El Vaticano en la ONU: La respuesta al terrorismo no es la violencia

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El «embajador» del Papa y la reacción a los ataques terroristas

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NUEVA YORK, 17 octubre 2001 (ZENIT.org).- La violencia del terrorismo no se resolverá con la simple violencia, aseguró el «embajador» de Juan Pablo II ante las Naciones Unidas al tomar la palabra este lunes. El terrorismo sólo se podrá combatir, añadió, si se eliminan sus causas.

«La justicia y no la venganza debe ser nuestro objetivo», dijo el arzobispo Renato Martino, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU en Nueva York, al dirigirse a los miembros del primer comité de la Asamblea general de esta institución reunido para discutir sobre desarme.

«En primer lugar –explicó el prelado–, los responsables deben ser aprehendidos y llevados ante la justicia para ser procesados». Ahora bien, aclaró, esto debe hacerse sin «exponer a más víctimas inocentes civiles a la muerte y la destrucción».

«Violencia en respuesta a la violencia sólo traerá más violencia», sentenció.

En segundo lugar, añadió, «no haríamos un auténtico servicio a quienes murieron en esta tragedia, sino no buscamos las causas» que produjeron los salvajes ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

«Aquí emergen cuestiones políticas, económicas, sociales, y religiosas –ilustró–. El denominador común de estos factores es el odio. Es un odio que trasciende a las personas y las regiones. Es el odio de la misma humanidad. Este odio mata incluso a quien odia».

Desarraigar la pobreza
«Si bien la pobreza no es en sí misma la causa del terrorismo –añadió monseñor Martino– no podemos combatirlo con éxito si no afrontamos el agravamiento de las disparidades entre ricos y pobres».

«Tenemos que reconocer que la disparidad de condiciones en el planeta es incompatible con la seguridad global», aseguró.

El prelado, por tanto, especificó que «toda campaña seria contra el terrorismo exige la resolución de las problemáticas sociales, económicas y políticas que alimentan la emergencia del mismo terrorismo».

Eliminar todas las armas
Refiriéndose a la cuestión que en ese momento afrontaba la Asamblea, el desarme, el representante de la Santa Sede subrayó que muchos conflictos actuales, en ocasiones olvidados por la opinión pública, se combaten con armas ligeras.

La disponibilidad ilimitada de armas de pequeño calibre en áreas de alta tensión –constató– ha favorecido el estallido de guerras civiles. Cada semana, reveló, mueren 10 mil personas a causa de estas armas.

En concreto, denunció que todavía hoy la comunidad internacional no ha tomado acciones resolutivas para prohibir definitivamente las minas antipersonales, y mencionó incoherencias aún más graves en lo que se refiere a la cuestión de las armas bioquímicas, sobre las que ahora se concentra el miedo de la opinión pública.

Armas bioquímicas
Constatando que todavía no se ha alcanzado un acuerdo sobre el Protocolo que busca reforzar la Convención sobre estas terribles armas, reconoció que este retraso representa «un ulterior obstáculo a la cooperación internacional necesaria para prevenir el terrorismo».

«Luchar contra el peligro de la utilización por parte de los terroristas de organismos letales –dijo–, exige instituciones internacionales de control más creíbles que las actuales».

Armas nucleares
Martino renovó también el llamamiento, expresado en varias ocasiones por la Santa Sede, a aplicar en todos sus aspectos y por todos los Estados el Tratado de No Proliferación.

«Tenemos que afrontar al problema central de las armas nucleares –exigió– y sobre todo la mentalidad de quienes cuentan con ellas y afirman que son esenciales para su seguridad».

Con contundencia, afirmó: «Ha llegado la hora de declarar que la posesión de armas nucleares y otros armamentos de destrucción de masa está poniendo en peligro a toda la humanidad y deben ser abolidos».

Monseñor Martino concluyó afirmando que para construir los fundamentos de la paz se requiere eliminar toda arma de destrucción y desarraigar la pobreza.

«Más que intervenir en conflictos violentos después de que ya han estallado, comprometiéndonos después en la construcción de la paz postbélica –afirmó– es más humano y eficaz prevenir la violencia, en primer lugar afrontando sus causas».

«Esta es la esencia de la cultura de la paz», aseguró.

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ZENIT Staff

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