CIUDAD DEL VATICANO, viernes 15 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Hoy viernes, el Consejo Pontificio “Cor Unum”, celebró su institución, hace cuarenta años, por parte del Papa Pablo VI.

En un artículo publicado publicado en L'Osservatore Romano”, el cardenal Robert Sarah, actual presidente del dicasterio vaticano, comenta el aniversario recordando que Pablo VI quiso la existencia de este Consejo Pontificio “en una fase de grandes cambios en la Iglesia y en el mundo”, cuando a nivel eclesial se percibía “una atención cada vez mayor a las cuestiones sociales”.

En este contexto, “Cor Unum” “debería favorecer el testimonio de la caridad en la Iglesia, creando, ante la Sede Apostólica, un lugar de encuentro, de diálogo y de coordinación entre los muchos organismos de caridad de la Iglesia”.

“La elección del nombre no fue casual – subraya el purpurado –: el concepto estaba tomado del pasaje de los Hechos de los Apóstoles que describe la primera comunidad cristiana, decididamente comprometida en el anuncio de la Palabra de Dios, en la oración y en el ejercicio de la caridad”.

Esta observación “contiene diversas indicaciones: es la comunión de la Iglesia la que está en la base del testimonio de la caridad; ésta, antes que un hacer, es un ser; es en la comunión de la Iglesia donde se nutre la atención hacia los diversos miembros del mismo cuerpo, en el cuidado mutuo; es gracias a la comunión de la Iglesia que se extiende la intención de una presencia en el mundo más unitaria, más incisiva, más universal”.

Juan Pablo II, durante su largo pontificado, reforzó las competencias de “Cor Unum”, “que ya llevaba a cabo donaciones en casos de catástrofes naturales en nombre del Papa, confiándole dos fundaciones que el Pontífice quiso para atestiguar la preocupación de la Santa Sede por las muchas poblaciones del mundo afligidas por la pobreza, la miseria y los desastres naturales”.

La primera, llamada “Juan Pablo II para el Sahel”, nació durante el primer viaje apostólico del papa polaco a África, en 1980, que “le puso en contacto con el dramático problema de la sequía, que causa empobrecimiento y hambre en los países del Sahel, amenazados por el avance del desierto”. La segunda, la Populorum Progressio, “se dedica a la promoción en particular de los indios y de los campesinos de América central y meridional”.

Para el cardenal Sarah “ha sido ciertamente un acto de gran significado el hecho de que Benedicto XVI haya querido dedicar a la caridad su primera encíclica Deus caritas est.

“El Papa, que ha señalado en la ausencia de Dios el problema más dramñatico que perturba y debilita a la cultura moderna, nos ha indicado al mismo tiempo el camino para volver a encontrar un camino hacia Él: Dios es caridad, y la caridad de la Iglesia es un testimonio irrenunciable para ayudar al hombre de hoy a conocer y a encontrar y amar a Dios, que es amor”.

“No se trata sólo de manifestar con gestos concretos o con iniciativas específicas la compasión y la proximidad de la Sede Apostólica a las necesidades humanas: se trata de imprimir a toda la pastoral de la caridad de la Iglesia este aliento evangelizador. La caridad es el camino mediante el cual el hombre puede conocer quien es Dios”.

Hablando de los retos que afronta el dicasterio, el purpurado destacó en primer lugar que “se trata de permanecer fieles a la intención primaria manifestada por Benedicto XVI en su primera encíclia”. “Si Dios es caridad, entonces toda la pastoral de caridad de la Iglesia debe volver a inspirarse en esta fuente”.

Esta especificidad, observa, recuerda “un segundo y gran desafío: unir Evangelio y caridad”.

“El Evangelio inspira la caridad y la caridad da testimonio del Evangelio; el Evangelio motiva la caridad y la caridad confirma la verdad del Evangelio”.

Un tercer reto lo constituye la dimensión eclesial de la caridad. “Benedicto XVI ha enseñado que es la Iglesia el sujeto de la actividad caritativa, y por tanto Cor Unum debe ayudar a mantener la comunión en el gran testimonio de la caridad de la Iglesia: favorecer el vínculo de los organismos caritativos con los obispos y con la Sede Apostólica”.

“Un cuarto y determinante desafío” resulta de la “preocupación por una formación humana y cristiana, una 'formación del corazón' cada vez más adecuada a los tiempos de quienes trabajan por la caridad en la Iglesia”. Por ello, añadió, es importante “proseguir la experiencia de los ejercicios espirituales continentales, ya realizados en América, Asia y Europa”.

“Es precisamente esta inspiración cristiana la que nos ayuda a ver cada vez más profundamente las necesidades de los pobres. Reafirmar la dimensión divina de la caridad, y por tanto su vínculo con la evangelización, no significa cerrar los ojos ante la pobreza humana, sino, al contrario, llevar la mirada hasta lo profundo de la necesidad del hombre”.

“Significa mirar al corazón de su sufrimiento, de su soledad y de su abandono, para anunciarle, allí, la presencia de Cristo que lo ama”.

El cardenal concluye recordando que para el próximo 11 de noviembre Cor Unum ha promovido un encuentro de obispos delegados y responsables de los organismos del voluntariado católico europeo con Benedicto XVI.

“Será una ocasión para reafirmar, junto con nuestra adhesión al magisterio del Papa, la voluntad de ser testigos del Evangelio de Cristo en el vasto mundo de la caridad”.