El cardenal Scola hace balance de los 5 años de pontificado de Benedicto XVI

Resume su enseñanza en la pregunta: “¿alguien me quiere?”

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VENECIA, domingo, 18 de abril de 2010 (ZENIT.org).-Publicamos el balance de los cinco años de pontificado de Benedicto XVI, que se celebran este lunes, 19 de abril, realizado por el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, y publicado por la última edición del semanario «Alfa y Omega».

* * *

 

«Dios es el tema práctico y el tema realista para el hombre, entonces y siempre». Son palabras que, lejos de cualquier tipo de consideración abstracta sobre la aventura humana, consiguen más bien entender la Historia en su aspecto más radical: su significado y su destino hacen emerger como cuestión central la cuestión de Dios.
El teocentrismo que caracteriza toda la obra del pensador Ratzinger y del magisterio de Benedicto XVI no hay que entenderlo, sin embargo, en antítesis con la centralidad del hombre y de toda la realidad creada. Porque la centralidad de Dios no puede ir jamás contra el hombre y el cosmos; más bien asegura su real consistencia. Hasta el punto de que, como ha puesto de relieve el Papa Benedicto XVI, «si falta Dios, decae la esperanza. Todo pierde espesor». Para que «Dios no falte», es necesario que Lo podamos reconocer, que nos sea contemporáneo, que podamos encontrarlo personalmente.

Si es verdad que la «gran esperanza sólo puede ser Dios», hay que reconocer que no hablamos de un Dios cualquiera, sino del Dios de Jesucristo. Es el acontecimiento salvífico de Jesucristo, presente en la Historia, y por tanto contemporáneo nuestro justamente, de manera eminente a través de la acción sacramental, el que nos asegura que la centralidad de Dios no es incompatible con la centralidad del hombre-cosmos.

El Dios encarnado precede siempre al hombre -lo espera, dice Benedicto XVI-, suscitando su demanda de salvación, que es la demanda de libertad y de felicidad, podríamos decir, utilizando las dos palabras preferidas por la sensibilidad de los hombres de hoy. O tal vez, yendo todavía más a fondo, que es la pregunta de las preguntas, el interrogante que el corazón del hombre no cesa de anhelar, es decir, la demanda de amor. No la pregunta abstracta sobre la naturaleza del amor, sino la concreta y personal: «En resumidas cuentas, ¿alguien me quiere?».

A esta pregunta radical, responde Dios mismo revelando su nombre: «Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, uno en esencia y trino en las personas: Dios es Amor».

La experiencia del amor brota para cada uno de nosotros de la experiencia de ser amados que permanentemente nos precede y nos constituye; una precedencia que vive eucarísticamente en la Iglesia, el pueblo de Dios.

A propósito de los grandes oradores romanos, Leopardi apostilla en su Zibaldone: «Fijaos cómo la verdadera elocuencia nunca ha florecido más que cuando ha tenido al pueblo como oyente; quiero decir a un pueblo dueño de sí mismo, y no siervo, un pueblo vivo y no un pueblo muerto».

Las palabras del Papa Benedicto tienen ciertamente como interlocutor a un pueblo así, y no sólo al pueblo de los fieles. La conmovedora dedicación, la humildad y la energía espiritual con la que se toma en serio a este pueblo, explica la densidad de su magisterio y la extraordinaria escucha, que, desde hace cinco años, recibe por parte de todos, jóvenes y adultos, sencillos y eruditos, desde los niños hasta los intelectuales y los jefes de Estado. ¿Puede alguien, entonces, asombrarse si su enseñanza y su persona, tras las huellas de Cristo, resultan algunas veces signo de contradicción?

En este quinto aniversario de su pontificado, los cristianos reiteran al Papa Benedicto XVI con fuerza su afecto y su apasionado seguimiento.

[El cardenal Scola mantiene un blog en http://angeloscola.it]

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ZENIT Staff

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