Isaías Duarte, el apóstol que hablaba duro

Perfil del obispo asesinado publicado por «El Tiempo»

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BOGOTÁ, 18 marzo 2002 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el perfil que publicó este lunes el diario colombiano El Tiempo sobre el arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino.

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Cuando monseñor Isaías Duarte Cancino fue nombrado obispo de Apartadó (Antioquia), tuvo la valentía de sentar en la Mesa Regional de Diálogo a los sectores más disímiles: empresarios, sindicatos, guerrilleros, autodefensas y gobiernos local y departamental. Era 1988, cuando el papa Juan Pablo II creó esta diócesis.

A todos los representantes les habló francamente: No quería más sangre en la zona (azotada por una gran violencia), ni muertos ni viudas ni huérfanos. El lugar tenía que progresar y él estaba ahí para hacer su aporte.

Los habitantes agradecieron su llegada y lo consideraron un apóstol porque además creó los Seminarios Mayor y Menor, y seis colegios de secundaria (le parecía inconcebible los pocos centros educativos de la zona).

Pero mientras organizaba estas nuevas formas de ayuda, no dejó de hablar duro. En 1991 estuvo presente en el proceso de reinserción de los miembros del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Su gestión incluyó a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu). Les dijo que estaba cansado de su conflicto con las Farc, grupo erradicado de la región.

El guía espiritual
En San Gil (Santander) nació el 15 de febrero de 1939 y en Bucaramanga estudió, en el Instituto del Estado. Como sacerdote se formó en Pamplona (Norte de Santander), en el Seminario Mayor.

Luego viajó a Roma (Italia), a la Universidad Gregoriana, para graduarse como licenciado en teología. En esta misma ciudad se ordenó el 1 de diciembre de 1963 y regresó al país para asumir el cargo de vicario de la Catedral de Bucaramanga.

El 23 de septiembre de 1995 se posesionó como arzobispo de Cali. A la capital del Valle llegó a apoyar la educación y la religión. Creó 45 nuevas parroquias en sectores populares y 9 colegios en estratos bajos, así como los programas Samaritanos de la Calle, Sergente y el Banco de Alimentos. También, la Comisión de Vida, Justicia y Paz, que adelanta estudios sobre las víctimas de la violencia.

Los derechos humanos
Por su trabajo en pro de la paz y su meta de desterrar la violencia de Colombia, también fue un abanderado de los derechos humanos.

En 1999, al ocurrir el secuestro de la iglesia La María, de Cali, excomulgó a los guerrilleros del ELN.

“No es cometiendo injusticias como se lucha por la justicia, ni agrediendo a seres inocentes como se llega a la paz”, dijo en esa ocasión.

Por eso, criticó tan duramente el proceso de paz del presidente Pastrana con las Farc, argumentando que era un “despropósito hablar con un grupo rebelde que continuaba sus acciones violentas mientras dialoga”.

Y aunque se afirma en algunos sectores que no existía conocimiento sobre amenazas a su vida, el sábado monseñor Duarte cayó asesinado. Salía de casar a 104 parejas.

Comentaba, medio en broma, que su récord casando llegaba a 40 parejas y esa noche había triplicado la cifra.

El prelado ya no volverá a comer su plato favorito, carne asada con arepa santandereana. El apóstol de la paz, como se le conocía, se fue sin ver a Colombia lejos de la guerra. Mañana será entrerrado en la Catedral de San Pedro de Cali.

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ZENIT Staff

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