Cardenal Ortega: El silencio sobre Dios ha suscitado sed de él en Cuba

Simposio teológico internacional en La Habana

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LA HABANA, 15 marzo 2002 (ZENIT.org).- «Cuando lleguemos a España tendremos en cuenta la referencia de Cuba para muchas de nuestras reflexiones en las aulas y en nuestros escritos». Así se expresó, al concluir el simposio teológico celebrado del 4 al 7 de febrero en esta Arquidiócesis, el teólogo español Angel Galindo, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).

El evento, que tuvo como sede uno de los salones del centenario Convento San Francisco, frente a la Bahía de La Habana, fue convocado por el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana.

Más de cien personas de las distintas diócesis de Cuba, la mayor parte sacerdotes y seminaristas, así como religiosos, religiosas, laicos, líderes de Iglesias protestantes e investigadores de las religiones, participaron en estas jornadas de reflexión y diálogo.

Un simposio de esta naturaleza parecería impensable para la Iglesia en Cuba hoy. No sólo fue atractivo el tema convocante, «El hombre ante Dios: entre la hipótesis y la certeza», sino también los conferencistas, seis catedráticos de la UPSA, figuras de gran prestigio en el mundo académico religioso y autores de varias obras de obligada consulta en la materia.

Entre ellos se encontraban Olegario González, profesor de cristología; Juan de Dios Martín Velasco, profesor de fenomenología de las religiones y director del Instituto de Pastoral de la UPSA; José Manuel Sánchez, profesor de Sagrada Escritura; y Leonardo Rodríguez, profesor de ética y derecho.

En su única intervención en el evento, al momento de la clausura, el cardenal Jaime Ortega explicó las razones que motivaron el encuentro. Al referirse a lo que consideró un cristianismo anónimo que comenzó a abrirse paso en los años sesenta en el Occidente cristiano, «donde incluso los signos debían desaparecer, cristianismo de lo implícito y del testimonio callado», recordó que en Cuba, por esos mismos años, «también se producía un silencio sobre Dios, pero de otro orden».

«Entre nosotros –dijo– se había producido un cambio sociopolítico importante» que incluía en sus postulados «no pocas consideraciones negativas de la religión […] Los signos religiosos no debían portarse en público, ni convenía tenerlos en las casas de familia. No se hacía ninguna mención positiva de Dios en los medios de comunicación, pero sí negativa: «la idea de Dios es un rezago del pasado»».

Tras afirmar que tal política no dio los frutos esperados de un ateísmo extendido, expresó que más bien provocó «comportamientos sociológicos negativos», como el disimulo y la doblez de muchos que decidieron negar su fe por miedo, mientras otros prefirieron la «sustitución supersticiosa de la fe por formas inferiores de religiosidad mágica».

El cardenal reconoció que para los católicos que permanecieron fieles, la experiencia de fe desafiada por el contexto social ha sido vivida más «como ortopraxis que como ortodoxia», pero sin haber llegado a manifestar un «silencio de Dios».

Por todo ello, y tras vivirse hoy lo que llamó una «inesperada desinhibición en relación al tema religioso», manifestada en el deseo de muchos cubanos de conocer a Dios, tanto jóvenes como adultos, profesionales, artistas y obreros, incluidos militantes comunistas, como si después de todos estos años «el silencio sobre Dios hubiera suscitado ansias por saber de El», el cardenal Ortega explicó que se hacía necesario preparar este encuentro para «hablar de Dios y del hombre» y «para comprender mejor este sorprendente retorno de Dios al horizonte vital de los cubanos».

Para ello se estableció contacto con la UPSA, en España, uno de los más importantes centros focales del mundo en materia teológica.

«Me pareció muy valioso y esto me ha inquietado para saber más», dijo la hermana Margarita Hernández, de las Siervas del Corazón de María. «Me ha gustado mucho la posibilidad de diálogo entre la teología y la realidad de la postmodernidad. Estoy muy contenta de que la Iglesia en La Habana se cuestione sobre esto e intente alargar la mirada y el pensamiento».

Algunos opinaron que ahora hace falta interiorizar y acomodar a la realidad eclesial en Cuba lo que en el simposio se manifestó. Tal es el criterio del padre René David, profesor de teología en el Seminario de La Habana, quien considera que el simposio «ha sido excelente, pero hace falta que se aterrice más para Cuba».

Eso piensa también el padre José Conrado Rodríguez, párroco de Santa Teresita en Santiago de Cuba: «Este tipo de esfuerzo, teniendo en cuenta el tema a tratar, ha sido iluminador para nuestra propia realidad. Los profesores de Salamanca nos han hablado desde su realidad, nosotros tenemos que traducirla a la nuestra».

Tanto la Arquidiócesis de La Habana como la Universidad de Salamanca se han propuesto editar e imprimir un volumen que recoja todo lo acontecido en estas intensas jornadas teológicas vividas en La Habana.

«Desde hace ya algunos años hemos sentido que Jesús está pasando entre nosotros (…) y quizás por eso se agolpan en nuestros corazones nuevos temores», dijo en su discurso de clausura el arzobispo de La Habana, y agregó que la inquietud es «la de no descubrir su momento, la de simplemente dejarlo pasar», por lo que se hace necesario hacer, «además de una teología del diagnóstico, una teología del anuncio».

Por Orlando Márquez, extractos de artículo publicado en La Voz Católica.

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ZENIT Staff

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