En una carta dirigida al cardenal español, que ha sido camarlengo desde el 5 de abril de 1993, Benedicto XVI expresa su «agradecimiento por la diligencia, competencia y amor con la que ha desempeñado esta tarea al servicio de la Santa Sede y de la Iglesia universal».
En particular, el obispo de Roma expresa «sincero aprecio por la gran dignidad y la solemne sobriedad con la que usted ha desempeñado el papel de camarlengo de la Santa Romana Iglesia en el momento del pío tránsito del fallecido Papa Juan Pablo II, con motivo de la extraordinaria manifestación de fe durante los funerales del querido pontífice, durante todo el período de la Sede Vacante y en el desempeño de los trabajos del cónclave para la elección del nuevo Papa».
El camarlengo desempeña fundamentalmente dos encargos: en primer lugar, cuando el pontífice está de viaje o ausente, administra los bienes temporales de la Santa Sede. Es mucho más conocida, sin embargo, la tarea que asume tras la muerte del pontífice: es el cardenal que preside el período de la así llamada sede vacante.