El Papa pide un cambio de mentalidad a los obispos portugueses

La Iglesia «no debe hablar ante todo de sí misma, sino de Dios»

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 13 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Ante el número cada vez mayor de cristianos que no practican su fe en Portugal, Benedicto XVI ha pedido a la Iglesia en ese país un cambio de mentalidad.

Su exhortación fue recogida este sábado por los obispos lusos que concluían su quinquenal visita «ad limina apostolorum».

La Iglesia, alertó el Papa, «no debe hablar ante todo de sí misma, sino de Dios».

«Con esto –aclaró– no quiero decir que no haya que discutir sobre la recta organización en la Iglesia y sobre la atribución de responsabilidades: siempre hay desequilibrios que exigen correcciones»

Ahora bien, indicó, «estas cuestiones no deben distraernos de la auténtica misión de la Iglesia».

«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva», dijo repitiendo uno de los mensajes centrales del pontificado.

«La evangelización de la persona y de las comunidades humanas depende totalmente de este encuentro con Jesucristo», indicó.

«Dada la ola creciente de los cristianos que no son practicantes en vuestras diócesis –reconoció–, quizá vale la pena verificar la eficacia de los actuales procesos de iniciación, para ayudar cada vez más al cristiano a madurar con la acción educadora de nuestras comunidades, y a asumir en su vida una impronta auténticamente eucarística, que le haga capaz de dar razón de su propia esperanza de modo adecuado en nuestra época».

Según el Papa, en estos años, «la confesión más frecuente en los labios de los cristianos ha sido la falta de participación en la vida comunitaria».

«Es necesario cambiar el estilo de organización de la comunidad eclesial portuguesa y la mentalidad de su miembros para tener una Iglesia en sintonía con el Concilio Vaticano II, en la que quede bien definida la función del clero y del laicado, teniendo el cuenta el hecho de que todos somos uno, desde que fuimos bautizados e integrados en la familia de los hijos de Dios, y todos tenemos la común responsabilidad del crecimiento de la Iglesia».

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ZENIT Staff

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