La fraternidad, necesaria para una vida plenamente humana, afirma el Papa

Al recibir a cinco nuevos embajadores ante la Santa Sede

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 16 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- El Papa destacó la importancia de la fraternidad humana tanto en las relaciones personales como a escala planetaria, en un discurso común que dirigió a los nuevos embajadores de Nepal, Zambia, Andorra, las Seychelles y Mali ante la Santa Sede, al recibirles en el Vaticano con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

Benedicto XVI constató que “el bello ideal de fraternidad, que se encuentra en la divisa nacional de numerosos países, ha encontrado en el desarrollo del pensamiento filosófico y político una resonancia menor en comparación con otros ideales como la libertad, la igualdad, el progreso o la unidad”.

“Se trata de un principio que ha permanecido en gran parte como letra muerta en las sociedades políticas modernas y contemporáneas, sobre todo a causa de la influencia ejercida por las ideologías individualistas o colectivistas”, lamentó.

En este sentido, reconoció que la persona necesita respeto, justicia y el reconocimiento concreto de los derechos, pero añadió que “esto no es suficiente para llevar una vida plenamente humana”.

“La persona tiene también necesidad de fraternidad” y “no sólo en las relaciones de proximidad, sino también a escala planetaria”, dijo.

A la vez, reconoció que así como “la razón humana es capaz de reconocer la igualdad de todos los hombres y la necesidad de limitar las excesivas disparidades entre ellos”, la fraternidad es, en cambio, “un don sobrenatural”.

La Iglesia, artífice de fraternidad

También indicó que la fraternidad tiene un significado particular para los cristianos debido al diseño de amor fraterno de Dios.

Y explicó que “la Iglesia ve la realización de la fraternidad humana en la tierra como una vocación contenida en el designio creador de Dios, que quiere que ella sea cada vez más fielmente, la artífice de esa fraternidad”.

En este sentido, destacó la voluntad de la Iglesia de “aportar su contribución, sincera y fuerte, a la formación de una comunidad más fraterna entre todos los seres humanos”.

“Ella se prohíbe actuar como un lobby, preocupada sólo por sus intereses, y sin embargo trabaja, bajo la mirada de Aquel que es el Creador de todos los hombres, queriendo honrar la dignidad de cada uno”, indicó.

“Ella se esfuerza, así, por poner el amor y la paz en la base de los múltiples vínculos humanos que relacionan a las personas entre sí”, añadió, también en los económicos.

El Papa resaltó que “en la vida cotidiana, la fraternidad encuentra una expresión concreta en la gratuidad y el respeto”.

Don y fraternidad

Y añadió que “toda forma de don es, en definitiva, un signo de la presencia de Dios, porque conduce al descubrimiento fundamental” de que todo es don.

Entender esto, según el Papa, “no hace las conquistas del hombre menos bellas, sino que lo libera de la primera de todas las servidumbres, la de querer crearse a sí mismo”.

“En el reconocimiento de lo que le es donado, el hombre puede abrirse a la acción de la gracia y entender que está llamado a desarrollarse, no contra o a costa de los demás, sino con ellos y en comunión con ellos”.

Finalmente, el Papa se refirió a la fraternidad como a un fin en sí misma, a pesar de que “vivida entre los hombres puede encontrar un eco positivo en términos de “eficacia social”.

Benedicto XVI recibió esta mañana las cartas credenciales de cinco nuevos embajadores ante la Santa Sede: Suresh Prasad Pradhan, de Nepal; Royson Mabuku Mukwena, de Zambia; Miguel Ángel Canturri Montanya, de Andorra; Vivianne Fock Tave, de las Seychelles y Boubacar Sidiki Toure, de Mali.

Tras pronunciar el discurso común para los cinco nuevos diplomáticos, el Papa entregó a cada uno un discurso específico para cada una de las naciones que representaban.

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ZENIT Staff

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