La sorpresa del Papa: encuentro diario con peregrinos en el período festivo

Ante la afluencia de fieles, decide quedarse estos días en Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 ene 2001 (ZENIT.org).- Por primera vez en su pontificado, Juan Pablo II ha querido quedarse en el Vaticano durante la semana que sigue a la Navidad para poder saludar diariamente a los peregrinos que superando todas las previsiones atraviesan la puerta santa en la recta final del Jubileo.

En efecto, en estos días se han podido constatar colas de dos horas de personas que quieren vivir este gesto de conversión. A mediodía, tras la Navidad, han experimentado diariamente la grata sorpresa de ver cómo el Papa abría la ventana de su biblioteca para dirigirles unas palabras de saludo y meditación.

En años anteriores, el sucesor de Pedro pasaba estas fiestas en la residencia pontificia de Castelgandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma. Ahora bien, el aumento de peregrinos en este año jubilar le ha llevado a no abandonar la Ciudad Eterna.

De hecho, en varias ocasiones, el Santo Padre demostró públicamente la conmoción que ha experimentado al ver este río humano de romeros. El 26 de diciembre, dejando espacio a la improvisación, confesó: «También esta mañana, al asomarme a la ventana, he visto y veo en esta plaza la multitud de gente que, aprovechando los últimos días del Jubileo, espera pacientemente para entrar en la Basílica a través de la puerta santa».

«Es un espectáculo que me conmueve –añadió– y evoca en mi mente el del Pueblo de Dios en camino hacia la Tierra Prometida. ¡Cristo es la verdadera Puerta que introduce a su Pueblo en la tierra prometida del cielo!».

De este modo, se han repetido estos encuentros del Santo Padre con los fieles, a mediodía, que concluyeron siempre con el rezo común de la oración mariana del «Angelus».

El 31 de diciembre, esta cita era particularmente esperada, de modo que reunió a más de 40 mil personas. Antes de la oración, por la Vía de la Conciliación se organizó un imponente desfile al estilo de la Edad Media italiana, con espectáculos de banderas y estandartes. Al final, llegaron con algo de anticipación según el calendario los Reyes Magos a caballo. Coros del folclore italiano animaron la fiesta.

En ese día, el último del año, los católicos celebraban el día de la Sagrada Familia de Nazaret. «¿No tiene en sí algo de providencial que el 2000, el año que hace de sigilo al milenio, se concluya con el signo de la familia?», preguntó el obispo de Roma a los presentes.

Ahora bien, dado que la afluencia de peregrinos superaba con creces estas posibilidades de encuentro, el sábado 30 de diciembre el pontífice concedió una audiencia general en la que se batieron records de presencia para un encuentro ordinario de este tipo: más de 60 mil peregrinos. Entre ellos se encontraban 30 mil voluntarios italianos del Cuerpo de Bomberos y de la Protección Civil.

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ZENIT Staff

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