SYDNEY, viernes 23 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El arzobispo de Sydney, el cardenal George Pell, destacó que la pedofilia es un problema, pero añadió que la llamada liberación sexual y la propagación de la pornografía también deben ser despreciados.

Lo afirmó en un artículo publicado el domingo en la web de la arquidiócesis de Sydney, en el que afirmó que “el abuso sexual de niños es un crimen horrible”.

“Que sacerdotes católicos y miembros de órdenes religiosas se encuentren entre los peores abusadores llena a todos los católicos, incluido a mí mismo, de horror e indignación”, subrayó.

Sin embargo, el prelado indicó que “no es sólo un problema de la Iglesia, aquí o en el extranjero”.

Y explicó: “La implacable extensión de la pornografía en algunas partes de la cultura, y la presión por la 'liberación' sexual, que en sus extremos quiere la aceptación de la pedofilia como una preferencia sexual más, también son parte del problema”.

“El Papa Benedicto XVI ha sido sometido a un intenso examen en las últimas semanas sobre su manejo del abuso sexual por sacerdotes”, constató el cardenal.

“Una atención de los medios de comunicación como ésta puede ser abrasiva -continuó-. Pero, en Australia, esto desempeñó una significativa función ayudando a que la Iglesia enfrentara los abusos sexuales e hiciera justicia a las víctimas”.

El purpurado alertó que “algunas de las recientes coberturas han sido inexactas o han informado sólo de una parte de la historia”.

Acción decisiva

Sin embargo, añadió el cardenal, “la historia demuestra que el Papa Benedicto ha actuado con decisión y determinación para atender a las víctimas y erradicar de la Iglesia el abuso sexual”.

También recordó que “el Papa se ha encontrado con víctimas de abusos en Australia y en los Estados Unidos y les pidió disculpas públicamente”.

“Como alto cardenal bajo el Papa Juan Pablo II, se dio cuenta de que los procesos eclesiales eran inadecuados y de que los obispos locales habían cometido demasiados errores en el tratamiento de las denuncias de pedofilia”, continuó.

“Con Juan Pablo II, aceleró los procesos para investigar denuncias y apartar del sacerdocio a los sacerdotes abusadores”, añadió.

“Cuando destacados ateos piden que el Papa sea arrestado y llevado ante el Tribunal Penal Internacional, hay que preguntarse si están más preocupados por la grandilocuencia que por el abuso sexual”, señaló el cardenal.

“Como destacó un ateo británico, es irónico que algunos ateos quieran llevar a cabo su propia inquisición”.
 
“Richard Dawkins, uno de los que están detrás de la presión para arrestar al Papa, ha afirmado incluso que criar a un niño católico es más perjudicial que el abuso sexual -lamentó-. Esto no sugiere que se tome el abuso sexual en serio”.

El cardenal finalizó su artículo destacando que “la función del Papa Benedicto en la lucha contra este mal debería reconocerse” para que “otros miembros de la comunidad en general pudieran seguir su ejemplo”.