Cristo reveló que Dios es pobre, pues se nos ha dado totalmente

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Meditación del predicador del Papa sobre Belén

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 marzo 2003 (ZENIT.org).- Al nacer en Belén, Cristo nos reveló que Dios es pobre, porque se ha entregado totalmente al hombre, aclarara el predicador de los ejercicios espirituales en los que está participando esta semana Juan Pablo II.

En las meditaciones de este jueves, el arzobispo de Loreto, monseñor Angelo Comastri, comenzó a contemplar los grandes momentos de la vida de Jesús.

«Si las palabras de Jesús son como un retrato del rostro de Dios –un extraordinario retrato pues lo ha trazado el mismo Jesús–, el auténtico retrato de Dios, el auténtico cuadro de Dios, no son las palabras de Jesús: es la vida de Jesús», explicó.

«Entonces contemplemos a Jesús. Contemplemos sus gestos, sus comportamientos, porque todo gesto, todo comportamiento de Jesús manifiesta a Dios, narra el misterio de Dios», invitó al Papa y a sus colaboradores de la Curia romana, reunidos en la capilla «Redemptoris Mater» del palacio apostólico vaticano.

«Y comencemos por Belén –sugirió–, pues es el primer paso de Dios en la historia. Es el primer paso del Verbo encarnado».

«En Belén, Dios entró en la historia con los pasos de un pobre, de un humilde, de un manso. ¿Por qué?», se preguntó el predicador. «¿Por qué escogió Dios la pobreza? ¿Por qué Jesús se presentó pobre –y la verdad es que no pudo ser más pobre–?».

«María, la Madre, la Inmaculada, va de Nazaret a Belén y al llegar, dice el evangelista, «no había lugar para ellos». ¿Cómo es posible? ¿No hay puesto para el Hijo de Dios que nace en este mundo? Es el Creador del mundo, y, ¿no hay lugar para él?».

El «signo» que el ángel dio a los pastores para que reconocieran al auténtico Salvador fue el de la pobreza: «encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lucas, 2, 12).
En realidad, aclaró el prelado, la palabra «pesebre» utilizada por el original hace referencia «a la parte interior de una cueva en la que estaba el heno y el estiércol».

«¿Cómo es posible? Tenemos que meditar en este anuncio del ángel, pues también se dirige a nosotros».

«¿Por qué la pobreza forma parte de la manifestación de Dios?», volvió a preguntar. Dado que la primera carta de Juan, en el capítulo IV (8-16), afirma: «Dios es amor», entonces, concluyó el arzobispo, significa que «es don», «pues sólo donde hay amor hay don». Por tanto: «Dios es don infinito de sí».

«Pero quien da no da porque posee. El misterio de Dios es un misterio de donación. En Dios, sólo se conjuga el verbo «donar»: el Padre se dona al Hijo y el Hijo es el don del Padre, y se devuelve al Padre en el abrazo del Espíritu Santo que es la «Persona-don»».

«Este es el misterio de Dios –subrayó monseñor Comastri–: algo tan impresionante que da vértigo. Dios sólo conoce una acción, la acción de donar».

«Y dado que quien da no posee, quien no posee es pobre. Dios, que es el amor infinito, el don infinito, es también el infinitamente pobre».

«Belén manifiesta entonces este misterio de Dios». Por este motivo, recordó, san Francisco de Asís, quiso revivir en la Navidad de 1223, en Greccio, este misterio para experimentar «esta consoladora noticia: Dios es amor».

Según narra la crónica de aquel acontecimiento, escrita por Tommaso da Celano, cuando Francisco quiso revivir con toda la gente la pobreza de Belén, «a muchos les pareció que el Niño Jesús en aquella noche, dormido en la paja, fue despertado por el amor de Francisco».

Tommaso añade, concluyó el predicador, «Y es lo que realmente sucedió: la presencia de Dios, que estaba como dormida en el corazón de mucha gente, se despertó en aquella noche y muchos se dieron cuenta de que en Belén inicia precisamente la gran revelación de Dios-amor».

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ZENIT Staff

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