La reconciliación, vocación de los católicos en Tierra Santa

Histórico documento de la Comisión teológica de Jerusalén

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JERUSALÉN, 5 diciembre 2003 (ZENIT.org).- Los católicos en Tierra Santa, en pleno conflicto entre israelíes y palestinos, tienen por vocación la reconciliación, ha afirmado un histórico documento emanado por el Patriarcado Latino de Jerusalén.

El texto, realizado por la Comisión teológica diocesana, afronta tres argumentos candentes: la violencia y el terrorismo, las relaciones con el pueblo judío en Tierra Santa y las relación es con los musulmanes.

Violencia y terrorismo
Ante todo, al analizar el tema de la violencia, la comisión católica, presidida por el patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah, recuerda: «hemos condenado y condenamos todo acto de violencia contra individuos y la sociedad».

«Hemos condenado y condenamos sobre todo el terrorismo, violencia extrema y organizada, que tiene por objetivo herir y matar a inocentes para suscitar por este medio un apoyo a su propia causa», insisten.

«Al mismo tiempo, nos damos cuenta con gran pena y sufrimiento de las injusticias, de las heridas humanas, y del clima que llevan a estos actos de violencia, en particular la ocupación», reconocen.

«En caso de terrorismo hay dos culpables: ante todo los que ejecutan esos actos, los que los inspiran y los apoyan, y, en segundo lugar, aquellos que mantienen situaciones de injusticia que provocan el terrorismo», denuncian.

«Dios llama siempre a los discípulos de Jesucristo a ser una comunidad de reconciliación», aclaran los teólogos católicos. «Estamos llamados a ser mensajeros proféticos de la buena noticia de la paz a aquellos que están lejos y a aquellos que están cerca, pero no con actos violentos, sino con gestos concretos de paz, que se oponen a la cultura de la muerte y que contribuyen a una cultura de la vida».

«Esta difícil vocación confiada por Dios a la Iglesia y a sus miembros exige una pedagogía específica, la enseñanza progresiva de un Evangelio de la no violencia activa y creativa con nuestras actitudes, palabras y actos. Hacer la paz no es una táctica, sino una manera de vivir», concluyen los teólogos al afrontar este apartado.

Judaísmo y Estado de Israel
En segundo lugar, el documento analiza las relaciones con los judíos en el Estado de Israel, recordando que la Iglesia comparte con el pueblo judío las raíces de la fe del Antiguo Testamento. «Con toda la Iglesia lamentamos las actitudes de desprecio, los conflictos y la hostilidad que han caracterizado la historia de las relaciones judeocristianas».

El gran desafío que tienen los cristianos en Tierra Santa, en su inmensa mayoría de origen árabe, es el de la convivencia con sus hermanos mayores judíos, pues el Estado de Israel y el mundo árabe se encuentran en conflicto desde 1948.

«Como Iglesia, somos testigos de la ocupación militar israelí continúa de los Territorios Palestinos, y de la violencia sanguinaria entre los dos pueblos. Juntos, con todos los hombres y mujeres de paz y de buena voluntad, incluidos numerosos israelíes y palestinos, judíos, cristianos y musulmanes, estamos llamados a ser al mismo tiempo la voz de la verdad y una presencia que cura las heridas», afirman.

«La Iglesia católica enseña que el diálogo con el pueblo judío es algo diferente de las opciones políticas del Estado de Israel», aclaran.

«La existencia del Estado de Israel y sus opciones políticas no deben ser vistas desde una perspectiva religiosa sino en referencia a los principios comunes de la ley internacional», añaden.

«Estamos comprometidos con los hermanos y hermanas judíos en un diálogo basado en nuestro propio contexto: una tierra tristemente desgarrada por la guerra y la violencia», afirman.

Islam y sociedad árabe
En tercer lugar, el texto analiza las relaciones entre cristianos y musulmanes, convivencia que en esa tierra dura desde hace 1.400 años y que está regida por dos principios: «En primer lugar, todos, cristianos y musulmanes, pertenecemos a un solo pueblo; compartimos la misma historia, la lengua, la cultura y la sociedad».

«En segundo lugar –añade la comisión–, en cuanto cristianos árabes, estamos llamados a ser testigos de Jesucristo en nuestra sociedad árabe y musulmana, al igual que en la sociedad israelí judía».

Si bien reconocen que en la vida cotidiana las relaciones en Tierra Santa entre cristianos y musulmanes son «en general buenas», los teólogos constatan dificultades: «ignorancia y prejuicios recíprocos, un vacío de autoridad que provoca inseguridad, una discriminación que tiende a la islamización en algunos movimientos políticos, amenazando así no sólo a los cristianos, sino también a numerosos musulmanes deseosos de una sociedad abierta».

«Cuando la islamización constituye una violación de la libertad de los cristianos, insistimos en la necesidad de respetar nuestra identidad y nuestra libertad religiosa», añaden.

«En esta situación, tratamos de ayudar a nuestros fieles árabes, que son la mayoría de nuestro rebaño, a integrar y a vivir la complejidad de su identidad como cristianos, como árabes y como ciudadanos de Jordania, Palestina e Israel», añade el documento.

«El hecho de que los cristianos no sean numerosos no significa que no tienen importancia o que deben dejarse llevar por el desaliento. Alentamos a todos nuestros fieles a tomar su lugar en la vida pública y a contribuir en todos los campos de la construcción de la sociedad», concluye la comisión.

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ZENIT Staff

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