Abierto el proceso de beatificación de 124 mártires coreanos

Muertos por su fe en 1791

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SEÚL, 9 diciembre 2003 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha aprobado la apertura del proceso de beatificación de 124 mártires coreanos: Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros que fueron torturados y asesinados por odio a la fe en 1791, al principio la introducción del cristianismo en Corea.

Así lo ha hecho saber la Comisión Episcopal para la Beatificaciones y Canonizaciones de la Conferencia Episcopal de Corea –que ha hecho publico el consentimiento de la Santa Sede para la apertura del proceso– a la agencia Fides.

Fue el año pasado cuando la Iglesia en el país entregó a la Congregación para las Causas de los Santos la documentación relativa a los 124 mártires.

Obtenida la aprobación, la Comisión ha nombrado un comité de expertos en historia que servirá como consultor para la Congregación vaticana. Preside dicho comité el profesor Andrea Kim Jin-so, director del Centro de Investigación Histórica de Honam, en Corea.

En 1791, Paul Yun Ji-Chung, miembro de una familia noble coreana, convertido al cristianismo, se negó a sepultar según el rito tradicional del Confucionismo –difundido en Corea– a su madre fallecida.

Se informó del hecho a las autoridades y se desató una persecución contra un gran número de cristianos, conocida como «persecución de Sin-hae».

Paul Yun Ji-Chung se convirtió en el primer mártir coreano procedente de una familia de elevada posición social. Junto a él, muchos otros nobles fueron exiliados o asesinados.

El gobierno anunció formalmente que el cristianismo, introducido en el país en 1784, se prohibía como «un culto malvado que destruía las relaciones humanas y el orden moral tradicional».

La comunidad católica de Corea sobrevivió en la clandestinidad hasta 1895, fecha en que se obtuvo la libertad de credo.

Este siglo, en cualquier caso, estuvo marcado por cuatro grandes persecuciones: la de Shinyu en 1801 (103 mártires que fueron canonizados por Juan Pablo II en 1984); la de Gyhae, en 1839; la persecución de Byung-o en 1846 y la de Byung-In en 1866. La Iglesia estima que no menos de 16.000 coreanos fueron martirizados en este período.

«Es un caso único en la historia de la Iglesia: fueron los propios laicos coreanos los que introdujeron la fe en Corea», explica el profesor Domenico Youn Minku –de la Universidad de Suwon–, postulador de la causas de beatificación de los primeros mártires coreanos.

«Los estudiosos coreanos descubrieron la fe leyendo en chino libros que habían llevado misioneros europeos a China –aclaró–. Tras el primer bautismo en 1784, la joven Iglesia pronto sufrió una fiera persecución. La fe vital y valiente sobrevivió. Actualmente, los católicos coreanos se cuentan entre los más dinámicos del mundo».

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ZENIT Staff

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