ROMA, miércoles 18 enero 2012 (ZENIT.org).- La pastoral de los migrantes toma experiencia de la migración de cada uno de los países en el exterior, cuando los capellanes asistían a sus compatriotas en otras tierras. La caridad cotidiana nace de la eucaristía y los inmigrantes se vuelven promotores de la evangelización, no sólo con los otros inmigrantes sino también con las personas que asisten. Además de una labor de ecumenismo de base con los que son cristianos que favorece el ecumenismo en general.

Estas y otras cosas interesantes explicó a ZENIT monseñor Pierpaolo Felicolo, director de la Oficina Migrantes de la diócesis de Roma, en ocasión de la 98 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, en la entrevista que les proponemos a continuación.

¿Cómo se realiza en lo cotidiano la pastoral con los inmigrantes?

--Don Felicolo: La pastoral de los migrantes se realiza en Roma y en las grandes ciudades siguiendo las directivas de la conferencia episcopal. Aquí tuvimos también la experiencia de la inmigración de nuestro país en el exterior y de la constitución de las comunidades católicas en otros países. En Roma tenemos más de 46 comunidades con 146 centros.

¿Y en concreto?

--Don Felicolo: Sobre todo celebrando la eucaristía según la tradición de cada comunidad, con cantos en el propio idioma.

¿Por qué la forma se vuelve importante en un mensaje como el cristiano?

--Don Felicolo: Para mi, viajar a otro país y rezar en italiano y no en otro idioma no es la misma cosa. Y en las primeras generaciones esto es muy claro, una experiencia confirmada. Para la segunda generación de inmigrantes las cosas cambian: veo por ejemplo que los niños filipinos hablan mi idioma, incluso mi dialecto romano, como yo. No es así para los padres. Por lo tanto para ellos es importante rezar y encontrar al Señor en el propio idioma.

Este domingo en la iglesia Santo Espíritu en Sassia hicimos una pequeña fiesta de los pueblos. Esto es lindo porque en la Iglesia “nadie es extranjero ni la Iglesia es extranjera para nadie”. Y no es un eslógan, lo vivimos concretamente. De la eucaristía parte la caridad, el empeño, la evangelización.

¿Los inmigrantes por lo tanto se vuelven evangelizadores?

--Don Felicolo: Los inmigrantes se vuelven promotores de la evangelización con otros inmigrantes y también con los italianos: pienso a los cuidadores de ancianos de países como Ucrania y Rumanía.

Acompañan a tantos ancianos en este momento de su vida, evangelizan y los sostienen en el encuentro con el Señor: este testimonio es precioso. Además evangelizan en sus comunidades.

Usted indicó que el modelo se inspiraba en el de los italianos en el exterior.

--Don Felicolo: Esta noche en la iglesia hemos recordado al beato Giovanni Battista Scalabrini, obispo fundador de los escalabrinianos. El tuvo la intuición de decir: yo soy obispo de Piacenza, mis fieles (a finales del 1800 e inicios del 1900) viajan a Canadá, a Brasil, pertenecen a mi diócesis. ¿Cómo puedo hacerme cargo de ellos?

Pensemos por ejemplo en un siciliano que se encuentra con tener que rezar en las iglesias americanas, con cantos gospel. A mi me gustan mucho, pero no es lo mismo para el siciliano acostumbrado a rezar con la procesión de santa Rosa y en dialecto, en el propio idioma. Por lo tanto se trataba de hacerlos encontrar entre ellos, ayudarlos al inicio a superar las dificultades debido al impacto con idioma, tradición y costumbres diversas.

¿Solamente en América?

--Don Felicolo: No, en todas partes, esto es importantísimo. Pienso en el trabajo que los capellanes y los padres escalabrinianos realizaron en el tiempo posterior a la segunda guerra mundial, en Suiza, en Alemania y en Bélgica. Y cuánto hicieron los capellanes para ayudar en cualquier país a los italianos. Y fue importantísmo en la historia del la inmigración italiana y hoy nos permite entender que fue necesario para mantener la fe de tantos italianos.

¿Y en Italia?

--Don Felicolo: Hoy tenemos la responsabilidad de una Iglesia que acoge y al mismo tiempo con los mismos instrumentos tenemos que ayudar a los inmigrantes que vienen aquí.

Los filipinos por ejemplo, no tienen que perder la fe, más aún, tienen que ayudar a evangelizar a sus compatriotas también en Roma. Hay que mantener vivas a estas comunidades, con sus líderes, con los catequistas, con gente que se forma, da lo mismo si después vuelve o no a su país. Hay que educarlos en la fe, en el anuncio y el testimonio. Por lo tanto la Iglesia que acoge tiene dicha responsabilidad.

¿Qué actividades realizan?

--Don Felicolo. La caridad cotidiana nace de la eucaristía y las comunidades se hacen portadoras de esta caridad. Cada primer sábado del mes vamos a la cárcel Regina Coeli, hacemos actividades con los presos.

Y en los hospitales pienso en la comunidad ucraniana y china, que acompañan a las personas que están mal; pienso en quien pierde el trabajo y la orientación que se le da para ayudarlo a encontrar otro. Y después la ventanilla de información, los encuentros con tantas comunidades, porque los inmigrantes se descuidan incluso en la salud con tal de trabajar. Y entonces en primer lugar se da atención a la salud, a la dignidad de la persona.

¿Qué Iglesia encuentran los inmigrantes que llegan aquí?

--Don Felicolo: También aquí pienso en la comunidad latinoamericana, en donde tienen un cuarto en el que quienes llegan pueden dejar sus valijas, como me mostró el capellán, el padre Guidolín. Las valijas representan el universo de los inmigrantes, tienen todas sus cosas. Si pierdo la agenda me quedo sin los contactos. ¿Dónde las dejo? Allí y me quedo tranquilo. Incluso se informan antes de venir dónde están los centros.

¿Y con los inmigrantes cristianos, pero no católicos?

--Don Felicolo: Sí, en particular con las comunidades rumana y las ortodoxas, el ecumenismo es activo. Nos ayudamos, nos sostenemos en diversas circunstancias. Hay un ecumenismo de base que ayuda mucho el ecumenismo en general.

¿Y con los no cristianos?

--Don Felicolo: Del aspecto caritativo se ocupa la Caritas, que da ayuda a todos.

¿Cuáles son los problemas de los inmigrantes?

--Don Felicolo: El primero es aprender a hablar bien el idioma. Después el trabajo, la familia, la esperanza de la reunificación familiar. Desde el punto de vista espiritual el inmigrante se tiene que medir con una sociedad en la que la secularización es muy fuerte, y esto influye en ellos, porque están acostumbrados a vivir la fe de manera diversa. Y nuestro trabajo es el de crear comunidades para expresar la fe en conjunto y aquí encontrar la orientación para la vida diaria.

Por H. Sergio Mora