Beatificada la Madre Janer, “brújula” que orienta a Dios y a los hermanos

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El cardenal Amato presidió la celebración este sábado

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LA SEU D’URGELL, lunes 10 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, beatificó en nombre del Papa Benedicto XVI a Ana María Janer Anglarill, fundadora de la congregación de la Sagrada Familia de Urgel, este sábado en La Seu d’Urgell (España).

Unas 4.000 personas llenaron la carpa de 4.000 metros cuadrados instalada para la ocasión en esta ciudad pirenaica en la que la Madre Janer fundó, en 1859, el Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel y en la que reposan sus restos mortales.

Unas 300 religiosas integran hoy este instituto, con presencia en once países de tres continentes, dedicado especialmente a la enseñanza y la atención a enfermos, ancianos y necesitados.

Muchas de ellas llegaron con sus hábitos grises a La Seu d’Urgell para participar en el acontecimiento, junto a 150 familiares de la nueva beata y numerosos amigos, alumnos, ex alumnos y personal de sus colegios y centros.

Desde Argentina viajó para asistir a la beatificación la alumna y profesora, ya jubilada, del Instituto Ana María Janer de Buenos Aires Sunilda Ginestel.

“Hemos esperado mucho este acontecimiento de la Madre y al saber que se producía y como todavía “estamos en carrera” de poder movernos, aquí nos lanzamos y aquí estamos con toda la alegría, pidiéndole a la madre por todas las necesidades de todas sus ex alumnas”, explicó a ZENIT.

Unos doscientos sacerdotes concelebraron la eucaristía en la que tuvo lugar la beatificación, entre ellos el nuncio en España, monseñor Renzo Fratini, y numerosos obispos de Cataluña, y algunos de otras diócesis en las que está presente la congregación.

La amplitud de la carpa, la utilización de las lenguas castellana y catalana, los cantos conocidos por muchos de los asistentes, el trabajo de preparación espiritual previo a la beatificación y la vinculación de los asistentes a la nueva beata propiciaron una gran participación en la celebración.

Tu lámpara siempre ardió”

Muchos asistentes se emocionaron visiblemente cuando, después del rito de la beatificación, el cardenal Amato leyó la carta apostólica con la que el Papa inscribió a la Madre Janer en el Libro de los Beatos y se descubrió lentamente un retrato de grandes dimensiones de la nueva beata junto al altar.

Los aplausos y lágrimas se mezclaron entonces con el repique de campanas de la cercana catedral y el canto del himno de la beatificación.

“Brillas Madre en la Iglesia, crece nuestra comunión, tu familia celebra la vida que es don, misericordia y compasión, porque en tu vida Jesucristo es el Señor. Amarte y servirte, siempre y en todo, con el fuego del amor tu lámpara siempre ardió”, cantaban jóvenes y mayores junto al coro de voces blancas Petits cantors lliures de Andorra con acompañamiento de música de órgano y de una pequeña orquesta.

En ese momento, una de las religiosas que iniciaron la causa de beatificación, Maria Rosa Carrera, y el médico que certificó el milagro que sirvió para aprobar la beatificación, Antoni Vives, llevaron las reliquias de la beata a un relicario colocado en el presbiterio.

También resultó especialmente emotivo el momento de la paz, cuando muchos conocidos se saludaban efusivamente con los brazos desde lejos o se besaban y abrazaban con los hermanos que se encontraban cerca con gran familiaridad y alegría.

Caridad hecha servicio

Tanto las lecturas de la liturgia como la homilía del cardenal Amato y las palabras del obispo de la diócesis de Urgel, el arzobispo Joan-Enric Vives, y de la superiora general del instituto fundado por la beata Ana María Janer, Irma Beretta, destacaron la importancia del servicio fruto del amor.

Ahora, el Papa reconoce la santidad de Anna Maria Janer, “ilustre por sus virtudes y su apostolado de la caridad”, declaró el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en su homilía.

El cardenal se refirió a la Madre Janer como a una mujer “humilde, fuerte, llena de misericordia con todos, especialmente con los enfermos y los necesitados”, una “hija ejemplar de la Iglesia” y “modelo glorioso para ser contemplado e imitado”.

También la calificó como una “brújula viviente orientada a Dios” que “nos orienta hacia los necesitados”.

“Beatificando a la Madre Janer, la Iglesia ve en la nueva Beata una brújula viviente, orientada hacia Dios, que nos invita a vivir nuestra existencia cristiana en la plena confianza de la presencia divina en nosotros, en nuestra familia, en nuestra sociedad”, afirmó.

“Además, la Beata Anna María Janer es también una brújula que nos orienta hacia los necesitados, que aún hoy en día son tantos, porque también hoy encontramos hambrientos, sedientos, enfermos, exiliados, emigrantes, prisioneros”, añadió.

El cardenal Amato destacó que “la Iglesia es amiga de los necesitados y sus brazos están siempre abiertos para acogerlos”.

También destacó “la incansable capacidad de trabajo, los excelentes dotes organizativos y de gobierno” y su “gran afabilidad” reforzados por su caridad, que le permitieron dirigir hospitales y fundar y guiar comunidades.

Ella, recordó, “llevó en su corazón el peso de la miseria y la tristeza de los enfermos”, así como “las angustias de sus hermanas”.

Su “actitud de modestia y sencillez” y su caridad y humildad, prosiguió el cardenal Amato, hacían que “todos se sintieran a gusto con ella” y la llevaron, al final de su vida, a servir, por ejemplo, en el comedor a sus hermanas más jóvenes y a pedir morir en el suelo.

“Nunca se cansaba de exhortar a sus Hermanas a ser humildes, piadosas, bondadosas, pacíficas, trabajadoras, dóciles, gentiles y atentas hacia los pobres enfermos, contentas de su labor de Marta” y “a no buscar la aprobación y la estima de los demás y a considerar todas las labores y las ocupaciones como un servicio al mismo Señor Jesús”.

Y ello, vivido siempre por ella misma en primer lugar. El cardenal destacó varios momentos de humillación la vida de la nueva beata, como “cuando la fundadora fue relegada al anonimato y al silencio quedando completamente olvidada” y “de sus labios no salió ninguna queja, ningún reproche, ninguna palabra de disgusto”.

Su misión hoy

Y añadió que “con el ejemplo y la intercesión de su fundadora, las hermanas continúan este abrazo de caridad sin fronteras” y “participan en la misión evangelizadora de la Iglesia”.

Una caridad que responde a las “nuevas pobrezas” presentes en Europa, en las familias desestructuradas, la emigración creciente, la falta del sentido trascendente de la vida y el pesimismo estéril que apaga el entusiasmo de los jóvenes por su futuro.

“No nos dejemos encarcelar por la tristeza de nuestro tiempo –concluyó su homilía-. Siguiendo el ejemplo de la Madre Ana María Janer, catalana de una pieza, no perdamos la esperanza, mantengámonos firmes en la fe y fuertes en la esperanza”.

La ceremonia empezó con una procesión desde la catedral hasta la carpa en la que se celebró la misa.

Coloridas banderas de las comunidades autónomas españolas y de los países en los que están presentes las hermanas de la Sagrada Familia de Urgel, portadas por personas de esos lugares acompañadas de voluntarios de la organización, abrían la procesión.

La abanderada de Guinea Ecuatorial era Marlene Evita Dyombe, religiosa de 28 años natural de Bata, que vivió la celebración como “el mejor regalo que el Señor me ha podido hacer”.

“Me veo comprometida a transmitir esta alegría, este carisma que he recibido de la Madre y a llevarlo también a mi tierra”, declaró a ZENIT después de la celebración.

Actualmente es profesora en Val
lecas, donde habla a los niños de la santidad: “Ya desde pequeño se puede ser santo y hacer felices a los demás”, aseguró con una gran sonrisa.

Al final de la eucaristía, la superiora general de la congregación, Irma Beretta, destacó visiblemente emocionada que  “nuestra gratitud va cargada de compromiso”.

“Sentimos que estos pasos que inició ella [la beata Ana María Janer] los seguimos hoy nosotras y van dirigidos a Cristo y al mundo de hoy, tan necesitado de un mensaje de esperanza”, continuó.

Invitó a “ver en los que nos rodean el rostro de Jesucristo” y añadió: “¡Qué hermoso sería que hoy saliéramos con el compromiso de acoger en nuestras vidas el gran amor que él nos tiene!”.

La hermana Beretta declaró a ZENIT que ahora es el momento de pedirle a la beata Ana María Janer por las necesidades físicas, familiares y morales de cada uno.

Por Patricia Navas

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ZENIT Staff

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