Carta del presidente del episcopado de EE UU a Bush sobre Irak

Una operación militar preventiva no está justificada moralmente

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WASHINGTON, 18 septiembre 2002 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación la carta que ha dirigido el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, monseñor Wilton D. Gregory, obispo de Belleville, al presidente George W. Bush sobre una posible operación militar contra Irak.

Carta al presidente Bush sobre Irak

Obispo Wilton D. Gregory
13 de septiembre de 2002

Señor presidente George W. Bush
Casa Blanca
Washington, D.C. 20500

Querido señor presidente:

En su reunión de la semana pasada, el Comité administrativo formado por 60 miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos me pidió que le escribiera sobre la situación de Irak. Damos la bienvenida a sus esfuerzos para enfocar la atención del mundo en la necesidad de afrontar la represión en Irak y su carrera de armamentos a despecho de las Naciones Unidas. Si bien el Comité se reunió antes de su discurso ante las Naciones Unidas, he creído que era importante expresarle nuestros serios interrogantes sobre la legitimidad moral de todo uso preventivo y unilateral de la fuerza apara derrocar al gobierno de Irak.

Hace un año, mi predecesor, el obispo Joseph Fiorenza, le escribió sobre la respuesta a los terroríficos ataques que hemos conmemorado la semana pasada. Le dijo que, desde nuestro punto de vista, el uso de la fuerza contra Afganistán podía estar justificado, si se realizaba en acuerdo con las normas de la guerra justa y como parte de un esfuerzo mucho más grande, en gran parte no militar, por combatir el terrorismo.

Creemos que el caso de Irak es diferente. Dados los precedentes y los riesgos implicados, consideramos difícil de justificar la extensión de la guerra al terrorismo a Irak, en ausencia de evidencias claras y adecuadas de la implicación iraquí en los ataques del 11 de septiembre o de un inminente ataque de una naturaleza grave.

Los Estados Unidos y la comunidad internacional tienen dos graves obligaciones morales: proteger el bien común contra cualquier amenaza iraquí a la paz, y hacerlo en conformidad con las normas morales fundamentales. No nos hacemos ilusiones sobre el comportamiento o las intenciones del Gobierno iraquí. Los líderes iraquíes deben acabar con su represión interna, deben acabar con sus amenazas a sus vecinos, deben acabar con todo apoyo al terrorismo, deben acabar con sus intentos por construir armas de destrucción masiva, y cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas. Movilizar a las naciones del mundo para que reconozcan y afronten la amenaza iraquí a la paz y a la estabilidad a través de una nueva acción de las Naciones Unidas y de un compromiso común por asegurar que Irak cumpla con sus compromisos es una alternativa legítima y necesaria al uso unilateral de la fuerza. Su decisión de buscar la acción de la ONU es bienvenida, pero es necesario responder también a otras cuestiones sobre los objetivos y los medios.

No hay respuestas fáciles. El pueblo de Dios puede aplicar los principios éticos y llegar a juicios prudentes diferentes, dependiendo de la evaluación de los hechos que se tienen a la mano y de otras cuestiones. Hemos concluido, basándonos en los hechos que conocemos, que el uso preventivo y unilateral de la fuerza es difícil de justificar en esta ocasión. Consideramos que el recurso a la fuerza, en estas circunstancias, no esta respaldado por las estrictas condiciones del magisterio católico necesarias para justificar el fuerte recelo por el uso de la fuerza militar. De particular importancia son los criterios tradicionales de la guerra justa: justa causa, legítima autoridad, probabilidad de éxito, proporcionalidad, y respeto de los no combatientes.

Justa causa. ¿Cuál es el «casus belli» de un ataque militar contra Irak? El Catecismo de la Iglesia Católica, reflejando los ampliamente aceptados límites morales y legales sobre el uso de la fuerza, condiciona la justa causa a los casos en los que «el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto» (n. 2309) ¿Existe una clara y adecuada evidencia de una conexión directa entre Irak y los ataques del 11 de septiembre o una clara y adecuada evidencia de un inminente ataque de una naturaleza grave? ¿Es sabio ampliar dramáticamente los tradicionales límites morales y legales sobre la justa causa hasta incluir el uso preventivo o anticipado del uso de la fuerza para el derrocamiento de regímenes amenazadores o para afrontar la proliferación de armas de destrucción de masas? ¿No se debería hacer una distinción entre los esfuerzos para cambiar el comportamiento inaceptable de un gobierno con los esfuerzos por acabar con la existencia de un gobierno?

Legítima autoridad. La credibilidad moral del uso dela fuerza militar depende también, en buena parte, de si hay una legítima autoridad que pueda utilizar la fuerza para defenestrar al Gobierno iraquí. Desde nuestro punto de vista, decisiones de esta gravedad requieren respetar los imperativos constitucionales de los Estados Unidos, alcanzar un amplio consenso en nuestra nación, y una ratificación internacional, de preferencia por el Consejo de Seguridad de la ONU. Por este motivo es tan importante su decisión de buscar la aprobación del Congreso y de las Naciones Unidas. Al igual que la Santa Sede, nos mostraríamos sumamente escépticos ante el uso unilateral de la fuerza militar, en particular a causa de los precedentes conflictivos.

Probabilidad de éxito y proporcionalidad. El uso de la fuerza debe tener «serias condiciones de éxito» y «no debe entrañar males y desordenes más graves que el mal que se pretende eliminar» (Catecismo, n. 2309).

La guerra contra Irak podría tener consecuencias imprevisibles no sólo para Irak sino para la paz y la estabilidad en toda el área de Oriente Medio. ¿Tendría éxito el uso preventivo y anticipado de la fuerza para desbaratar serias amenazas o no provocaría más bien esos ataques que trata de prevenir? ¿Qué impacto tendría otra guerra en Irak sobre la población civil a corto y largo plazo? ¿Cuánta gente inocente debería sufrir y morir, o quedar sin su casa, sin bienes básicos, sin trabajo? ¿Se comprometerían los Estados Unidos y la comunidad internacional en la ardua y larga tarea de asegurar una paz justa o el Irak de después de Sadam seguiría marcado por el conflicto civil, la represión, y continuaría siendo una fuerza desestabilizadora en la región? ¿Provocaría el uso de la fuerza militar más conflicto e inestabilidad? La guerra contra Irak, ¿nos detractaría de nuestra responsabilidad de construir un orden justo y estable en Afganistán o resquebrajaría la amplia coalición contra el terrorismo?

Hay normas que gobiernan la conducta en la guerra. Si bien reconocemos que hay una mayor conciencia y más serios esfuerzos para evitar que se ataquen directamente a poblaciones civiles en conflictos armados, el uso de la fuerza militar masiva para derrocar al actual gobierno de Irak tendría consecuencias incalculables para la población civil que ha sufrido mucho a causa de la guerra, la represión, y el extenuante embargo.

Presentamos estos preocupantes interrogantes para contribuir con el vital debate nacional sobre los objetivos y fines, riesgos y decisiones, en virtud de nuestras responsabilidades como pastores y maestros. Nuestra evaluación de estos interrogantes nos lleva a pedirle que busque activamente alternativas a la guerra. Esperamos que usted persista en el frustrante y difícil desafío de lograr un amplio apoyo internacional para ejercer un nuevo, más constructivo y efectivo medio de presión al Gobierno de Irak con el objetivo de que respete sus obligaciones internacionales. Esta conducta debería incluir continuos esfuerzos diplomáticos orientados, en parte, a reanudar rigurosas e importantes inspecciones; reforzar efectivamente el embargo
militar; mantener sanciones políticas y sanciones económicas que estén mucho más atentas a no amenazar la vida de civiles inocentes iraquíes; apoyar no militarmente a quienes ofrecen genuinas alternativas democráticas en Irak; y a poner otros medios legítimos que contengan y desarticulen acciones agresivas iraquíes.

Con todo respeto le pedimos con apremio que dé un paso atrás en la frontera de la guerra y que ayude al mundo a ofrecer una respuesta global efectiva a las amenazas iraquíes en conformidad con los límites morales tradicionales del uso de la fuerza militar.

Suyo afectísimo,

Wilton D. Gregory
Obispo de Belleville
Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos
[Traducción del original inglés realizada por Zenit]
ZS02091807

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ZENIT Staff

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