Kazajstán toma medidas sin precedentes de seguridad para acoger al Papa

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Una medida de prudencia tras los atentados a Estados Unidos

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ASTANA, 18 septiembre 2001 (ZENIT.org).- Tras los atentados contra Estados Unidos de la semana pasada, Kazajstán tomará medidas de seguridad «sin precedentes» para recibir este fin de semana la visita de Juan Pablo II, reveló este lunes el ministro de Asuntos Exteriores de la ex república soviética.

«Las medidas de seguridad serán sin precedentes en relación con los recientes ataques terroristas en Estados Unidos», afirma Bulat Iskakov, máximo responsable de la diplomacia kazaja, en declaraciones citadas por la agencia rusa Interfax.

Según el ministro, 2.400 policías y soldados se encargarán de la seguridad durante la estancia del pontífice en la nueva capital del país, Astana, construida hace cuatro años.

El mismo Juan Pablo II confirmó este lunes al recibir al nuevo embajador de Kazajstán ante la Santa Sede, Nurlan Danenov, que mantiene su viaje al país asiático (22 al 25 de septiembre) para promover el diálogo entre las culturas y las religiones, en este país de mayoría musulmana, pero al que las deportaciones de Josip Stalin convirtieron en un mosaico de etnias y religiones.

Los líderes de los países de la zona se encuentran en estos momentos movilizados en espera de saber cuál pueden ser las acciones que la administración Bush podría emprender en Afganistán, país que hasta ahora ha dado refugio a Osama Bin Laden, considerado por los servicios secretos estadounidenses como uno de los autores intelectuales de los atentados.

Afganistán y Kazajstán se encuentran separados por Uzbekistán. Astana, la única ciudad que visitará el Santo Padre tiene 350.000 habitantes.

Actualmente hay en Kazajstán, país con algo más de 16 millones de habitantes, tiene unos 8 millones de musulmanes sunníes, algo más de 6 millones de ortodoxos, y uns 300 mil católicos de rito latino. Están también presentes greco-católicos.

Tras la caída del imperio soviético, recobró la independencia en 1991. En estos diez años se han registrado oficialmente más de 600 Iglesias y sectas, entre ellas muchos grupos protestantes integristas.

Según informa la agencia misionera Fides, el gobierno tiene miedo tanto de estos grupos como de los integristas islámicos. Por este motivo, mantiene ciertos controles sobre la libertad religiosa: los encuentros de cierta envergadura deben ser autorizados en cada ocasión, y las manifestaciones y procesiones están prohibidas.

Está prohibido ambién el «proselitismo» y todo tipo de misión activa.

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ZENIT Staff

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