La Iglesia ortodoxa cierra por el momento las puertas de Atenas al Papa

El patriarca pone sobre el tapete la cuestión de los greco-católicos

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ATENAS, 29 enero 2001 (ZENIT.org).- La Iglesia ortodoxa griega ha congelado, por el momento, la posible visita de Juan Pablo II a Atenas. Lo explicó ayer su patriarca en declaraciones concedidas a una emisora radiofónica local.

El arzobispo Christodoulos consideró que antes de que tenga lugar la visita del obispo de Roma a la capital griega es necesario que ortodoxos y católicos superen las dificultades actuales. «Si se realiza una visita antes que se resuelvan estas diferencias, no arrojará ningún resultado y por el contrario, agravará la situación».

Al explicar cuáles son estas diferencias, el patriarca mencionó como la principal causa de fricciones la existencia de los católicos de rito oriental. Se trata de comunidades cristianas que han mantenido la liturgia y tradiciones ortodoxas, pero que profesan obediencia al Papa.

Algunas comunidades ortodoxas, especialmente el patriarcado de Rusia y el de Grecia, consideran que estos cristianos son una especie de «intrusión» católica en tierras ortodoxas.

«El diálogo entre las dos iglesias comenzó hace veinte años, pero ese diálogo esencialmente se ha estancado durante la última década», dijo Christodoulos en sus declaraciones radiofónicas.

Los greco-católicos padecieron terribles persecuciones en los países dominados por el comunismo, pues Stalin les obligó a pasar a formar parte de la Ortodoxia bajo pena de cárcel o incluso de muerte. Sus bienes, en países como Rumanía o Ucrania, fueron expropiados y entregados a las Iglesias ortodoxas.

En estos años, sin embargo, estas comunidades están experimentando un auténtico renacimiento y los ortodoxos consideran que esto constituye una especie de «proselitismo» por parte de Roma entre su gente.

Ayer, el Papa hizo pública su decisión de nombrar cardenal al recién nombrado arzobispo mayor de los greco-católicos de Ucrania, Lubomyr Husar. En su persona, explicó el mismo Juan Pablo II que visitará Ucrania el mes de junio, trata de honrar a esas comunidades que, «especialmente en el curso del siglo XX han sido duramente probadas y han ofrecido al mundo el ejemplo de tantos cristianos y cristianas que han sabido testimoniar su fe entre sufrimientos de todo tipo, culminados frecuentemente con el sacrificio de la vida».

El pasado 24 de enero el presidente de Grecia, Costis Stephanopoulos, había invitado a Juan Pablo II a visitar Atenas para poder cumplir con su sueño jubilar de peregrinar tras las huellas de san Pablo.

En su «Carta sobre la peregrinación a los lugares viculados con la historia de la salvación» (29 de junio de 1999), Juan Pablo II confesaba: «me gustaría poder detenerme en meditación también en dos ciudades singularmente relacionadas con la vida de Pablo, el apóstol de los gentiles». Mencionaba Damasco (Siria), un viaje que el Papa realizará próximamente, como él mismo confirmó el 25 de enero, y Atenas, «en cuyo Ahreópago Pablo pronunció un discurso memorable».

Juan Pablo ha sido el primer obispo de Roma en pisar tierras ortodoxas, Rumania y Georgia. Las Iglesias ortodoxas se encuentran separadas desde el cisma de Oriente, que estalló a inicios del milenio pasado, por cuestiones teológicas que afectan a la doctrina de la Trinidad (ya superadas), así como por la concepción del primado de Roma en la Iglesia universal, auténtico motivo de divergencia en estos momentos.

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ZENIT Staff

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