NUEVA DELHI, 23 de marzo de 2002 (ZENIT.org).- Los recientes tumultos provocados por extremistas hindúes en el estado de Gujarat, que provocaron cientos de muertos musulmanes, no son más que los últimos sucesos de una serie de enfrentamientos, que también han tenido por blanco a los cristianos.

Para Husain Haqqani, paquistaní y antiguo consejero de los primeros ministros Nawaz Sharif y Benazir Bhutto, los radicales hindúes tienen mucho en común con los extremistas musulmanes del mundo islámico.

Escribiendo en la edición del 6 de marzo del Wall Street Journal, Haqqani precisaba que las conexiones entre religión y nacionalismo en los hindúes. El Movimiento Voluntario Nacional (RSS) “ha afirmado en varias ocasiones que los cristianos indios deben adoptar una versión nacionalista de su fe y romper su unión con las iglesias extranjeras y los misioneros”, escribía Haqqani.

Advertía que los líderes de la India animan tal extremismo. No debería ignorarse el problema, afirmaba, como ha ocurrido con los fundamentalistas islámicos en Afganistán. La campaña para construir el templo Ram, la causa del último conflicto, está siendo manipulada por algunos políticos que lo ven como una manera fácil de conseguir votos apelando a los sentimientos religiosos, escribía Haqqani.

Manipulando los libros de texto
Un área donde los extremistas hindúes están intentando ampliar su influencia es el sistema educativo. Seis mil escuelas indias con 1,2 millones de niños y 40.000 profesores están enseñando una versión extremista hindú de la historia, según un boletín de enero del servicio cristiano de noticias Compass Direct.

Esta “azafranización”--el nombre viene del color azafrán de las vestimentas de los sacerdotes hindúes-- de la educación está teniendo lugar, en primer lugar, en los estados de Rajasthan y Uttar Pradesh a través de libros de texto publicados por Sanskriti Jnan. Los libros de texto contienen “innumerables referencias que podrían no sólo herir los sentimientos de cristianos y musulmanes sino incluso los de sus vecinos de Sri Lanka, Birmania y Nepal”, afirmaba el historiador Arjun Dev, citado por Compass Direct.

La fuerza que impulsa y está detrás de estos nuevos libros de texto es Vidya Bharati, la rama académica del RSS, que lleva millares de escuelas en ambos estados. Compass Direct informaba el pasado 7 de diciembre que la Conferencia Episcopal Católica de la India acusó al gobierno de “manipular los libros de texto de historia de las escuelas”.

El Comité de Dirección Nacional para la Evaluación de Libros de Texto, establecido en 1992 por el gobierno del Partido del Congreso, afirmó de estos libros, que actualmente se están usando: “Mucho de este material se diseña para promover el extremismo y el fanatismo religioso bajo la excusa de inculcar el conocimiento de la cultura en la generación joven. Que esto se esté usando como material de enseñanza en las escuelas que, presumiblemente, han acordado su reconocimiento, debe ser un tema de seria preocupación”.

Los libros de texto afirman, entre otras cosas, que Jesucristo pasó varios días en el Himalaya y que adquirió conocimientos e inspiración para el cristianismo en los ascetas hindúes.

El problema no se reduce a las escuelas, sino que alcanza a las universidades. “Debemos ser antenas de energía cósmica”, les dice el profesor Indu Prakash Misra a sus estudiantes universitarios. “La Astrología es la senda para la verdad más pura”, afirma.
<br> La Astrología es la última licenciatura en la Universidad Lucknow, estatal, conocida por sus programas de ingeniería y ciencias, informaba el 28 de febrero el Wall Street Journal.

El gobierno nacional de la India afirma que los cambios son parte de un esfuerzo para familiarizar a los estudiantes con la cultura del país. “Queremos tener un indianización, nacionalización y espiritualización de la educación en la India”, dice R. K. Goel, presidente de Bharatiya Shikshan Mandal, un lobby de Nueva Delhi.

Pero su política, avisa Roop Rkeha Verma, profesor de Lucknow, “está contra los principios directivos básicos de nuestra constitución”.

Durante los tres años que el nacionalista Bharatiya Janata Party (BJP) y sus aliados han estado en el poder, a nivel nacional, han respaldado persistentemente los valores hindúes, “cortando todo vestigio de la reglas seculares que se han dado en la historia moderna de la India”, afirma el Wall Street Journal.

El Partido del Congreso, que ha guiado durante medio siglo a la India, se inspira por el contrario en criterios estrictamente seculares. En sus décadas de gobierno, se fijaron cuotas de representación política para asegurar que todos los grupos religiosos ocupasen cargos en el gobierno, y las leyes dieron vía libre a las costumbres religiosas de las minorías.

Esto ahora ha cambiado. Algunos de los movimientos parecen relativamente inofensivos, como por ejemplo cuando bautizan a los misiles nucleares inspirándose en la mitología hindú, o cuando queman las tarjetas del día de San Valentín. Pero en estos años se ha dado también un gran incremento de ataques contra musulmanes y cristianos.

Respuesta a la línea dura
Los últimos episodios de violencia reciente tuvieron como chispa el incendio de un tren, el 27 de febrero, que transportaba a los miembros del Consejo Mundial Hindú (VHP) a su regreso de una visita a Ayodhya, al norte del estado de Uttar Pradesh. El lugar es considerado por los hindúes como el lugar de nacimiento de una de las deidades más reverenciadas, Ram.

En 1992, militantes hindúes demolieron una mezquita del siglo XVI que se encontraban en el lugar, haciendo votos de sustituirlo por un templo a Ram. La destrucción dio lugar a uno de los peores enfrentamientos religiosos de la India a nivel nacional entre los hindúes, y la minoría musulmana del país, con un balance final de 2.000 víctimas.

Los hindúes conforman el 81% de una población india de mil millones de personas, los musulmanes el 12%.

Tras las recientes masacres, los líderes hindúes han apoyado la línea dura. Harish Bhai Bhatt, líder del Consejo Mundial Hindú, declaró que la matanza de centenares de musulmanes era necesaria para darles una lección, tras de la quema del tren el 27 de febrero, informaba el New York Times el 5 de marzo.

“Ahora, se ha acabado la tolerancia”, afirmó, con un revólver a la cintura. “Si los musulmanes no aprenden, les resultará muy doloroso”.

Los fallos de la policía en la protección de los musulmanes contra las actuaciones violentas de las multitudes ha llevado a algunos a acusar a los funcionarios locales hindúes de permitir que tuvieran lugar los alborotos. Un miembro musulmán del parlamento, Shabana Azmi, dijo que el gobierno del estado quería los enfrentamientos porque de este modo se “consolidaría la base de votantes hindúes”, señaló el New York Times.

Violencia contra cristianos
La violencia contra los cristianos ha sido también un trágico hecho este año, con ataques semanales, reflejaba el Washington Times el 25 de febrero. Recientemente, un grupo de unos 70 hombres atacaron a unos niños de catequesis en la escuela de una iglesia cerca de Mysore, en el sur de la India.

En otros incidentes similares, hindúes fundamentalistas dispararon contra dos trabajadores de una iglesia y contra un adolescente mientras rezaban. En otros incidentes, dos misioneros fueron golpeados cuando volvían en bicicleta a casa y un cementerio cristiano profanado en Port Blair, en las islas Andaman.

En 2 de marzo, activistas del RSS se ensañaron con dos sacerdotes católicos que iban de camino de la comisaría de policía para denunciar un ataque contra una escuela dirigida por la Iglesia en Khurda, según la agencia de noticias SAR. Un día antes, una misión de la Sociedad del Verbo Divino en Sanjeli, Gujarat, fue atacada y arrasada por los activistas del RSS y del VHP.

En una declaración de prensa, el 20 de febrero, la Conferencia Episcopal Católica expresó su profundo rechazo y pesar por los recientes ataques contra personal e instituciones de la Iglesia en varios lugares del país.

El padre Donald D’Souza, portavoz de la Conferencia, urgió a los grupos que están detrás de los ataques a que respeten la Constitución india y trabajen por la paz y la armonía. Queda por ver si la súplica sirve para calmar la violencia feroz que se ha apoderado del subcontinente indio.