Fuera filosofía y sociología

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Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 25 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “Fuera filosofía y sociología”.

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Un periódico nacional informó que, en los bachilleratos de la capital del país, se eliminarán materias de filosofía, antropología y sociología, o se reducirán notablemente sus horas de clase. Se aumentarán a inglés, computación, actividades físicas, etc. Con esto, se les deja sin herramientas para pensar, analizar, discutir y razonar con más profundidad cuestiones vitales y trascendentes; quedan más expuestos a las ideologías del momento, al relativismo, a dejarse llevar por lo inmediato, lo palpable y sensible, o por líderes demagógicos. Sin sociología, sin apertura a la realidad de los demás, te encierras en tu individualismo.

En contrapartida, en los planes de estudio de nuestros Seminarios, para formar sacerdotes capaces de enfrentar los retos de la vida, se prescriben como obligatorios al menos tres años de filosofía, con materias sistemáticas, como lógica, metafísica, antropología, cosmología, ética y teodicea, más una amplia historia de la filosofía, para discernir las diversas formas de pensamiento en la evolución de la humanidad.

JUZGAR

Las Normas Básicas que rigen los estudios en los Seminarios, dicen: “Para lograr los objetivos de la formación sacerdotal, es necesaria una profunda preparación filosófica, que tiene como finalidad perfeccionar la formación humana de los seminaristas, consolidar su estructura mental y su método de estudio, llevarles a un conocimiento y a una comprensión más profunda de la persona, de su libertad, de sus relaciones con los demás, con el mundo y con Dios. Dése la debida importancia a la filosofía sistemática en todas sus partes, ya que lleva a la adquisición de un sólido y coherente conocimiento del hombre, del mundo y de Dios, y ofrece certeza de verdad ante la mentalidad subjetivista, así como criterios válidos para discernir las diversas culturas y los fundamentos filosóficos de las diferentes corrientes teológicas.

Préstese especial atención al estudio y análisis del fenómeno del ateísmo contemporáneo, del secularismo y de las corrientes de pensamiento que ejercen más influencia en nuestro tiempo, para juzgarlas críticamente a la luz de la razón y de la fe.

Ofrézcase a los seminaristas una adecuada visión de la situación histórica, social, antropológica, política, cultural, educativa y religiosa de nuestra Patria, en orden a un ejercicio pastoral más encarnado, con ayuda de la sociología, la psicología, la pedagogía, la economía, la política, la comunicación social”.

Sobre esto mismo, ha dicho el Papa Benedicto XVI: “La cultura humanista parece afectada por un deterioro progresivo, mientras se pone el acento en las disciplinas llamadas productivas, de ámbito tecnológico y productivo; hay una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de lo que es mensurable, a eliminar del saber sistemático y crítico la cuestión fundamental de sentido. Además, la cultura contemporánea tiende a confinar la religión fuera de los espacios de la racionalidad. En la medida en que las ciencias empíricas monopolizan los territorios de la razón, no parece haber ya espacio para las razones del creer, por lo cual la dimensión religiosa queda relegada a la esfera de lo opinable y de los privado… Sin orientación a la verdad, sin una actitud de búsqueda humilde y osada, toda cultura se deteriora, cae en el relativismo y se pierde en lo efímero. La cuestión de la Verdad y de los Absoluto no es una investigación abstracta, alejada de la realidad cotidiana, sino que es la pregunta crucial, de la que depende radicalmente el descubrimiento del sentido del mundo y de la vida” (21-V-2011).

ACTUAR

Desde la familia y la escuela, hay que educar para pensar, analizar, juzgar, discernir, criticar, proponer, reflexionar, comparar, confrontar, ir a las razones más profundas, preguntar el por qué y el para qué. Sólo así aprendemos a actuar por convicciones, a ser libres y no esclavos de personas, tendencias o sentimientos pasajeros. La misma fe tiene una base racional; no es irracional y absurda; trasciende la razón, pero no la elimina, cuando nos preguntamos cómo y dónde Dios reveló algo que rebasa la razón humana.

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ZENIT Staff

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