El asedio a la Natividad de Belén, relatado en un libro

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Revela el decisivo papel de los franciscanos en la resolución del conflicto

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ROMA, 11 noviembre 2002 (ZENIT.org).- «El Asedio a la Natividad» es, ante todo, «una prueba de estima hacia la custodia franciscana de Tierra Santa», recalcan los autores del libro. Los dos periodistas fueron testigos directos del papel determinante de portadores de paz desempeñado por los franciscanos en los Santos Lugares y, en especial, en la solución de la crisis de Belén.

El volumen, presentado en Roma y publicado por la editorial «Ponte alle Grazie», relata los 39 angustiosos días de asedio a la Natividad –del 2 de abril al 10 de mayo pasado–, cuando el ejército israelí cercó el complejo donde se habían atrincherado aproximadamente 200 palestinos.

Los autores –corresponsales de la RAI (televisión estatal italiana) en Oriente Medio–, Giuseppe Bonavolontà y Marc Innaro, entrelazan su testimonio con las páginas del diario que escribió el padre Ibrahim Faltas, custodio de la Basílica de la Natividad.

«Permanecí dentro de la Basílica los dos primeros días de la crisis y Giuseppe Bonavolontà estaba fuera», recuerda Marc Innaro a los micrófonos de Radio Vaticana . El 2 de abril, cuando los corresponsales se encontraron atrapados en el centro de la batalla, llamaron por teléfono al padre Ibrahim Faltas.

«Ábranos la puerta, Ibrahim, vienen contra nosotros, estamos bloqueados, no podemos volver atrás, los israelíes nos han disparado», le dijeron. «Sí, venid –les contestó el padre Ibrahim–, pero tened cuidado, porque aquí están disparando».

«Pensábamos que aquel era el lugar más seguro –prosigue Innaro–; algunas horas después, con el mismo razonamiento, 200 palestinos armados, derribando las puertas con ráfagas de kalashnikov, entraron y buscaron allí refugio del ejército israelí que estaba ocupando la ciudad».

«A partir de ese momento vimos en los franciscanos de Tierra Santa, en su mediación entre las partes, el rostro y la obra de san Francisco, pasando de una trinchera a la otra a través solamente de un mensaje de humanidad, de esperanza», constata Innaro.

«Y precisamente en nombre de la humanidad –reconoce Marc Innaro– se llevó a cabo aquello que los franciscanos hicieron: salvar vidas humanas intentando salir al encuentro de israelíes y palestinos».

Parece difícil conjugar el mensaje de esperanza de los franciscanos con la sangrienta realidad de Oriente Medio. «Mientras prevalezcan los rencores, el deseo de venganza y se sucedan en cadena los episodios violentos, está claro que la esperanza difícilmente se podrán mantener en pié», explica Giuseppe Bonavolontà.

«Sin embargo –constata–, en el mensaje franciscano hay algo fundamental. Las grandes revoluciones, los grandes movimientos de ideas, en realidad han acabado, han llevado siempre a explosiones de intolerancia. El verdadero mensaje es el del hombre que consigue pasar, precisamente, de una barricada a la otra, logra llevar el propio compromiso, incluso físico, de hombre de paz entre este prójimo que hace las guerras».

Tras la experiencia de la crisis de la Natividad y después de haber escrito en el libro de Bonavolontà e Innaro las impresiones de aquellos días, el padre Ibrahim Faltas hace un llamamiento al mundo: «El mensaje es único: la paz. La convivencia entre el pueblo palestino y el pueblo israelí es lo que esperamos que llegue un día», dice.

«El deseo es que las dos partes se pongan de acuerdo volviendo a las negociaciones, que vivan en paz en esta tierra, la tierra donde nació, vivió, murió y ascendió al cielo Nuestro Señor Jesucristo», añade el padre Ibrahim Faltas.

Seis meses después de aquellos acontecimientos, la situación sigue siendo difícil: «La gente aún está mal. No hay toque de queda, el ejército israelí no está dentro de la ciudad, pero la gente no puede ir a trabajar, no tiene trabajo, hay desempleo», explica.

«La ciudad está bloqueada –denuncia también el padre Ibrahim Faltas–, no hay turistas ni peregrinos y el 80% de la población de Belén trabaja en el sector del turismo. No puede ir a Israel a trabajar. La esperanza es que la comunidad internacional haga lo posible para resolver el problema de palestinos e israelíes».

En este contexto, el asedio a la Natividad de Belén representa una señal del sufrimiento de toda la región, explica el padre David Jaeger, portavoz de la Custodia de Tierra Santa, quien intervino en la presentación del libro junto al padre Giovanni Battistelli, Custodio de Tierra Santa.

«El caso concreto de Belén puso de manifiesto una vez más la necesidad y la urgencia de una defensa jurídica internacional para esa zona, ya definida en 1947 por las Naciones Unidas “corpus separatum”: un estatuto especial internacionalmente garantizado, tan deseado por la ONU como por la Iglesia, en especial para los Santos Lugares», comenta.

Según sugiere, esto se podría llevar a cabo, por ejemplo, mediante un «Tratado multilateral al que se adhirieran israelíes y palestinos, pero también un nutrido número de más naciones europeas, americanas y otras que ayuden a garantizar su observancia».

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ZENIT Staff

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