El patriarcado de Moscú quiere detener la visita del Papa a Ucrania

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Revelaciones de la agencia misionera vaticana Fides

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MOSCÚ, 15 enero 2001 (ZENIT.orgFides).- Personalidades ortodoxas han comunicado a la agencia vaticana Fides que el patriarcado de Moscú pretende oponerse al anunciado proyecto de Juan Pablo II de visitar Ucrania en el año 2001.

Según indiscreciones filtradas de una reciente reunión del Consejo permanente del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el metropolitano Vladimir, representante del Patriarcado ruso de Kiev, ha sido elegido para escribir una carta oficial con la que debería convencer al pontífice a no emprender el viaje, programado para junio del 2001.

Según explica Fides, «parte del mundo ortodoxo teme que la visita del Papa sirva de detonador de una serie de conflictos interconfesionales que atormentan a Ucrania desde hace más de 10 años, y que constituyen ya una madeja de intereses difícil de desenlazar».

Desde el derrumbamiento de la Unión Soviética, Ucrania ha acumulado todas las tensiones surgidas en el seno de la Iglesia ortodoxa y de otras confesiones cristianas propias de los pueblos eslavos.

El peso de la Iglesia ucraniana en la Ortodoxia rusa es enorme. Hace diez años existían en Ucrania más de 150.000 parroquias ortodoxas (en Rusia sólo quedaban unas 6.000), 8.000 de las cuales se han emancipado de la jurisdicción de Moscú. De éstas, más de 2.000 habían permanecido bajo el control del metropolitano Filaret de Kiev, principal antagonista del actual patriarca Alejo II en el Santo Sínodo.

Filaret ha sido excomulgado por el mismo patriarca de Moscú y reducido al estado laical. En respuesta, se ha autoproclamado patriarca de la Iglesia ortodoxa ucrania. Al mismo tiempo ha logrado convertirse en el principal interlocutor de los dirigentes políticos ucranianos.

Además, algunos cientos de parroquias se han reunido en la «Iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala». Esta corriente se inspira en la «Ortodoxia de las catacumbas», que nunca aceptó las imposiciones del régimen soviético. Mantenido sus centros organizativos en el extranjero, reconoce como «guía espiritual» al metropolitano Konstantin, jefe de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de los Estados Unidos, apoyada discretamente por el mismo Patriarcado de Constantinopla.

A este complicado mosaico se añaden las más de 3.000 parroquias ucranianas que han vuelto bajo la jurisdicción greco-católica que, en 1946, había sido suprimida por el régimen y unida por la fuerza a Moscú. Se trata de parroquias católicas de rito oriental que habían sido expropiadas en tiempos de Stalin y que en tiempos de la Perestroika fueron puestas a disposición de las comunidades más numerosas en la localidad.

El Patriarcado de Moscú considera la devolución de las parroquias ortodoxas al catolicismo de rito oriental como una de las causas principales del conflicto con la Iglesia católica.

Actualmente, los greco-católicos, después de la reciente desaparición del cardenal Miroslav Lubachivsky, sucesor del Cardenal «confesor» Iozif Slijpyi, están esperando el nombramiento/elección del nuevo arzobispo mayor de Leopoli.

Apoyándose en el peso numérico e histórico (Ucrania es considerada la cuna historia de la Ortodoxia), el metropolitano Vladimir está tratando de obtener el máximo de independencia de Moscú.

En el último Sínodo plenario de los Obispos rusos, tenido en Moscú en agosto pasado, obtuvo en efecto una autonomía mucho mayor.

Ante las escisiones que ha experimentado la Iglesia ortodoxa en Ucrania, el presidente del país, Leonid Kuchma, propuso convocar un «Concilio local ucraniano», en el que todos los metropolitanos –o que así son considerados– se retiren, dejando al clero y al pueblo la elección de un único guía espiritual.

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ZENIT Staff

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