Indiferencia religiosa y fundamentalismo; dos caras de la misma moneda

Habla el filósofo católico Jean Luc Marion, profesor de La Sorbona de París

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TRENTO, 25 septiembre 2002 (ZENIT.orgAvvenire).- Jean-Luc Marion, catedrático de Filosofía en La Sorbona de París, es el padre de la llamada «fenomenología de la donación» y uno de los filósofos católicos más respetados, heredero del pensamiento del protestante Paul Ricoeur y del judío Emmanuel Lévinas.

En esta entrevista, celebrada en Castel Ivano, Trento (Italia), ciudad confín entre norte y sur, este y oeste de Europa, el profesor reflexiona sobre el tema del congreso que le ha traído hasta aquí: «Entre religión y no religión: fundamentalismo e indiferencia».

–Fundamentalismo e indiferencia religiosa. ¿Se pueden considerar las dos caras de una misma moneda?

–Jean-Luc Marion: Desde mi perspectiva, esta moneda es el nihilismo. La pregunta es si la fe es un producto construido por nosotros, para nuestro uso y consumo, o, como en cambio creo, si nuestro reconocimiento de un hecho es más fuerte que nosotros, independiente de nosotros.

–¿Cómo salir del atolladero indiferencia religiosa-fundamentalismo?

–Jean-Luc Marion: Si la religión se reduce a un conocimiento nuestro, sólo podríamos escoger entre indiferencia o fundamentalismo. Usaríamos la religión como un medio de gratificación personal, de auto-identificación. En cambio, si concebimos la religión como relación, entonces esto implica la experiencia –quizá incluso sufrida– de la alteridad; pues la revelación comienza por el otro lado del mundo, por el lejano que se acerca a mí. No puedo usarla como medio de autoidentificación. En el cristianismo, el Otro es el Padre más lejano, que está mucho antes que yo. En síntesis, la Revelación creo que es el antídoto contra la doble ilusión del fundamentalismo y de la indiferencia.

–Pero el problema surge cuando el otro se cierra, como es típico del fundamentalismo. ¿No es ilusorio buscar la apertura al otro cuando nos topamos tan sólo con la cerrazón?

–Jean-Luc Marion: Creo que el primer peligro no está en abrirse a quienes están cerrados, sino en el riesgo de llegar a ser nosotros tan cerrados como ellos. La primera dificultad no es convertir a los otros sino que nosotros nos comportemos como ellos. Es fácil en estos tiempos transformar al otro considerándolo en un «objeto que piensa». En cambio, debemos hacer la experiencia de la fraternidad a partir de la experiencia de la alteridad de Dios. ¿Y esto qué tiene que ver?, me pude preguntar. Aunque seamos muy diferentes, esta diferencia entre nosotros los hombres es mucho más pequeña que la grandeza de Dios respecto a nosotros. Nuestro Padre común es mucho más grande que todas nuestras grandes diferencias.

–¿Qué aportación puede dar la filosofía a la espiritualidad?

–Jean-Luc Marion: Creo que la espiritualidad puede dar más a la filosofía que lo que le puede dar la filosofía. Por ejemplo, los mismos conceptos de alteridad o de mirada no pertenecen a la metafísica.

–Usted es famoso por su libro sobre la fenomenología del don, y ahora publicará en Francia un nuevo texto sobre la filosofía del amor. ¿Nos puede anticipar algo de su última investigación?

–Jean-Luc Marion: La idea principal es que el amor no es una determinación secundaria, periférica de la experiencia humana, sino el centro. Tenemos que repasar desde su origen la definición de la subjetividad del amor. En la historia de la metafísica, pienso en Descartes o en Hegel, la primera definición del hombre ha sido elaborada en base al concepto de conocimiento del objeto. La experiencia del sentimiento y del amor se estudiaba en un segundo o tercer momento. Yo creo que la primera pregunta que nos hacemos a nosotros mismos no es «¿qué puedo conocer en verdad?» sino más bien «¿hay alguien que me ama?». Es el primer interrogante.

–Usted apuesta por la centralidad del amor, a pesar de la crisis del pensamiento occidental que parece estar todavía en medio del vacío de una crisis nihilista. ¿Se podría juzgar demasiado optimista su perspectiva filosófica respecto a los datos de la historia y la crónica de sucesos?

–Jean-Luc Marion: Optimismo o pesimismo son categorías para los imbéciles, dijo Georges Bernanos. El nihilismo es el resultado de una crisis que tiene su origen en la definición de la filosofía a partir del conocimiento. Creo, en cambio, que el elemento inicial de la filosofía está incluido en su propio nombre, es el «deseo de saber». ¿Por qué tenemos esta necesidad? ¡Pues precisamente porque tenemos necesidad de amar! La filosofía es por definición una pregunta suscitada por el deseo de amar. Para superar el nihilismo, la única vía abierta es volver, más allá del saber, al deseo de saber, al amor del saber. Por tanto, debemos preguntarnos por el significado de la necesidad, antes que nada, de amar y desear.

–Este encuentro celebrado en un castillo del noreste de Italia, ha quedado envuelto por la niebla. ¿Cuál es la niebla que impide al hombre contemporáneo mirar de frente a la verdad?

–Jean-Luc Marion: El miedo del miedo. Tenemos mucho miedo. Sentimos todos el peso de nuestra culpabilidad, de nuestro miedo. Estamos convencidos de que hemos perdido, aunque no sabemos qué es lo que hemos perdido. Pero estamos convencidos de que la partida se ha acabado.

–¿Qué puede ayudar a vencer este miedo?

–Jean-Luc Marion: La única fuerza para superar la fuerza del miedo es la experiencia de ser amado. El único remedio que tiene el hombre contemporáneo para vencer el miedo y la desesperación es comprender que nosotros solo no podemos darnos una esperanza

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ZENIT Staff

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