La ayuda, única opción para Corea del Norte mientras no haya cambios

Habla Käthi Zellweger, de Cáritas Hong Kong

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ROMA, 21 junio 2002 (ZENIT.org).-Cáritas ha sido una de las pocas organizaciones que se ha mantenido cerca del pueblo de Corea del Norte en los últimos años, a pesar de las dificultades materiales y políticas que caracterizan el país.

Käthi Zellweger, directora de los proyectos de Cáritas Hong Kong, quien desde hace años coordina la ayuda a Corea del Norte, explica la situación en esta entrevista concedida a la agencia de información de la Santa Sede Fides.

–¿Hay todavía hambre en Corea del Norte? ¿Cuál es la situación del país?

–Käthi Zellweger: La situación ya no es tan desesperada como en 1995.
Gracias a las ayudas alimenticias, se ha superado la hambruna. La cosecha de 2001 fue la mejor desde 1995, pero ello no significa que haya víveres para todos. Por eso es importantísimo continuar nutriendo a los grupos más vulnerables: los niños menores de 6 años, las mujeres embarazadas, los ancianos.

La situación en el campo sanitario no ha mejorado mucho: hay estructuras, hospitales y personal médico, pero faltan las medicinas básicas, por lo que resulta difícil que los hospitales puedan funcionar bien. Si comparamos a los niños de Corea del Norte con los de Corea del Sur nos damos cuenta de que un niño de 7 años de Corea del Sur mide 125 cm. de estatura y pesa 26 kilos, mientras que un niño de la misma edad de Corea del Norte mide 105 cm. y pesa solamente 16 kilos. Esto nos hace comprender lo sucedido y lo que le sucederá a la próxima generación: la consecuencia es un dramático subdesarrollo físico.

–¿La clase política favorece la ayuda internacional a la población?

–Käthi Zellweger: Las ayudas humanitarias fueron siempre bienvenidas porque no tienen finalidades políticas. Cuando entran en juego aspectos políticos, las ayudas no son recibidas favorablemente. Nosotros, los de Cáritas, nunca hemos tenido problemas y nuestra ayuda fue siempre aceptada: hemos tenido siempre las puertas abiertas.

–¿Cómo se va desarrollando del trabajo de Cáritas? ¿Cómo es la relación de Cáritas con las autoridades?

–Käthi Zellweger: El pasado mes de abril, Cáritas hizo un nuevo llamamiento en el que pedíamos la suma de 2,6 millones de dólares (2.721.658 euros) para financiar el programa de ayudas en los próximos cinco años. Por primera vez, los coreanos del Norte han participado activamente en la renovación del programa: en noviembre del año pasado tuvimos un encuentro en Pekín, en el que participaron Cáritas de Corea del Sur y funcionarios de Corea del Norte. Fue la primera vez que en un encuentro de Cáritas participaban representantes de Corea del Norte y del Sur en torno a la misma mesa. Esto fue para nosotros un paso adelante muy importante.

En nuestro reciente llamamiento enunciamos tres puntos fundamentales: el primero es continuar ofreciendo la asistencia alimenticia, con ayuda de las agencias de la ONU, sobre todo géneros alimentarios de calidad como aceite y cereales.

El segundo punto se refiere a la agricultura: tratamos de ayudar a la agricultura norcoreana para que aumente su producción, aunque sabemos que difícilmente Corea del Norte será capaz de autoabastecerse. Necesitará todavía ayuda. Este es el único camino que podemos recorrer hasta que no se verifiquen otros cambios.

El tercer punto es el de la sanidad: tratamos de ofrecer instrumentos básicos y medicamentos, ayudando sobre todo a las secciones de maternidad. A causa de la continua malnutrición, las mujeres tienen dificultades a la hora del parto. Con frecuencia nacen niños de bajo peso y es necesario que reciban la ayuda adecuada.

–¿Colabora Cáritas con las demás organizaciones de ayuda, como las organizaciones no gubernamentales?

–Käthi Zellweger: Sí, trabajamos con otras organizaciones: sobre todo la ONU y las autoridades locales son nuestros socios más importantes. La última llamada de Cáritas fue acogida por el 73% de las organizaciones católicas y por el 27% de no católicos. Hay, pues, un gran número de no católicos que colaboran con nosotros. Considero importante que trabajemos codo a codo.

–¿Cuál es hoy el papel de la Iglesia católica en Corea del Norte?

–Käthi Zellweger: La Iglesia local es una Iglesia pequeñísima, Según datos oficiales hay solamente 3.000 católicos en el país, de los cuales unos 800 en Pyongyang. Desgraciadamente no hay ni un solo sacerdote. Por eso, sólo cuando viene un sacerdote extranjero se puede celebrar la Santa Misa. Sucedió, por ejemplo, en el mes de mayo, con ocasión de la visita de la delegación vaticana. Quisiera que ocurriera con más frecuencia: a la Misa asistieron también muchos católicos extranjeros y, quizá por primera vez, nos dimos cuenta de que hay muchos católicos extranjeros que desean un servicio litúrgico regular. Por lo que se refiere a las ayudas, la Iglesia de Pyongyang no dispone de estructuras adecuadas para participar en los programas humanitarios.

–Dos años después del inicio de la «Sunshine policy» (política de acercamiento entre la Corea del Norte y el Sur), ¿qué ha cambiado?

–Käthi Zellweger: Desgraciadamente, el optimismo que todos sentíamos, sobre todo los coreanos del Sur, está desapareciendo poco a poco porque no se han producido grandes progresos. Los problemas políticos que experimenta el presidente del Sur, Kim Dae-jung, no favorecen los progresos. Creo en todo caso que también quien suceda al actual presidente surcoreano (el próximo diciembre habrá nuevas elecciones) se empeñará en promover las relaciones entre Norte y Sur, porque se ha comprendido que el diálogo es el único camino que puede aportar cambios.

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ZENIT Staff

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