La concentración humana más grande de la historia de Malta

El Papa eleva a los altares a los tres primeros beatos de la isla

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LA VALETTA, 9 mayo 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II culminó su peregrinación tras las huellas de san Pablo por Grecia, Siria y Malta con una eucaristía en la que participó más de la mitad de la población de esta isla mediterránea, en un 91% católica.

Ha sido la concentración más grande de la historia de Malta: según las autoridades, participaron unas doscientas mil personas. En esta República, según estadísticas publicadas por la CIA, hay 391.670 personas. La visita del pontífice ha sido declarada día de fiesta nacional.

En la eucaristía, celebrada en la explana más grande de la isla, la de los Graneros, en la localidad de Floriana, el pontífice beatificó a los primeros malteses de la historia: el sacerdote George Preca; el diácono Nazju Falzon y la religiosa abadesa María Adeodata Pisani.

La estupenda acogida de este pueblo, profundamente religioso, tonificó al pontífice, tras esta agotadora peregrinación. Malteses emigrantes en el extranjero regresaron de Australia, Inglaterra, Estados Unidos para participar en el acontecimiento.

El momento más emocionante de la celebración llegó cuando el Papa pronunció la fórmula litúrgica de la beatificación, que fue acogida con aplausos, cantos, y repique de campanas. Mientras se desvelaron las imágenes de los nuevos beatos a un lado del altar.

En su homilía, el pontífice hizo un reconocimiento de los casi dos mil años de cristianismo en Malta, que comenzaron cuando san Pablo naufragó en esta isla, al ser llevado prisionero a Roma, y que vivió hoy uno de los días más emocionantes de su historia este miércoles con la proclamación de sus primeros beatos.

Entre ellos destacó la figura del sacerdote más popular de Malta, George Preca (1880- 1962), fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana, institución dedicada particularmente a la catequesis, presente hoy en casi todas las parroquias de la isla y en varios países del mundo (Inglaterra, Sudán, Albania y Australia). Una misión que, como dijo el Papa, cobra hoy gran actualidad en Malta, tierra que sigue teniendo necesidad de sacerdotes, religiosos y catequistas para proclamar la palabra de Dios.

El milagro que le ha llevado a la gloria de los altares fue experimentado por un compatriota, que sanó, por su intercesión, de un desprendimiento de retina irreversible, sin que la ciencia encontrara una explicación a la curación.

A continuación el pontífice se refirió al nuevo beato Nazju Falzon (1813-1865), abogado de éxito que dejó la carrera para consagrarse a Dios y dedicarse particularmente a la catequesis de muchachos y adultos.

«Renunció al éxito terreno para el que se había preparado con el objetivo de servir al bien espiritual de los demás –constató el Papa–, incluidos los numerosos soldados y marineros británicos destinados en Malta en aquel tiempo. Al acercarse a ellos, muchos no eran católicos, anticipó el espíritu ecuménico de respeto y de diálogo que hoy nos es tanto familiar, pero que en aquel tiempo no estaba tan difundido».

Por último, recordó el ejemplo de vida de la religiosa benedictina María Adeodata Pisani (1806-1855), italiana que llegó a los 19 años a Malta, quien a pesar de haber vivido en un monasterio de clausura durante 26 años, se hizo famosa en la isla por su santidad y amor a los pobres.

El pontífice reconoció que en estos momentos «es necesario un aprecio renovado de las motivaciones teológicas más profundas» de la consagración a la vida religiosa. «Esperamos todavía la plena aplicación de la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre el valor trascendental de ese amor especial a Dios y a los demás, que lleva a una vida centrada en los votos de pobreza, castidad, obediencia y castidad», dijo.

Con estas tres nuevas beatificaciones, Juan Pablo II ha elevado ya a la gloria de los altares en sus casi 23 años de pontificado a un total de 1.235 siervos de Dios y mártires por odio a la Fe. También ha proclamado a 443 santos.

Antes de despedirse de los fieles, el Papa dirigió un pensamiento especial a los enfermos y a los presos de la cárcel Corradino, en la isla. Los encarcelados habían soñado con organizar una posible visita pontificia al penitenciario en recuerdo de Pablo, el apóstol prisionero. «No ha sido posible –les dijo el Papa con tristeza–. Os abrazo a todos espiritualmente e invoco sobre vosotros las abundantes gracias divinas».

Por último, conmovido por la noticia del asesinato de dos adolescentes israelíes junto a Belén, dijo: «Todavía hoy escuchamos noticias dolorosas de Tierra Santa, de violencia terrible incluso contra jóvenes inocentes –dijo–. Todos tenemos que intensificar nuestra oración por la paz en la tierra de Jesús».

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ZENIT Staff

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