Chile puede aportar sus valores a la globalización, y no perder su identidad

Concluye la 84ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Chilena

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PUNTA DE TRALCA, 25 noviembre 2002 (ZENIT.org).- La Iglesia debe infundir esperanza al inicio del tercer milenio, para que todos los cambios del momento actual se conviertan de verdad en un renovado encuentro con Cristo vivo, que impulse al pueblo chileno a la conversión y a la solidaridad.

Así lo pidió el Papa a los obispos de Chile en su «visita ad limina apostolorum» de octubre, acontecimiento que ha marcado la 84ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Chilena, celebrada en Punta de Tralca la semana pasada.

La declaración difundida el viernes pasado al término de la reunión, bajo el título «Una voz de alerta y un llamado apremiante», constata una «atmósfera enrarecida de desaliento, pesimismo y desconfianza» a raíz de diversos escándalos ocurridos en el país y en la Iglesia.

«En el ánimo de muchos chilenos parece que pesan más los escándalos que las conductas ejemplares (…), los casos de corrupción que el clima de honestidad (…). Reiteradamente tenemos la impresión de que crece la desunión, se pierde la honestidad y se olvidan o abandonan las normas éticas», se lee en el documento.

La consecuencia es que sufre la credibilidad de quienes han abrazado una vocación de servicio público, injusto para los que la ejercen desinteresadamente y por el bien común. Quienes impulsan la demolición de las instituciones «restándoles credibilidad se hacen corresponsables del efecto de sus acciones, es decir, del posterior caos social», observa el episcopado.

«Voz de alerta»: globalización, familia y reformas para el bien común
En su declaración, los obispos chilenos recuerdan que el Santo Padre les advirtió: «Es de esperar que los esfuerzos del pueblo chileno para insertarse en el mundo global no lo lleven a perder su identidad cultural», y (…) que pueda «ofrecer por doquier los mejores valores de su alma patria, fuertemente vinculados a su tradición católica».

«Esto –añadió Juan Pablo II– enriquecerá el ambiente pluricultural cada vez más difuso, mediante actitudes de mutuo respeto y el cultivo de un diálogo que busca apasionadamente la verdad, alejándose de la superficialidad y el relativismo, que promueven el desinterés y deterioran la convivencia».

Además, los obispos recuerdan que el Papa les pidió trabajar en favor de la familia, de sus hijos y su unidad, basada según el proyecto de Dios en el matrimonio indisoluble, y propiciar una cultura de la vida.

«También nos encomendó no desmayar en este diálogo, ya que “la Iglesia, desde su propia misión dentro de la sociedad, no debe eximirse de acompañar y orientar también los procesos que se llevan a cabo en vuestro país en la reforma de aspectos tan cruciales para el bien común, como son, entre otros, la educación, la salud o la administración de la justicia, velando para que sirvan a la promoción de los ciudadanos, particularmente de los más débiles y desfavorecidos” (Juan Pablo II a los obispos chilenos, 15 de octubre de 2002).

«Apremiante llamado»: responsabilidad y transparencia
Todos los fieles son invitados en el documento a asumir su responsabilidad en las comunidades en instituciones en las que trabajan y participan: «Es necesario que reaviven en ellas, como “hijos de la luz” (1 Tes. 5, 5ss), el espíritu de servicio desinteresado y generoso que les dio origen y les da consistencia».

Para ello, proponen buscar en todas las actividades lo bueno, lo justo y lo verdadero; apoyar el trabajo de los comités de ética, «de modo que sean crisoles que purifican las costumbres.»

Además se hace un llamamiento a la transparencia y a la honradez. «Los únicos que deben recibir un trato preferente, han de ser los más afligidos, los más débiles, pobres, enfermos y marginados. Toda institución de servicio público debe expresar la solidaridad de la comunidad hacia ellos».

Sufrimiento de la Iglesia y del país
Los obispos chilenos expresan en el documento una «petición dolida de perdón» y ofrecen su apoyo a las víctimas de abusos sexuales, a la vez que rechazan este tipo de acciones, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Asimismo, aseguran que harán cuanto esté en sus manos para impedirlo.

Reiterando su declaración del 17 de mayo pasado –en la que se unían a la voz del Papa–, afirman «que el tipo de abuso que ha causado esta crisis, es considerado con toda justicia como un crimen por la sociedad» y «es también un espantoso pecado a los ojos de Dios» y que todos debemos saber «que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes» .

Otra cuestión es que en el contexto del país, se han denunciado redes de narcotráfico y de pedofilia, casos de corrupción, de abuso de menores y de delitos contra compromisos adquiridos.

Estas situaciones dolorosas que ha experimentado el país «son un llamado de Dios a una profunda renovación espiritual y moral». Además, el episcopado chileno ha recordado la especial responsabilidad que tienen en esta renovación de personas e instituciones los medios de comunicación social.

En efecto, la enorme influencia de los medios y la etapa presente de profundas transformaciones exige de ellos «el mayor rigor ético y profesional, poniendo especial cuidado en la confiabilidad de las fuentes y una preocupación prioritaria en el servicio a la verdad, con respeto por la honra de las personas».

Ello implica, por ejemplo, «mantener su compromiso con el bien común y velar por las instituciones del país, presentando no sólo aquellos casos que desacreditan a sus representantes, sino también aquellos que las prestigian, y que son los más numerosos. Si no lo hicieran así, contribuirían a demoler nuestra institucionalidad, restándole cada vez más credibilidad», advierten los obispos.

«Apoyada en la palabra que Cristo dijo a sus discípulos en medio de la tempestad: “Soy yo, no teman” (Jn. 6,20), y en la invitación del Papa a remar mar adentro con mucha confianza, la Iglesia siente el deber de compartir su esperanza aun en medio de los problemas del presente».

«Por ello, invita a través de la predicación y del testimonio de tantos pastores y fieles a que vayamos siempre al encuentro de Jesucristo vivo, que pongamos todo nuestro corazón en seguir su ejemplo y sus enseñanzas (…), y que construyamos su Reino, poniéndonos sin reservas al servicio de la evangelización, comprometidos con la solidaridad, la justicia, la misericordia y la paz».

2003: Año Vocacional
En el documento final de la 84ª Asamblea Plenaria, el episcopado chileno anuncia el comienzo del Año Vocacional el próximo 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, a cuya intercesión confía sus frutos.

Dos años de preparación preceden a un tiempo en el que, «conscientes de que la mies es mucha y los obreros pocos», «queremos orar y dar testimonio, llamar y acompañar a los jóvenes que sientan el llamado de seguir a Cristo radicalmente en la vida sacerdotal o consagrada», porque los consagrados, y especialmente los sacerdotes, «son necesarios para que la Iglesia cumpla con la misión que Cristo le encomendó de ser luz e instrumento de salvación para la vida del mundo».

«Invitamos a rezar por nuestro país, por sus familias y por la paz, y a apoyar el trabajo pastoral del Año Vocacional con la oración frecuente –personal, familiar y comunitaria– del Santo Rosario», concluyen.

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ZENIT Staff

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