La familia nos salvará

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 16 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el análisis escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “La familia nos salvará”.

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VER

No; no me refiero a la organización criminal ligada al narcotráfico denominada “La familia”, que opera principalmente en Michoacán, sino a la constituida en forma estable y armónica por un hombre, una mujer y sus hijos. En ella hemos crecido la mayoría. Es el punto de arranque en la configuración de nuestro modo de ser. Unos la califican en forma despectiva como tradicional, pero es todavía uno de los mayores tesoros en América Latina.

Hay quien presume de los cambios legislativos operados en la capital de nuestro país, que equiparan la familia y el matrimonio a la unión de homosexuales, como si fuera un avance progresista, cuando que es un atentado a la misma sociedad. ¡Y así aspiran a puestos superiores! Habría que ver qué tanta consistencia tiene su propio hogar y que los electores no se dejen impresionar por la demagogia. Los hogares disfuncionales, los divorcios, las infidelidades conyugales, la ausencia de padre o de madre, la violencia intrafamiliar, de ordinario generan adolescentes y jóvenes violentos, drogados, vagos, alcohólicos, resentidos sociales, pandilleros, presa fácil para ser enrolados en negocios sucios, narcotráfico, secuestro, extorsión, sicariato, etc. La pobreza y la falta de trabajo no necesariamente generan violencia social, pues muchos procedemos de familias pobres, campesinas, y nuestros padres nos enseñaron a trabajar, a ser honrados, a respetar a los demás. Si hubiera más familias mejor estructuradas, gozaríamos de mayor paz social.

JUZGAR

El Papa Benedicto XVI, al describir en San Marino algunos fundamentos de la sana laicidad, afirma: “La Iglesia, respetuosa de la legítima autonomía de la que debe gozar el poder civil, colabora con él, al servicio del hombre, en la defensa de sus derechos fundamentales, de aquellas instancias éticas que están inscritas en su misma naturaleza. Por eso la Iglesia se compromete para que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Además, pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo.

De hecho, sabemos bien que en el contexto actual se pone en tela de juicio la institución familiar, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales más débiles, especialmente las generaciones jóvenes, más vulnerables y por eso más fácilmente expuestas a la desorientación, a situaciones de auto-marginación y a la esclavitud de las dependencias. A veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas a los jóvenes y, faltando el apoyo familiar, a menudo éstos no pueden insertarse normalmente en el tejido social. También por esto es importante reconocer que la familia, tal como Dios la ha constituido, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores profundos y perennes” (19-VI-2011).

ACTUAR

Protejamos la familia. Eduquemos en valores familiares. Impulsemos más la pastoral familiar. Donde hay armonía familiar, trabajo compartido, educación en valores humanos y cristianos, respeto mutuo, disciplina, fe en Dios y amor a los pobres, se construyen personalidades sólidas, estables, justas, fraternas, solidarias, respetuosas de los demás.

Legisladores y gobernantes: Valoren la familia, como cimiento de la paz social. Promuevan leyes que protejan su solidez, y no se dejen apantallar por quienes impulsan modelos de familia contrarios a la misma naturaleza. Sean ustedes mismos modelos de una familia estable, fiel, dialogante, paciente y cariñosa. Generen más fuentes de trabajo y revisen los contenidos educativos en las escuelas, para que haya más formación cívica y social, y los jóvenes tengan otras alternativas de desarrollo, sin ceder a la tentación de la violencia como forma de sentirse grandes en la vida.

Televisoras: Depuren sus telenovelas; no presenten aventuras eróticas e infidelidades conyugales como algo normal, pues ustedes construyen u obstruyen la educación para la familia.

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ZENIT Staff

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