Benedicto XVI: “La fraternidad debe conducir a la búsqueda de la justicia”

Audiencia al nuevo embajador de Benín ante la Santa Sede

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 28 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que Benedicto XVI ofreció, este viernes en el Vaticano, al nuevo embajador de Benín ante la Santa Sede, Comlanvi Théodore Loko, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

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Señor Embajador,

Complacido le acojo al inicio de su misión ante la Santa Sede y le agradezco las palabras amables que me acaba de dirigir. Le agradecería que a cambio tenga la amabilidad de transmitir a Su Excelencia el Señor Thomas Boni Yayi, cuya visita no olvido, mis buenos deseos para su persona y para el cumplimiento de su alta misión al servicio del pueblo beninés. Agradézcale también haber querido que Benín tenga un Embajador ante la Santa Sede residente en Roma. Aprecio este gesto que destaca la excelencia de las relaciones que existen entre la República de Benín y la Santa Sede y la gran consideración que el pueblo de Benín tiene por la Iglesia católica. Mis deseos se dirigen igualmente al Gobierno y a las demás Autoridades de su país y a todos los benineses.

En su discurso, ha mencionado al fallecido Cardenal Bernardin Gantin. Fallecido hace ya dos años, este destacado hombre de Iglesia, no ha sido únicamente un noble hijo de su nación, sino también un auténtico constructor de puentes entre culturas y continentes. Estoy seguro de que su figura será un ejemplo para numerosos beninenses, en particular para los más jóvenes. Su ministerio eclesial, por su parte, estimulará a los hombres y a las mujeres de Iglesia a realizar un servicio generoso y cada vez más competente para el mayor bien de su querido país, que celebrará el año que viene el 150º aniversario de su evangelización.

Hace veinte años, en febrero de 1990, se reunió la Conferencia de las Fuerzas vivas de la Nación. Este gran acontecimiento -que no era sólo político sino que testimoniaba también la relación íntima entre la fe y su expresión en la vida pública de Benín- ha determinado su futuro y continúa inspirando su presente. Pido a Dios que bendiga los esfuerzos de todos los que trabajan en la edificación de una sociedad erigida sobre la justicia y la paz, en el reconocimiento de los derechos de todos los componentes de la nación. La realización de un ideal así necesita la unión fraterna, el amor a la justicia y la valoración del trabajo.

Protagonistas de su propio destino, los benineses están invitados a promover una auténtica fraternidad. Ésta es una condición primordial para la paz social y un factor de promoción humana integral. Es una perla preciosa que hay que saber conservar y cultivar desterrando las divisiones que pueden llevar a socavar la unidad de la nación y la armonía en el seno mismo de las familias. Frente a posibles desestabilizaciones como esas, los valores tomados de su patrimonio cultural serán una ayuda preciosa para reafirmar su identidad y su vocación propia. Entre estos valores, querría destacar especialmente el respecto al carácter sagrado de la vida, del que es necesario sacar las consecuencias frente a todo lo que atenta contra ella, en particular en el marco de las legislaciones. Expresión concreta de la igual dignidad de todos los ciudadanos, la fraternidad es un principio fundamental y una virtud basilar para realizar una sociedad verdaderamente floreciente, ya que permite valorar todos los potenciales humanos y espirituales. La fraternidad debe también conducir a la búsqueda de la justicia cuya ausencia es siempre causa de tensiones sociales y da lugar a numerosas consecuencias nefastas. “La paz está en peligro cuando el hombre ve cómo se le niega lo que se le debe por ser hombre, cuando su dignidad no es respetada y cuando la coexistencia no está orientada al bien común” Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 494).

La búsqueda del interés personal en detrimento del bien común es un mal que carcome lentamente las instituciones públicas, frenando también el desarrollo integral del ser humano. Los actores políticos, económicos y sociales de una nación son como su “conciencia vigilante” que garantiza la transparencia en sus estructuras y la ética que anima la vida de toda la sociedad. Deben ser justos. La justicia acompaña siempre a la fraternidad. Constituye un factor de eficacia y de equilibrio social que permite a los beninenses participar en los recursos humanos y naturales, vivir dignamente y garantizar el futuro de sus hijos.

En el desarrollo de una sociedad, el trabajo ocupa un lugar de primer orden. En efecto, es co-existencial a la condición humana (cf. idem, n. 256), ya que el ser humano se realiza plenamente por su trabajo. El amor al trabajo lo ennoblece y crea una verdadera simbiosis entre las personas, así como entre el ser humano y los demás elementos de la creación. Valorando el trabajo, el hombre puede satisfacer sus necesidades vitales y puede contribuir a la construcción de una sociedad próspera, justa y fraterna. La divisa de Benín, Fraternidad – Justicia – Trabajo, es entonces como un verdadero compendio de la carta de una nación con altos ideales humanos. Su realización contribuye también a ampliar la solidaridad con otras naciones. En este sentido, deseo dirigir mi agradecimiento a todos los beninense por la fraternidad activa que demostraron con el pueblo haitiano en el reciente terremoto.

Deseo saludar cálidamente, a través suyo, a la comunidad católica de Benín y a sus pastores. Les aliento a ser cada vez más auténticos testigos de la fe y del amor fraterno que Cristo nos enseña. Querría apreciar también los esfuerzos de todos, especialmente de las Autoridades, para consolidar las relaciones de respeto y de estima recíprocas entre las confesiones religiosas de su país. La libertad religiosa no puede más que contribuir a enriquecer la democracia y favorecer el desarrollo.

En el momento en que comienza su misión de primer Jefe de Misión beninense, residente en Roma, acreditado ante la Santa Sede, le ofrezco, Señor Embajador, mis mejores deseos, garantizándole la plena disponibilidad de mis colaboradores para aportarle toda la ayuda que pueda necesitar en la realización de sus funciones. Pido a Dios que sostenga al pueblo beninés y, con mucho gusto, le doy la Bendición apostólica, así como a sus colaboradores y a su familia.

[Traducción del original francés por Patricia Navas

©Libreria Editrice Vaticana]

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ZENIT Staff

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