La visita del Papa a Alemania ha contradicho muchos prejuicios

Según monseñor Carlos Aguiar Retes, vicepresidente del CELAM

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MÉXICO, lunes, 29 agosto 2005 (ZENIT.orgEl Observador).- Entre los jóvenes de las Jornadas Mundiales de la Juventud de Colonia, se encontraba monseñor Carlos Aguiar Retes, obispo de la diócesis de Texcoco, vicepresidente primero del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).En esta entrevista, traza un balance de su experiencia.

–¿Ve con esta Jornada Mundial un resurgimiento del catolicismo en el mundo, o siempre ha habido este fenómeno multitudinario en las pasadas jornadas?

–Monseñor Aguiar: Yo creo que fue una intuición profética del Papa Juan Pablo II. El Papa, teniendo un alma, un corazón que nace con los jóvenes y para los jóvenes, había constatado la fuerza que tienen. Estas jornadas mundiales tienen mucho que aportar, están siendo promotoras de una pastoral más organizada en las diócesis, están siendo generadoras de procesos de seguimiento de Cristo para el joven, para conocerlo mejor, también para descubrir la vida de la Iglesia, aquí en Alemania está siendo sangre nueva para la Iglesia alemana.

–¿Cuál es el papel de los jóvenes en la sociedad?

–Monseñor Aguiar: El papel de los jóvenes lo ubico en la conciencia de que Dios ha querido un proyecto juvenil; un proyecto de vida. Los jóvenes se lanzan con muchas inquietudes que quieren satisfacer. E mundo les ofrece una variedad inmensa de experiencias, y después de un recorrido, la mayor parte de los jóvenes sienten un hueco, vacío, que no da respuesta a todas las inquietudes; entonces esto lleva al joven a redescubrir a Cristo en la fe. A un Cristo exigente, comprometido y fiel; a un Cristo que da respuesta a las inquietudes. Esto trae la posibilidad para la Iglesia de poder ser también fiel a su misión, de testimoniar ante el mundo que los valores del Evangelio son los que abren el camino a la felicidad.

Los jóvenes se vuelven la oportunidad histórica de recoger los valores del Evangelio de una manera viva, y desde ahí construir la nueva sociedad que requiere el mundo de hoy.

–¿Cuál es la nueva sociedad que requiere el mundo de hoy?

–Monseñor Aguiar: Lo que busca el hombre es un espacio en donde pueda construir la fraternidad auténtica, ejercer la oportunidad de compartir. Yo creo que los jóvenes están hartos de ver escenas de injusticia, de hambre, de violencia; todo esto los lleva a una gran insatisfacción.

La sociedad tiene una grande presencia del mal, lamentablemente le dedican un 90% en los medios de comunicación a esta presencia del mal y un 10% le dedican a la presencia del bien; el joven quiere trastocar este orden, y la sociedad que está soñando la juventud es una sociedad donde el 90% sea un testimonio de la presencia del bien, y si acaso el 10% de la presencia del mal. Para que esto se dé, tenemos que invertir los valores de cómo se mueve la economía, de cómo se mueven los intereses de las naciones, de cómo se mueven los interese de los medios; la sociedad está queriendo otras cosas. Este es el mundo que hay que construir, este es el gran reto que tiene la juventud de hoy.

–Monseñor,¿cómo explica el que la convocatoria a los jóvenes siga siendo vigente aún, cuando ya no está Juan Pablo II?

–Monseñor Aguiar: Dios escogió como método, como camino de comunicación con los jóvenes, la propia naturaleza humana, y por eso se encarnó. Dios nos habla con las angustias y esperanzas que tiene la persona. Esta jornada, no es un encuentro meramente masivo; hay un proceso de discernimiento de Dios, entonces, cuando son convocados, es la Iglesia quien los recibe.

Cuando al papa Juan Pablo II le preguntaban quién era la máxima autoridad de la Iglesia, él decía: «Cristo». Este Misterio de la Encarnación, de la persona de Jesucristo de Nazareth, su amor no se agotó en el Cuerpo y Alma, sino que se prolongó en cada uno de sus seguidores, cada uno de nosotros estamos llamados a encarnar a Cristo. El Papa encarna a Cristo de una manera más amplia, porque lo encarna en su vida personal, en su ministerio, en su misión de estimular y fortalecer el camino de sus hermanos los obispos, esto lo hizo Juan Pablo II, pero sin lugar a dudas lo seguirá haciendo el Papa Benedicto XVI.

Por eso los jóvenes, aunque no lo conozcan, reconocen a Cristo, que los está convocando en nombre de Jesucristo, la iniciativa viene de arriba, de Dios, eso está pasando.

–Usted dirigió catequesis a los jóvenes, ¿cuál era la finalidad? ¿Cuántos peregrinos fueron y de qué nacionalidades eran?

–Monseñor Aguiar: La finalidad era la preparación inmediata de la Jornada. Cada Obispo las preparamos de acuerdo a nuestro carisma y nuestra manera de explicar, pero va sobre el mismo eje, que en este caso fue el de buscar la verdad, y también poder ser generadores de Dios en este mundo de hoy. A mí me parece que tenían un hilo conductor muy iluminador para el momento actual que vive la juventud. Y así lo experimenté en ambas catequesis, el joven está inquieto por conocer más de Dios, pero también tiene muchas limitaciones en las formas de hacerlo; quiere pero no sabe cómo, entonces hay que orientar, instruir, dar algunas líneas, y eso es lo que hice en las dos catequesis.

En la primera hablé de cómo tener un encuentro con Dios, hay que decirle al joven cómo se hace eso, de qué manera se recorre el camino, con qué elementos realizar estos recursos. Y en la segunda: cómo descubrir la manera de ofrecer a Dios nuestra existencia, y que de esta forma encuentren un sentido a la Eucaristía y a la adoración personal.

Me tocó, en las dos catequesis, con un grupo mayoritariamente de mexicanos; de la Ciudad de México, Querétaro, San Luis, Colima, Toluca, Tlaxcala, Puebla, Saltillo, Zacatecas, San Juan de los Lagos; y también había de Argentina. En la primera hubo más de 400 asistentes. En la segunda eran mayoritariamente de Monterrey. Esto hizo que al público lo conociera muy bien, y me sentía como en casa.

–Concretamente ¿qué frutos cree que pueda tener este encuentro internacional?

–Monseñor Aguiar: Yo creo que el primer fruto va a ser aquí mismo, en Alemania; escucha uno por todos lados la sorpresa que están teniendo alemanes, sean o no creyentes, sean o no católicos, les viene a revolucionar la manera de concebir la religión, porque para ellos la religión está en franca decadencia, es algo que va pasando y el milenio augura la pérdida total de manifestaciones externas de lo religioso, laicismo, o lo que dice el liberalismo; que la religión es individual y que no tiene ninguna razón de tener manifestaciones públicas, entonces, el hecho de ver a tantos jóvenes que manifiestan públicamente su fe y están convocados por su fe, pues es un fenómeno que nadie puede negar, replantea las hipótesis, la manera de enfrentarse a la religión, eso ya es el primer fruto, provocar la reflexión.

El segundo fruto, creo que el Papa Benedicto XVI lo toca en su primer viaje, en su primera venida a su tierra ya siendo Papa, que si se hubiera querido planear no hubiera salido. A un Papa considerado conservador le toca verse con la sangre nueva, con los jóvenes que lo proclaman, este hecho replantea muchos prejuicios que se tienen, no sólo en Alemania; y al mismo tiempo le da al Papa la oportunidad de encontrarse por primera vez en su país, haciendo necesariamente una revisión de cómo está la Iglesia en Alemania y la Iglesia en el mundo entero.

Los demás frutos serán siempre en la misma línea, el crecimiento de los jóvenes en su fe, la conciencia de que la Iglesia es universal, la necesidad de seguir buscando expresiones, de poner en común, de compartir la solidaridad; es decir, yo creo que este encuentro será sangre fresca para renovar a la Iglesia.

[Texto distribuido por la Conferencia del Episcopado Mexicano]

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ZENIT Staff

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