El abandono en Dios, clave para alcanzar la alegría; advierte el hermano Roger de Taizé

En su carta 2004 para los encuentros de jóvenes organizados por la Comunidad

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PARÍS, 18 diciembre 2003 (ZENIT.org).- El camino hacia las fuentes de la bondad, de la alegría y de la confianza es el abandono en Dios, afirma el hermano Roger, de Taizé, en su carta 2004 publicada el pasado lunes.

Traducida a 57 lenguas –24 de ellas asiáticas–, la misiva del fundador de la Comunidad Ecuménica de Taizé ha sido difundida con ocasión del encuentro europeo de jóvenes en Hamburgo –del 29 de diciembre al 2 de enero próximo– en la XXVI «peregrinación de confianza a través de la tierra» (Cf. Zenit, 9 noviembre 2003).

El texto será retomado y meditado durante el año 2004 en los encuentros de jóvenes que tendrán lugar tanto en Taizé (Francia) semana tras semana como en otros lugares del mundo.

Para el hermano Roger, la alegría –que «nos aporta un soplo de vida»– «no la creamos nosotros, es un don de Dios», y la «bondad del corazón» «nos hace estar atentos a los que sufren».

«¿Pero cómo ir a las fuentes de la bondad, de la alegría, e incluso a las de la confianza? Al abandonarnos en Dios, encontramos el camino», sugiere en su carta.

«Por lejos que nos remontemos en la historia –advierte–, multitud de creyentes han sabido que, en la oración, Dios aportaba una luz, una vida desde dentro».

«Dios está presente también cuando el fervor se disipa y cuando se desvanecen las resonancias sensibles –constata–. Nunca somos privados de su compasión», «somos nosotros los que a veces estamos ausentes».

También «el deseo de una comunión con Dios es depositado en el corazón humano desde toda la eternidad».

Según explica el hermano Roger, «Cristo es comunión. No ha venido a la tierra para crear una religión más, sino para ofrecer a todos una comunión en él».

Y «en esta comunión única que es la Iglesia, Dios ofrece todo para ir a las fuentes: el Evangelio, la Eucaristía, la paz del perdón».

«Cuando la comunión entre los cristianos es vida, no teoría, irradia la esperanza –recalca el hermano Roger–. Más aún: puede sostener la búsqueda indispensable de una paz mundial».

«Muchos se hacen la pregunta: ¿qué es lo que Dios espera de mí? Y he aquí que, leyendo el Evangelio, llegamos a comprenderlo: Dios nos pide ser en toda situación como un reflejo de su presencia», revela.

Y es que «no sólo los responsables de los pueblos construyen el futuro». Por muy débiles que seamos, «Dios nos ofrece poner reconciliación allí donde hay oposiciones y la esperanza donde hay inquietud», y «nos llama a hacer accesible, por nuestra vida, su compasión por el ser humano», subraya el hermano Roger.

Más información en www.taize.fr.

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ZENIT Staff

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