagita.

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ZENIT Staff

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