«Los milagros de la Pasión»; un libro sobre el impacto de la película de Mel Gibson

Habla su autor, el periodista italiano Giancarlo Padula

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ROMA, martes, 13 julio 2004 (ZENIT.org).- «La Pasión de Cristo», la película dirigida por Mel Gibson, ha cambiado la vida de muchas personas, como constata un libro recién publicado en Italia.

El volumen, que lleva por título «Los milagros de la Pasión» («I miracoli della Passione» editorial LER, Piccola Opera della Redenzione), ha sido escrito por Giancarlo Padula, 51 años, periodista católico.

Para comprender qué son estos «milagros», Zenit ha entrevistado al autor.

–¿Cómo se le ha ocurrido escribir ahora un libro sobre «La Pasión», cuatro meses después de haber escrito otro que llevaba por título «Los secretos de la Pasión de Cristo»?

–Giancarlo Padula: El trabajo precedente se centraba más en el aspecto teológico, espiritual, en el misterio de Cristo, el Hijo de Dios, que afronta un sufrimiento tremendo para salvarnos a cada uno de nosotros personalmente y a toda la humanidad del pecado y de la muerte. Era un libro cristocéntrico que examinaba algunos de los aspectos de la obra de Gibson.

«Los milagros de la Pasión» es muy diferente. Se trata de un reportaje periodístico sobre los efectos provocados en todo el mundo por la proyección de la película. Se habla de conversiones, de auténticos milagros (la conversión de hecho es en sí un milagro), de hechos, situaciones, comentarios, reacciones.

–¿De qué milagros habla?

–Giancarlo Padula: El milagro más grande que puede realizar el Señor en una persona no es sólo la curación física o espiritual, sino sobre todo la conversión: un ateo profundamente convencido, por ejemplo, que acoge a Cristo y la salvación; un asesino en Texas que se arrepiente y se presenta ante la policía; un terrorista de Oslo que confiesa algunos atentados…

Una niña estadounidense que muere en la bañera y que resucita milagrosamente cuando su padre proclama las palabras del profeta Isaías que aparecen en la presentación de la película: «con sus heridas hemos sido curados» (Isaías 53, 5; cf. 1 Pedro 2,25). Después se citan los prodigios que experimentó uno de los que trabajaban en la película, sobre el que en dos ocasiones cayeron dos rayos.

–Desde su punto de vista, ¿han prevalecido los comentarios positivos o las críticas?

–Giancarlo Padula: Sin duda los positivos. En general, en todas las partes del mundo, incluidos los países islámicos, ciertamente haciendo distinciones, la película de Mel Gibson ha sido acogida como una gran obra de arte y de fe.

Esta obra de arte ha provocado en muchas personas auténticos cambios de vida. Este es un signo por el que una obra es querida por el Señor, pues la Palabra de Dios en este sentido es muy clara: «Por sus frutos los conoceréis…» como subrayan los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.
Las formas artísticas, en particular el arte visual y la música, son óptimos medios y apoyos para la nueva evangelización, como ha subrayado el Papa Juan Pablo II.

–¿Hay otros episodios particulares?

–Giancarlo Padula: Además de los citados, descritos en el libro, puedo citar la conversión de un ateo que, al escuchar la narración de su hija, que había quedado sumamente impresionada por la película, fue a ver la película y salió del cine llorando y con el corazón contrito.

–Y usted, personalmente, ¿cómo reaccionó?

–Giancarlo Padula: Me invitaron a ver la película antes de su presentación en las salas. Todavía faltaban imágenes. Lo que me impresionó no fue la violencia –que de hecho sigue los hechos sucedidos– sino más bien la dulzura y la actitud de espíritu del protagonista para afrontar la ola de violencia que se abatió sobre el Hijo de Dios para rescatar al hombre del pecado. Me impresionó la mano de Gibson, que martillea el clavo. Es también mi mano, cada vez que cometo un pecado.

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ZENIT Staff

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