Europa debe movilizarse contra la discriminación de los cristianos

Massimo Introvigne pide un “examen de conciencia colectivo”

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BELGRADO, domingo 20 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- “Un examen de conciencia colectivo y para un acercamiento exigente de Europa al problema de la tutela de las minorías cristianas en diversos países” es el augurio formulado por Massimo Introvigne frente al drama de la discriminación y persecución de los cristianos en el mundo.

Introvigne, representante desde el pasado 5 de enero de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para la lucha contra el racismo, la xenofobia, y la discriminación y la intolerancia contra los cristianos y los miembros de otras religiones, intervino el pasado viernes en el encuentro anual del Comité Conjunto de la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK) y del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), que ha concluido hoy en Belgrado (Serbia).

En su discurso, subrayó las dificultades en la aplicación de la libertad religiosa, partiendo de dos intervenciones del Papa Benedicto XVI: el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011 y el último discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.

Dirigiéndose a los embajadores, explicó Introvigne, el Pontífice subrayó cinco amenazas contra la libertad religiosa, entre las que destaca la “cristianofobia” que ya invade a Occidente y que lleva a “pretender que los cristianos actúen en el ejercicio de su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas y morales, e incluso en contradicción con ellas, como por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los agentes sanitarios o de ciertos agentes del Derecho, particularmente en temas de aborto”.

Otra manifestación de la marginación de la religión, y en particular del cristianismo, consiste en prohibir de la vida pública fiestas y símbolos religiosos en nombre del respeto de quien pertenece a otras religiones o no es creyente.

La “cristianofobia”, prosiguió Introvigne, “se manifiesta también en las amenazas a la libertad de educación y en la aversión administrativa a las escuelas cristianas”, o imponiendo la participación en cursos de educación sexual o civil que, como ha dicho el Papa, “transmiten concepciones de la persona y de la vida presuntamente neutras, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la recta razón”.

El hecho de que la OSCE haya instituido el cargo de un Representante para la lucha contra la discriminación de los cristianos, observó, “representa un éxito de la diplomacia de la Santa Sede y de esos Gobierno que la han secundado inteligentemente”, aunque “las dificultades y las oposiciones, naturalmente, no faltan, y en tiempos de crisis económica los recursos de las organizaciones internacionales están severamente limitados”.

Entre las acciones concretas de la oficina, está programada en Roma para el 4 de mayo una mesa redonda sobre el tema ·Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos”, así como la propuesta lanzada por Introvigne de la celebración de una Jornada de los Mártires Cristianos de nuestro tiempo, “que se celebre no sólo en las iglesias, donde ya ha iniciativas análogas, sino en las escuelas, en las ciudades, en las instituciones públicas, porque la persecución de los cristianos no afecta solo a los cristianos sino a todos”.

Introvigne propuso la fecha del 7 de mayo, recordando que ese día en el año 2000 el papa Juan Pablo II organizó en el Coliseo un evento ecuménico “con ocho ‘estaciones’ que recordaban los principales grupos de mártires cristianos de nuestro tiempo: las víctimas del totalitarismo soviético, del comunismo en otros países, del nazismo, de los conflictos entre las religiones, de los nacionalismos religiosos violentos en Asia, del odio tribal y anti-misionero, del laicismo agresivo y de la criminalidad organizada”.

Otros desafíos

El experto recordó también las demás amenazas a la libertad religiosa, comenzando por el hecho de que ésta “se confunde a menudo con el relativismo, es decir, con la tesis de que no existe una verdad religiosa y que la elección de una religión o de otra sea más grave, o menos indiferente”, así como se querría “confinar la religión a una dimensión meramente privada”.

Otro riesgo “es el del intento del islam ultra-fundamentalista, que ciertamente no debería confundirse con el islam en general, de acabar con la existencia bimilenaria de comunidades cristianas en el Cercano Oriente, recurriendo incluso al terrorismo”.

No se trata sólo de un problema de policía, porque están implicadas también las leyes, “que en muchos países de mayoría islámica reducen la libertad religiosa sólo a libertad de culto”.

Después está el riesgo de las “agresiones contra los cristianos por parte de fundamentalistas hindúes o budistas, que identifican la identidad nacional de sus países con una identidad religiosa, defendida de modos a veces violentos contra el cristianismo”.

Finalmente, “existen aún regímenes comunistas en el sentido más estricto y duro del término”.

En este sentido, se refirió a China, pero el mismo discurso vale para Corea del Norte, un país que, concluyó Introvigne, “gana cada año la ‘medalla de oro’ de la organización protestante Open Doors como el lugar donde es más peligroso ser cristiano en términos absolutos”.

Del encuentro de Belgrado, ha surgido una carta a Lady Catherine Ashton, representante para la política exterior de la Unión Europea, firmada por las Iglesias participantes, en la que se lamenta la imposibilidad encontrada hasta ahora en la Unión Europea para aprobar una resolución contra las persecuciones de los cristianos en el mundo que mencione explícitamente la palabra “cristianos·, pidiendo que dicha resolución sea aprobada en la reunión de la cumbre europea del 21 de febrero. 

Por Roberta Sciamplicotti, traducción por Inma Álvarez

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ZENIT Staff

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