Colombia se despide de su arzobispo asesinado

El cardenal de Bogotá ve en su vida y muerte la esperanza para el país

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CALI, 20 marzo 2002 (ZENIT.org).- Colombia dio su último adiós este martes a monseñor Isaías Duarte Cancino, con un funeral que comenzó al frente de la catedral de San Pedro de Cali, pues el templo no podía acoger a las decenas de miles de fieles.

Más de medio millón de personas habían formado largas filas a las afueras de la catedral, desde el domingo anterior, para visitar el féretro de «Monseñor», como familiarmente llamaban los colombianos al arzobispo que fue asesinado el sábado pasado a quemarropa, cuando salía de una iglesia.

En las exequias participaron unos noventa obispos, centenares de sacerdotes, y el nuncio apostólico de Juan Pablo II en Colombia, monseñor Beniamino Stella.

Una gigantesca pancarta con la imagen del arzobispo de Cali presidía la fachada de la catedral con el lema «Apóstol de paz».

En el acto, el cardenal Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, tomó la palabra para recordar la figura del arzobispo asesinado, en particular «su valentía y claridad en sus pronunciamientos».

«Su vida y su muerte es un clamor para que todos vivamos la esperanza en el cumplimiento fiel de los deberes que tenemos en esa línea de hacer la voluntad de Dios», dijo el cardenal.

Miles de pañuelos blancos, algunos con una cruz de luto, otros con el rostro de Cristo estampado, saludaban el féretro.

Doscientos hombres del Ejército rindieron honores al obispo, mientras en hombros era llevado el ataúd con su cadáver a la catedral.

Allí yace ahora su cuerpo, sepultado con solo una rosa, y bajo los pies de la Virgen de Fátima.

Tras el rito, el presidente de la República, Andrés Pastrana, llegó hasta el micrófono central a dar su último adiós al arzobispo de Cali. En se mismo lugar, Duarte había denunciado la financiación con dinero del narcotráfico de campañas políticas.

Algunos de los presentes abuchearon a Pastrana gritando «justicia, justicia», o «que se vaya», lo que obligó al presidente a abreviar su discurso.

Por el momento no queda claro quién ha sido el autor intelectual del asesinato. Este martes el procurador general de la Nación, Edgardo Maya Villazón, pidió prudencia a las autoridades que investigan el asesinato del arzobispo, pues se han hecho declaraciones públicas dispares.

Tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos de los principales grupos guerrilleros, han negado su responsabilidad en comunicados oficiales.

Las sospechas apuntan ahora de manera más directa hacia el narcotráfico y sus nexos políticos, denunciados duramente por el prelado.

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ZENIT Staff

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