Kim Dae-Jung, premio Nobel de la Paz y «testigo de la reconciliación»

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Thomas Han Hong Soon: motivo de orgullo para los católicos coreanos

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ROMA, 15 oct (ZENIT.org).- Desde el viernes pasado, Kim Dae-Jung, presidente de Corea del Sur, se encuentra en la reducida lista de los galardonados con el Premio Nobel de la Paz.

Según la motivación oficial del Comité Nobel noruego, el galardón al primer presidente católico de Corea de la historia se debe a «su trabajo por la democracia y los derechos humanos en Corea del Sur y el este de Asia en general y por la paz y la reconciliación con Corea del Norte, en particular».

«Política de la luz»
Dae-Jung, de 75 años, lleva tres al frente del gobierno y desde entonces «ha contribuido a consolidar un gobierno democrático y ha promovido la reconciliación con Corea del Sur», continúa diciendo el Comité.

El pasado junio la «política de luz» del nuevo Premio Nobel brilló con todo su esplendor, cuando comenzó el acercamiento al hermano comunista al participar en una histórica cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Il, en Pyongang. En esa ocasión, propuso al líder comunista que aceptara la visita de Juan Pablo II a ese país, como signo de paz y reconciliación. La propuesta, que recibió en un primer momento el apoyo del líder de Corea del Norte, está siendo estudiada en estos momentos por la Santa Sede.

«Creo que Dios me preservó en los momentos difíciles par ayudarme a dirigir al país en el nuevo siglo», declaró al respecto Kim Dae Jung, católico practicante, tras su victoria electoral en las presidenciales de finales de 1997, después de cuatro intentos fallidos anteriores.

Kim Dae Jung es un antiguo disidente que llegó a ser condenado a muerte y que escapó a varios intentos de asesinato, el más grave, en 1970, le dejó secuelas irreparables en su cuerpo. Nació en el seno de una familia pobre en una pequeña isla de la costa suroccidental de Corea, en 1925. Tras dirigir una pequeña compañía de transporte marítimo, a principios de los años cincuenta se sintió atraído por la política, lo que le supuso, entre otros sacrificios, la pérdida de su fortuna y de su primera mujer, la cárcel… En 1980, las protestas internacionales lograron salvarle de la condena a muerte por parte del régimen. A continuación, pasó casi cinco años exiliado en Estados Unidos.

Hijo de la Iglesia católica en Corea
Thomas Han Hong Soon, profesor de economía política en la Universidad Hankuk de Seúl se siente particularmente orgulloso por la asignación del Premio Nobel a Kim Dae-Jung, «como coreano y como católico», añade.

La fidelidad a la misa dominical en la parroquia de Sejong Ro, en Seúl, no es algo simplemente formal para el presidente, explica el catedrático en declaraciones concedidas al diario italiano AVVENIRE (14 de octubre de 2000): «En su actividad política, ha demostrado ser un testigo de la fe».

Reconciliación
El profesor considera que Kim, con su política, «ofrece un auténtico testimonio cristiano»: «su proyecto de reconciliación con el norte nace de su pertenencia a la Iglesia católica, que fue la primera en hablar de reconciliación y la primera en ofrecer gestos concretos en este sentido. Hoy día es motivo de satisfacción el constatar que también el mundo llamado «laico» reconoce esta enseñanza y ejemplo».

El profesor Thomas Han Hong Soon recuerda que Kim es un testimonio particularmente significativo, pues en este país los católicos no son más del 10 por ciento de la población. Ahora bien, es uno de los países con el mayor índice de conversiones entre los adultos, en el que la Iglesia ha desempeñado en los últimos años una influencia decisiva en defensa de los derechos humanos. «Este premio nos hace sentir una mayor responsabilidad y un mayor compromiso para mejorar la sociedad», añade. Como ejemplo, recuerda que en estos días un representante de la Comisión episcopal para la Reconciliación está realizando una visita a Corea del Norte para acordar una serie de ayudas.

El ejemplo más vistoso de la obra de reconciliación promovida por el presidente se constató en Sidney, donde coreanos del norte y del sur desfilaron juntos con la misma bandera en la apertura de los Juegos Olímpicos.

Por lo que se refiere a la situación de los católicos norcoreanos, por quienes está trabajando el presidente Kim al promover la visita del Papa, el catedrático de Seúl explica: «Son pocos, unos tres mil, más o menos. En Pyongang hay una iglesia, pero no hay ni sacerdotes ni monjas. Sin embargo, hay laicos que demuestran tener una cierta preparación. Pero lo más importante es que estos tres mil católicos han sabido mantener su fe a pesar de las persecuciones. Y tenemos que recordar que los católicos están siendo perseguidos en el norte casi ininterrumpidamente desde hace dos siglos».

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ZENIT Staff

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