BRUSELAS, miércoles 11 enero 2011 (ZENIT.org).- En respuesta a la crisis económica y financiera que atraviesa actualmente Europa, los obispos de la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE) proponen que el Mercado Común evolucione según el concepto de economía social de mercado, para que la Unión Europea (UE) pueda llegar a ser una comunidad de solidaridad y responsabilidad viable.

En una declaración, que se presenta el 12 de enero en Bruselas, los obispos de la COMECE se pronuncian sobre el concepto de “economía social de mercado altamente competitiva”, que forma parte de los objetivos de la UE desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

Sobre todo, utilizado en los países de lengua alemana pero también presente en la tradición constitucional de otros países, como Polonia, este concepto político se traduce en: una gran libertad de mercado, asociada a los instrumentos de una economía competitiva así como el principio de solidaridad y los mecanismos de equidad social, es decir una protección social amplia asegurada por el Estado. Es necesario sin embargo darle contenido. Este es el objeto de esta declaración.

Gratuidad

Tras apelar a las bases culturales de la economía social de mercado, la declaración comienza subrayando la importancia de la gratuidad en la economía social de mercado: “las instituciones correspondientes a esta forma libre de solidaridad --sociedades mutuas, cooperativas y organismos municipales- y otras formas de economía social y de inversión ética, requieren una atención especial con vistas a la elaboración de una economía social de mercado europeo”.

Competitividad y responsabilidad

El mercado no es antisocial por principio. Bien ordenado, puede convertirse en un espacio de encuentros que permiten establecer relaciones. La declaración recuerda en especial el papel positivo de la competencia en una economía social de mercado: “Los monopolios, cárteles, acuerdos sobre los precios y la distorsión de la competencia por abuso del poder económico o de las ayudas públicas deben ser activamente combatidos e impedidos por el legislador y el ejecutivo de la Unión Europea”.

Condenan sin embargo una economía volcada únicamente en el beneficio y que “amenaza con eclipsar las dimensiones social y ecológica de la calidad de vida, que a menudo no pueden ser directamente expresadas en término monetarios, y transferir los costes de la actividad económica a otras personas, en especial las generaciones futuras”.

Recuerdan también que “la autoridad pública tiene el deber de garantizar el suministro de los bienes esenciales y de los servicios de interés general” y llaman a la Unión Europea a adoptar “una reglamentación adecuada en el Mercado Común europeo de los servicios de interés general, y de los servicios sociales en particular”.

A fin de cuentas, “son los consumidores quienes, por sus hábitos de consumo determinan en gran parte la vida económica en Europa y en el mundo. Toda decisión económica tiene una consecuencia moral”. Por ello, los obispos llaman a “un esfuerzo cultural con determinado para permitir a los ciudadanos un consumo responsable. La Iglesia está dispuesta a hacer, en este aspecto, su aportación”.

Política social

Los obispos llaman a repensar el reparto de competencias entre la Unión y sus estados miembros en materia de política social. “En la economía social de mercado europea, el mercado debe completarse con prestaciones sociales de manera que se pueda garantizar a todos los ciudadanos y ciudadanas una vida en el respeto de su dignidad humana. Esta preocupación no puede ser sólo de los estados sino que debe ser también preocupación de la Unión.

Respecto a las contrapartes sociales, los obispos invitan a “las instituciones de la Unión a crear las condiciones para que en este tiempo de crisis y de adaptación a veces muy difícil, el diálogo social entre las contrapartes europeas pueda desempeñar el papel que le corresponde en el marco legislativo europeo” y recuerdan que la reciente adopción del Pacto Euro debería permitir “una convergencia de las políticas fiscales y sociales hacia una mayor equidad”.

Por un desarrollo sostenible

La declaración apela con firmeza al respeto del principio económico y ético de desarrollo sostenible. “Al final, ni la competitividad económica, ni la justicia social, pueden alcanzarse sin una integración sistemática de factores ecológicos”.

Llaman a un compromiso y una garantía institucionales específicos tanto a nivel europeo como mundial para la protección del medio ambiente.

Conclusión

Los obispos de la COMECE llaman a la UE a comprometerse en el desarrollo a largo término de una “auténtica autoridad política mundial” que, más allá de la ingeniosidad económica, deberá también tomar en consideración la justicia y la responsabilidad ecológica. Concluyen: “Hoy, hay que europeizar la economía social de mercado para hacer frente a la competencia mundial, para seguir ofreciendo una protección social eficaz a los más débiles y para llegar a ser una economía sostenible respecto a las exigencias medioambientales y climáticas. Necesitamos una comunidad de solidaridad y de responsabilidad para dar vida a la economía social de mercado en la Unión europea. Solidarios y responsables, de esta manera, nosotros los europeos, podremos controlar la grave crisis actual y seguir juntos nuestro camino para dar finalmente un signo eficaz de justicia y de paz a todos los hombres en el mundo entero”.

La declaración será presentada este jueves 12 de enero por el cardenal Reinhard Marx, vicepresidente de la COMECE, arzobispo de Munich-Freising, en la Representación Permanente de Polonia en Bruselas.

Seguirá un debate con un representante de la República de Polonia y un miembro del Parlamento Europeo, moderado por Sébastien Maillard, del diario francés La Croix.