MANILA, miércoles 5 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Sólo unas elecciones limpias, honradas y con una conciencia política madura permitirán afrontar los cambios que necesita el país. Es el mensaje que la Conferencia Episcopal de Filipinas hizo público ayer, con motivo de las próximas elecciones, que se celebrarán el 10 de mayo.

Estas elecciones, que los obispos calificaron de “momento crucial de transición” en un comunicado anterior, podría suponer, según los prelados, “la muerte de un viejo orden y el surgimiento de algo nuevo”.

Ante esto, piden al pueblo una “conciencia madura” y a los políticos “honradez y transparencia”. Especialmente apelan a los católicos para que piensen en el bien del país antes que en intereses particulares.

Las elecciones se celebrarán, por primera vez en la historia de Filipinas, mediante el voto automatizado, lo que los obispos saludan, en principio, como un elemento que favorecerá una mayor transparencia.

Violencia

No es la primera vez que los obispos muestran su preocupación ante las próximas elecciones, después de los escándalos de corrupción institucional y violencia que ha caracterizado a los últimos Gobiernos, y ante la presión de grupos radicales, que se han incrementado en los últimos meses.

La situación es aún más crítica tras las acusaciones de pucherazo en las elecciones que dieron el poder a la actual presidenta, Gloria Macapagal. Ha habido detenciones y represalias, como la del grupo Morong 43 (un grupo de trabajadores sanitarios arrestados en febrero por el ejército bajo la acusación de terrorismo), fuertemente criticado por la Iglesia.

En noviembre de 2009, unos sicarios asesinadan en Maguindanao a un grupo de 57 civiles, entre ellos unos 30 periodistas, por orden de un clan local. Ha habido atentados con bomba y asesinatos en varias zonas del país.

La presión es extrema en la isla de Mindanao, considerada uno de los lugares más peligrosos de Asia, y donde actúan grupos rebeldes como el Frente Moro de Liberación Islámica, Abu Sayyaf y los comunistas del Nuevo Ejército del Pueblo, además de innumerables bandas dedicadas a la extorsión. De hecho, en los últimos días, el ejército ha ocupado la zona para evitar situaciones de violencia y coacción a los votantes.

El peligro de la radicalización islámica en esta zona está aumentando, así como el acoso a los cristianos. El 13 de abril, una bomba destruía casi totalmente la catedral de Isabela, en Basilán. El obispo local, monseñor Martin Jumoad, afirmaba, en declaraciones al día siguiente a la agencia Fides, que la comunidad cristiana de esta zona, que supone el 40% de la población, está “aterrorizada”.

“Es la primera vez que somos atacados tan directamente y con tal fuerza. En el pasado he recibido cartas amenazadoras y diversas intimidaciones. Ha habido pequeños atentados, pero hoy es muy diferente. Pudo haber sido una tragedia. Temo seriamente por mi vida y por la de los fieles”, afirmaba el prelado.

Las islas de Basilan, Jolo y el archipiélago Sulu son el cuartel general de operaciones del grupo terrorista “Abbu Sayyaf”, que algunos expertos consideran aliado de Al Qaeda.

No tener miedo

En su mensaje de Pascua, el pasado 3 de abril, los obispos hacían un llamamiento sobre la situación del país: “Con la tasa ascendente de pobreza, el engaño electoral, la delincuencia y la violencia, el soborno y la corrupción, el abuso de los recursos naturales y otras formas de mal social, como es natural sólo unos pocos pueden hablar de la esperanza de una Filipinas mejor. La gran mayoría se revuelcan en la miseria”.

“Los procesos electorales son manipulados por algunos políticos influyentes. El sufragio es restringido por la compraventa de votos, las diversas formas de amenaza”, denunciaban los obispos. “Las ejecuciones extrajudiciales y las masacres se han convertido en endémicas. Nuestros bosques se han convertido en desiertos estériles debido a la tala ilegal y la explotación minera indiscriminada. Estos son sólo algunos de los horribles rostros del mal dejando a la nación en la miseria extrema y la desesperanza”.

“Aun así, ¿por qué tenemos miedo? En su mensaje anual de Pascua, Urbi et Orbi, el Santo Padre Benedicto XVI afirmó que al resucitar, el Señor no ha quitado el sufrimiento y el mal del mundo, pero los ha vencido de con la sobreabundancia de su gracia”.

En un comunicado posterior, We are a people of faith (25 de abril), firmado por monseñor Nereo Odchimar, obispo de Tandag y presidente de la Conferencia Episcopal, los obispos admitían que el país “está en una situación crítica” y necesita “una verdadera transformación moral y social”.

El comunicado denunciaba “la erosión de los valores morales, la auténtica corrupción generalizada y falta de honradez que nos rodea, y la disminución de la integridad de conducta en muchas de nuestras instituciones privadas y públicas”.

“La pobreza es cada vez mayor, por lo que la brecha entre ricos y pobres es obviamente cada vez mayor. Millones de personas han de ir al extranjero para encontrar empleo. Las divisiones y los grupos insurgentes persisten y empeoran”, afirmaba el comunicado.

En este sentido, los obispos mostraban su confianza en que las elecciones “constituyan un medio para que nuestro pueblo dé pasos firmes y decididos hacia la renovación urgente, hacia todos los cambios que se están pidiendo a gritos – hacia la esperanza”.

Escuchar al pueblo

Los obispos proclamaron, a finales de abril, una solemne novena de oración, que se está celebrando actualmente en todo el país, a propuesta del cardenal Gaudencio Rosales, arzobispo de Manila.

Por otro lado, la Conferencia de Obispos y Ulemas mantuvo una reunión los días 28 y 29 de abril en Davao con representantes del ejército, dedicada a las próximas elecciones, para garantizar un voto “en la máxima seguridad y sin violencia alguna”.

Según informaciones recogidas por Fides, la Conferencia invitó a todos los candidatos a “no utilizar, en la propaganda electoral, la demonización del adversario o métodos de asesinato político”.

En su mensaje del 24 de abril, los obispos animaban al pueblo a “mantener la esperanza”: “Si el Señor está con nosotros, no debemos temer a todas las fuerzas del mal que están presentes y tratando, mediante toda posible estrategia y acción tortuosa y descarada, para hacer sus propios intereses egoístas prevalezcan sobre el bien común, sobre la verdadera aspiraciones de nuestro pueblo”.

“Imploramos a Dios que desarme a los mal intencionados y lleve a la nada a aquellos que subvierten la voluntad de nuestro pueblo, saboteando las elecciones”.

En su mensaje de ayer, los obispos insistían en subrayar los “signos esperanzadores”, y especialmente, el surgimiento de grupos y candidatos que se están esforzando por exigir mayor transparencia y honradez en el proceso electoral.

Recordaban que las elecciones recaen “en el Año del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, que pide a los fieles orar y trabajar por la paz y por la transformación social”.

“Demos nuestro a la conciencia, a la constitución, y a Cristo, involucrándonos en una política de la paciencia, la humildad y la esperanza. Sólo una solidaridad de las conciencias nos permitirá ver a un cielo nuevo y una tierra nueva", concluía el mensaje.

[Por Inma Álvarez]