El Papa aprueba tres nuevas canonizaciones

Entre ellas, la de la española Bonifacia Rodríguez de Castro

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 14 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La Santa Sede anunció hoy la próxima celebración, el próximo lunes 21 de febrero, del Consistorio Ordinario público en el que se decidirán las fechas de canonización de tres fundadores de congregaciones religiosas.

Se trata de los beatos italianos Guido Maria Conforti y Luigi Guanella, y de la beata española Bonifacia Rodríguez de Castro, los tres prácticamente contemporáneos.

Guido Maria Conforti (1865-1931) fue arzobispo obispo de Parma. Y es el fundador de la Pía Sociedad de San Francisco Javier para las Misiones Extranjeras (conocidos como misioneros javerianos).

Luigi Guanella (1842-1915), sacerdote, fundó dos congregaciones, ambas en ayuda de los marginados durante la revolución industrial: los Siervos de la Caridad y el Instituto de las Hijas de Santa María de la Providencia.

Bonifacia Rodríguez de Castro (1837-1905), es la fundadora de la Congregación de las Siervas de San José, para la promoción social y cristiana de las mujeres obreras.

Santificación en el trabajo

La madre Bonifacia, original de Salamanca, fue beatificada el 9 de noviembre de 2003 por Juan Pablo II.

Nacida en Salamanca y huérfana de padre muy pronto, Bonifacia vivió en su propia carne el drama de las condiciones de trabajo de muchas mujeres obreras durante el siglo XIX.

Sintiendo desde muy joven una vocación religiosa, Bonifacia se encontró con el jesuita catalán Francisco Javier Butinyà i Hospital (1834-1899), quien llegó a Salamanca en octubre de 1870 con una gran inquietud apostólica hacia el mundo de los trabajadores manuales.

Animada por éste, fundó la Congregación de Siervas de San José, con la finalidad de crear “Casas-Talleres de Nazaret” para mujeres pobres que carecían de trabajo, donde se les enseñara un oficio y se dignificase su vida.

Unos años después, por la desunión que sembraron algunos eclesiásticos en Salamanca y marginada por sus hijas espirituales, Bonifacia fue destituida como superiora y orientadora del Instituto.

Ante las humillaciones, los desprecios y las calumnias que recibió, su respuesta fue el silencio, la humildad y el perdón. Venerada como una santa, murió en Zamora el 8 de agosto de 1905 dejando como herencia un camino de espiritualidad basado en la santificación del trabajo unido a la oración en la sencillez de la vida diaria.

En la ceremonia de su beatificación, Juan Pablo II afirmó: “Las palabras de Jesús en el Evangelio proclamado hoy: No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado, interpelan a la sociedad actual, tentada a veces a convertir todo en mercancía y ganancia dejando del lado los valores y la dignidad que no tienen precio. Siendo la persona imagen y morada de Dios, hace falta una purificación que la defienda, sea cual fuere su condición social o su actividad laboral”.

“A esto se consagró enteramente la beata Bonifacia Rodríguez de Castro, que siendo ella misma trabajadora, percibió los riesgos de esta condición social en su época. En la vida sencilla y oculta de la Sagrada Familia de Nazaret encontró un modelo de espiritualidad del trabajo, que dignifica la persona y hace de toda actividad, por humilde que parezca, un ofrecimiento a Dios y un medio de santificación”.

“Este es el espíritu que quiso infundir en las mujeres trabajadoras, primero con la Asociación Josefina y después con la fundación de las Siervas de San José, que continúan su obra en el mundo con sencillez, alegría y abnegación”.

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ZENIT Staff

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