JERUSALÉN, 21 diciembre 2001 (ZENIT.org).- La violencia que caracteriza los territorios palestinos desviará con toda probabilidad la serie de tradicionales procesiones de Navidad que las comunidades cristianas organizan todos los años en Belén.

Hoy, como hace dos mil años, no hay posada en Belén. Del Paradise Hotel sólo queda un esqueleto de cemento ennegrecido por los cañonazos. Y sigue cerrado el lujoso Inter-Continental, con sus 250 habitaciones, inauguradas cuando estalló la nueva Intifada. Será una Navidad con muy pocos peregrinos.

En la ciudad en la que nació Jesús, Navidad se celebra en tres fechas distintas. El 25 de diciembre será la fiesta de católicos y protestantes; el 6 de enero la Navidad Ortodoxa, y otras iglesias orientales; los armenios, por último, celebrarán el nacimiento del Salvador el 18 de enero.

En esas tres ocasiones, el patriarca de Jerusalén (ya sea el católico-latino, greco-ortodoxo o el armenio), según la costumbre, camina en procesión desde la Ciudad Santa hasta Belén, situada a unos 8 kilómetros.

Sin embargo, los acontecimientos que se viven en la zona desde el comienzo de la Intifada, en septiembre de 2000, bloquearán con toda probabilidad esta peregrinación, como ya sucedió el año pasado.

Los patriarcas deberían pasar por delante de la Tumba de Raquel para luego entrar en la ciudad de David por la Calle de la Estrella. Este es el camino por el que, según la tradición, llegaron los Reyes Magos de Oriente.

Acompañados por grupos de «boy scouts» cristianos palestinos, los patriarcas se dirigen entonces a la Plaza del Pesebre. En la Basílica de la Natividad, una de las más antiguas de la Cristiandad, se encuentra la Cueva de la Natividad, donde se cree que nació Jesús de Nazaret.

En la iglesia de santa Catalina, Su Beatitud Michel Sabah, el patriarca católico latino, palestino oriundo de Nazaret, celebrará la misa de medianoche en la iglesia franciscana de Santa Catalina, junto a la Plaza del Pesebre. Será transmitida por televisión en directo a todo el mundo.

Los cristianos, que llegaron a ser un porcentaje considerable de los árabes palestinos, han ido disminuyendo en número en las últimas décadas a causa de la emigración provocada por las guerras, la ocupación israelí, y la baja tasa de natalidad de esta comunidad.

Los 28 mil vecinos de la localidad en los últimos 14 meses no han alcanzado los 550 euros de renta per cápita. El desempleo alcanza el 70 por ciento. La gente no puede ir a Jerusalén ni a trabajar ni a rezar. Hoy, los cristianos, divididos en unas trece comunidades, no son mayoría ni siquiera en Belén, donde son en torno al 30 por ciento.

De cultura tan árabe como los musulmanes, los palestinos cristianos celebran la Navidad con platos especiales de la cocina oriental. El más típico son las berenjenas rellenas y las hojas de uva rellenas, laboriosas pero exquisitas.

Al igual que los musulmanes durante el Ramadán, los cristianos hornean pasteles y dulces típicos de estas fiestas, que ofrecen a sus visitantes.

Otras costumbres navideñas palestinas son la cena multitudinaria que ofrece el Ayuntamiento en la Plaza del Pesebre, los villancicos y los regalos, que en Palestina, son traídos por los Reyes Magos (no por Papa Noel) el día de Navidad.

Una tradición importante es, por último, la visita de consuelo a aquellos que han sufrido una pérdida en la familia a lo largo de año. En este año de Intifada, por desgracia, será un rito demasiado repetido.