Benedicto XVI se hace presente en la renovación de la Consagración de México al Sagrado Corazón

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 junio 2006 (ZENIT.orgEl Observador).- Benedicto XVI se ha hecho presente con un mensaje en la renovación de la consagración de la Nación Mexicana al Sagrado Corazón de Cristo Rey, que tuvo lugar este viernes.

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La iniciativa, adoptada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ha tenido lugar con motivo de la visita a México de las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, confidente y apóstol del Corazón de Jesús.

El acto tuvo lugar en el Monumento Nacional a Cristo Rey, «El Cubilete», en Guanajuato, durante una concelebración eucarística de los obispos de México, presidida por monseñor José Guadalupe Martín Rábago, obispo de León y presidente de la CEM, con la presencia de sacerdotes y laicos de todo el país.

Un mensaje enviado por Benedicto XVI a través del cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, alienta a los católicos mexicanos «a abrir sus vidas al misterio del amor de Dios para que se instaure en todos los corazones su reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz».

En el texto, «el Papa les invita a que, alimentándose del pan eucarístico y unidos íntimamente a Cristo, realmente presente en el Santísimo Sacramento, colaboren en la construcción de una sociedad cada vez más impregnada de los auténticos valores evangélicos».

Tras invocar «la maternal protección de Nuestra Señora de Guadalupe», Benedicto XVI «imparte a todos los hijos de esa amada Nación la implorada Bendición Apostólica».

La Consagración ya había sido proclamada el 11 de octubre de 1924, durante el Primer Congreso Eucarístico Nacional, por los obispos mexicanos en pleno en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, justamente cuando iniciaba el período más violento de la persecución religiosa en el país.

En la fórmula de consagración se encomendó al Sagrado Corazón «esta Patria querida: a los gobernantes, para que trabajen siempre por el bien común; a las familias, para que forjen en las virtudes humanas y cristianas el corazón de las nuevas generaciones; a los indígenas y campesinos, obreros e inmigrantes, para que alcancen un mejor nivel de vida y un pleno respeto de su dignidad y sus derechos».

En el acto, se encomendó entre otros a «los legisladores y a los profesionales de la salud, para que respeten y defiendan la vida desde su inicio en el seno materno hasta su conclusión natural; a los que se dedican a la educación, la cultura, el arte y los medios de comunicación social, para que contribuyan a un mejor y más armónico desarrollo de la sociedad difundiendo valores auténticos».

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ZENIT Staff

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