El milagro de la Eucaristía explicado a los niños

Distribuido en el Congreso de Guadalajara el «Pequeño Catecismo Eucarístico»

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ROMA, viernes, 22 octubre 2004 (ZENIT.org).- Entre las publicaciones difundidas por el 48º Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Guadalajara (México) del 10 al 17 de octubre, se encuentra el «Pequeño Catecismo Eucarístico».

La publicación, pensada para los niños, es un verdadero abecedario de la fe, de fácil lectura, y muy iluminador por su contenido.

ZENIT ha querido saber cómo se está difundiendo por el mundo este librito y en qué modo está favoreciendo el conocimiento y la práctica de la Eucaristía, y por ello ha entrevistado a la creadora e impulsora del proyecto, Antonia Salzano, presidenta del Instituto San Clemente Papa y «Curator» de la Pontificia Academia Cultorum Martyrum.

–¿Cómo ha nacido la idea de escribir y publicar un Pequeño Catecismo sobre la Eucaristía?

–Antonia Salzano: Por una idea propia. He reflexionado sobre la percepción que tiene la gente de la Eucaristía y me he convencido de que había puntos extremamente confusos.

Me puse en contacto con el padre Roberto Coggi, que es profesor de Dogmática en Bolonia, al que había oído hablar varias veces sobre la Eucaristía, proponiéndole escribir un catecismo sobre la Eucaristía en una forma editorial fácil, a base de preguntas y respuestas.

–¿Qué le preocupaba en concreto sobre la percepción de la Eucaristía?

–Antonia Salzano: Muchos puntos controvertidos. Por ejemplo, en algunas facultades teológicas, he oído decir que la Eucaristía es un hecho subjetivo y, si tu crees Jesús está, pero si no crees Jesús no está.

También he oído decir que la Transubstanciación es un término equivocado porque lo que importa es la asamblea. En este sentido, no se podría hablar de presencia real porque lo que cuenta es que la asamblea se encuentre reunida, por lo que la adoración eucarística, fuera de la asamblea, no tiene sentido.

Además hay muchos que sostienen que Jesús está presente en la Sagrada Escritura de igual modo que en la Eucaristía. A los niños, por ejemplo, en muchos casos, se les presenta la Eucaristía como una cena en la que se cancela el aspecto sacrificial y la presencia real de Cristo, de manera que la comunión se convierte en un hecho de comunidad reunida. En fin, una serie de ideas confusas y llevadas al extremo.

De todo ello, ha surgido la idea de aclarar las cosas, insistiendo sobre las verdades fundamentales respecto a Dios y la divinidad de Jesús, con un subrayado de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

–Fundamentalmente es un libro escrito sobre todo para educar a los niños…

–Antonia Salzano: El objetivo era el de un librito ágil para grandes y pequeños. Los niños son mucho más agudos de lo que podamos imaginar. Todos preguntan por qué el trozo de pan se convierte en Cuerpo de Cristo y este librito, con muchas imágenes, les facilita y les ayuda.

Para los adultos es importante ver cómo es posible explicar el misterio de la Eucaristía a los niños.

–¿Cómo nació el Pequeño Catecismo Eucarístico y como lo están difundiendo?

–Antonia Salzano: El proyecto nació en el año 2000. El trabajo de creación y escritura ha durado más de un año. La primera edición del libro es de 2002. En Italia ha sido ya reeditado varias veces por parte de «Edizioni Studio Domenicano» de Bolonia.

Luego hemos empezado a distribuirlo también en el extranjero. Primero en Portugal, donde una comunidad, por mediación del obispo de Elvas, lo ha traducido al portugués y lo ha distribuido en el país.

La asociación «Ayuda a la Iglesia Necesitada» de Portugal adquirió diez mil ejemplares para distribuirlos. A continuación, dos grupos de Brasil, uno de los cuales es la comunidad de Schönstatt, empezaron a distribuirlo en todo el país.

En África, en concreto en Tanzania, tenemos un proyecto de colaboración con los salesianos y con la comunidad de «cristianos en el mundo», una comunidad religiosa que se inspira en san Alfonso María de Ligorio.

Estamos también preparando ediciones para la Europa del Este, Rumanía y Ucrania. La edición mexicana cuenta con una introducción escrita por el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, y en la sección de los santos eucarísticos se incluyen también los mártires mexicanos a causa de la fe. La edición ha sido distribuida en la diócesis del cardenal y el librito se han difundido también como cuaderno número 19 del Congreso Eucarístico Internacional.

–En el apéndice del volumen han incluido los principales milagros eucarísticos. ¿Por qué?

–Antonia Salzano: Hemos publicado los que han sido reconocidos por la Iglesia. El porqué es sencillo. Muchos no saben lo que quiere decir un milagro eucarístico, ni siquiera se lo imaginan.

Ya sólo el hecho de conocer estos milagros les obliga a pensar seriamente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Mucha gente se siente fascinada por las apariciones verdaderas o presuntas, pero la Eucaristía es Dios que cada día está presente entre nosotros, por lo tanto es más importante que otras apariciones. Lamentablemente mucha gente no lo sabe, porque si lo supiera haría cola para entrar en las iglesias, lo mismo que hace cola para ir a los santuarios.

–¿Qué milagros eucarísticos indicaría como los más sorprendentes?

–Antonia Salzano: El milagro eucarístico de Lanciano (Italia) es impresionante. Es el más antiguo, se remonta al siglo VIII, y ha visto las sagradas especies transformadas en carne y sangre. Un milagro ante el que la ciencia moderna se ha inclinado. El análisis de la hostia transformada en carne ha demostrado que se trata de tejido del miocardio.

También el milagro de Siena es impresionante. Las hostias consagradas de simple harina de trigo ázima, robadas y luego halladas en agosto de 1730, no se han alterado con el tiempo. Sólo las consagradas han permanecido intactas, mientras que las no consagradas se han deteriorado con el tiempo.

La ciencia moderna ha tratado por todos los medios de explicar el fenómeno, pero ha tenido que admitir que se trata de un milagro. Para nosotros, creyentes, se trata de una presencia real permanente, con las formas que se conservan intactas desde hace trescientos años.

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ZENIT Staff

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