Las vacaciones: redescubrimiento del silencio

Juan Pablo II abre pistas de reflexión en este verano

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CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 31 julio 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha estado dando consejos sobre cómo lograr estar más cerca de Dios durante las vacaciones. Fresco, por sus 12 días en los Alpes italianos, el Papa en su mensaje del domingo 17 de julio confiaba el periodo de vacaciones a María, pidiéndole que nos ayudara a apreciarlas como «un momento propicio para redescubrir la primacía de la vida interior».

El domingo anterior, en su comentario del Ángelus, el Papa reflexionaba sobre sus experiencias en las montañas y observaba que, en medio de la naturaleza, «se experimenta fácilmente cuán benéfico es el silencio, un bien hoy cada vez más raro». Juan Pablo II observaba que el mundo de hoy tiene tanto que ofrecer en términos de contactos personales e información que las personas pueden encontrarse sin ninguna oportunidad de reflexionar ni orar.

«En realidad, sólo en el silencio el hombre logra escuchar en lo más profundo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente lo hace libre», afirmaba. «Y las vacaciones pueden ayudar a redescubrir y a cultivar esta indispensable dimensión interior de la existencia humana».

El Santo Padre pedía que se recordase el ejemplo de María, observando que en sus excursiones se había encontrado con muchas capillas en las montañas, y le pedía que «nos ayude a captar en la belleza de la creación un reflejo de la gloria divina, y nos impulse a tender con todas nuestras energías hacia la cumbre espiritual de la santidad».

Experiencias humanas y espirituales
Como alguien acostumbrado a ir de excursión, a esquiar y a nadar, hasta sus problemas físicos, el Papa aprecia claramente la importancia de las actividades deportivas. En su comentario del Ángelus del 4 de julio, habló de «oportunas iniciativas recreativas, enriquecidas por genuinas relaciones humanas». Y a los jóvenes en la audiencia general del 23 de junio, Juan Pablo II les decía: «Os deseo a vosotros, que estáis ya de vacaciones, que aprovechéis el verano para realizar experiencias humanas y espirituales formativas».

El Papa trató de estos aspectos sociales de las vacaciones en su mensaje para el próximo Día Mundial del Turismo. Habló de las posibilidades que tiene el turismo para mejorar las relaciones entre las personas. Esto se logra, observaba, cuando esta relación «es cordial, respetuosa y solidaria» (No. 1). Cuando se logran estas condiciones es «como una puerta abierta a la paz y la convivencia».

El turismo también puede servir para mejorar nuestra comprensión de las culturas extranjeras, añadía el Papa. «En efecto, muchas de las situaciones de violencia que sufre la humanidad en nuestros tiempos tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el rechazo de los valores y la identidad de las culturas ajenas. Por eso, podrían superarse tantas veces mediante un mejor conocimiento recíproco» (No. 1).

Pero para lograr esto, continuaba, debemos basar nuestras relaciones sobre lo que es «el principio supremo que debe regir la convivencia humana», es decir, «el respeto a la dignidad de cada uno, creado a imagen de Dios y, por tanto, hermano de todos los demás».

Deportes y virtud
Dado que el tema de Día Mundial del Turismo de este año es el deporte y el turismo, el mensaje del Papa también tenía algunas palabras de consejo sobre las actividades deportivas. Advertía que el deporte no debería mezclarse con «el mercantilismo exacerbado, la competitividad agresiva, la violencia contra las personas y las cosas, hasta llegar incluso a la degradación del medio ambiente o la ofensa a la identidad cultural de quien acoge» (No. 2).

Más bien, Juan Pablo II recomendaba que la práctica del deporte «debe estar acompañada por la templanza y la educación a la renuncia; con mucha frecuencia requiere también un buen espíritu de equipo, actitudes de respeto, aprecio de las cualidades de los demás, honestidad en el juego y humildad para reconocer las propias limitaciones» (No 3).

También invitaba a los cristianos a mirar las actividades deportivas como una oportunidad de desarrollar las virtudes cardinales de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, según intervienen «en la carrera por la corona ‘que no se marchita’, como escribe san Pablo».

Citando su homilía del 2000 en el Jubileo de los Deportistas, el Papa pedía «un deporte que tutele a los débiles y no excluya a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la apatía y de la indiferencia, y suscite en ellos un sano espíritu de competición». Esta forma de deporte, continuaba la homilía, puede ser un «factor de emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a construir un mundo más fraterno y solidario».

Vivido con este espíritu el deporte puede contribuir «a hacer que se ame la vida y que eduque al sacrificio, al respeto y a la responsabilidad, llevando a una plena valorización de cada uno», concluía.

Pautas pastorales
Recomendaciones más detalladas sobre el turismo se pueden encontrar en el documento, publicado por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, «Orientaciones para la Pastoral del Turismo».

El Pontificio Consejo observa que necesitamos comprender mejor el concepto de tiempo de vacaciones, cuando podemos descansar de nuestras ocupaciones normales. «El sentido del descanso no radica sólo en la necesaria recuperación de la fatiga del trabajo» (No. 6). El verdadero y más profundo sentido del descanso, explica el documento, se alcanza cuando dedicamos más nuestro tiempo a Dios y al servicio de los demás, especialmente nuestra familia.

La lectura, los eventos culturales, los deportes y el turismo son algunas de las actividades que podemos realizar cuando tenemos tiempo libre. Pero el consejo advierte: «Existe el peligro que el reposo sea considerado como un simplemente no hacer nada» (No. 7). Por el contrario, el concepto de descanso «consiste principalmente en la recuperación de un equilibrio personal pleno, que las condiciones de la vida ordinaria tienden a destruir. Para alcanzar este equilibrio personal no basta una mera interrupción de toda actividad, sino que deben procurarse unas condiciones determinadas para recuperar el equilibrio».

El turismo puede satisfacer algunas de estas condiciones, al darnos una pausa de nuestro ambiente normal, y ofrece muchas actividades: un nuevo contacto con la naturaleza; un conocimiento más directo de la herencia artística y monumental; más relaciones humanas con otras personas; contacto con otras culturas.

Pero, en medio de todas estas actividades, el pontificio consejo recomienda en sus directrices que no podemos excluir el tiempo de turismo como un tiempo a parte de Dios. El «tiempo dedicado al turismo de ninguna manera puede ser excluido de esta historia de amor incesante en la que Dios visita al hombre y le hace partícipe de su gloria» (No. 14).

Además, dice el documento, «una atenta percepción de los valores que pueden manifestarse en la práctica del turismo, sugiere la posibilidad de comprender de manera más intensa algunos de los aspectos centrales de la historia de la Salvación»

El consejo también recomienda que cuando tengamos una oportunidad de gozar de unas vacaciones recordemos «la acción de gracias por el don de la Creación en la que resplandece la belleza del Creador, por el don de la libertad pascual que le hace solidario de todos sus hermanos en Cristo el Señor, por el don de la fiesta con la que el Espíritu le introduce en la patria definitiva, anhelo y meta de su peregrinar en este mundo».

De esta forma, afirmaban estas pautas, el tiempo de vacaciones tiene una dimensión eucarística «que debe hacer del tiempo de turismo un tiempo de contemplación, un tiempo de encuentro, un tiempo de gozo compartido en el Señor para alabanza de su gloria».

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ZENIT Staff

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